¿Madridista de corazón?

J.J.Santos
Actualizado a

Capello habla y no para de su paso por Madrid. No es extraño. Le colmaron de atenciones, adoraron su puño de hierro y reconocieron sus dotes de estratega. El jamoncito, los todoterrenos de patilla y el sol de Marbella van aparte. Pero lo que queda es que rompió un contrato en vigor para caer en brazos de su amado jefe Berlusconi. Queda también que no quiso, año y medio después, hacerse cargo del equipo cuando caían chuzos de punta porque él no dirige plantillas que no están diseñadas por su insigne figura a comienzo de temporada. Y queda la campaña de publicidad del pasado año, cuando Del Bosque daba tumbos, para proclamar nuevamente su candidatura al banquillo madridista. Ese será el enemigo que esta noche se siente en el banquillo del Roma. Tan buen técnico como excelente urdidor de situaciones poco claras. Un tipo elegante en las formas y rebuscado en el fondo. Un entrenador que asegura orden, buena defensa y resultados a corto plazo. Una joya que está muy bien donde está.

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Su proclamado madridismo no le intimidará hoy para hacer bien su trabajo. Tampoco eso le impediría, y lleva razón, dirigir en un futuro al Barça. No hay que mezclar. Sí sorprende, sin embargo, que ese sentimiento de club quedara tan arraigado en sólo once meses de trabajo en la capital y tirándose los trastos a la cabeza día sí y día también con el que era entonces presidente de la entidad. Igual tal circunstancia contribuyó a que calara más su sentimiento madridista. Si preguntan a los pesos pesados del vestuario por él, les hablarán maravillas. Si preguntan al resto, no tanto. Capello es gallo con el inferior y polluelo con el superior.

Pero lo que nos ocupa es el equipo que actualmente dirige. Apuesten por pocos goles en ambos partidos de Champions. Apuesten por fútbol control y escasas ocasiones. La única forma de romper el pronóstico sería destrozar la metódica estructura de don Fabio, su inteligente forma de concebir el fútbol. Para ello sería necesario que Del Bosque otorgue aún más capacidad de improvisación a sus jugadores. Yo que sé. A Capello lo matas si ve a Roberto Carlos por la derecha, o a Figo por la izquierda, o al Madrid volcado al ataque desde el primer minuto en el Olímpico de Roma. Eso no le entraría en su privilegiada cocorota. Necesitaría pedir un tiempo muerto, repasar nuevamente las notas. Sin exageraciones, el Madrid necesita inventar más que nunca, innovar, explotar el talento individual de sus muchas figuras. Sólo así se puede romper el previsible resultado rácano en goles y espectáculo.

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