Sánchez Arminio no quiere chicas
Leo en AS un buen reportaje de Martín Alonso, desde Las Palmas, en el que cuenta las cuitas de Rita Alonso, árbitra pionera que se estrella en su legítimo deseo de ascender a Segunda B. No consigue superar las pruebas físicas, unas pruebas fijadas para hombres. Ella ha trabajado de lo lindo y con las marcas de resistencia no tiene problemas, pero en la velocidad, sí. Le piden 7:50 en los cincuenta metros y se queda a veinte centésimas. Si no gana esa chispa, le será imposible subir a Segunda B y seguir progresando en el arbitraje. Y eso le duele.
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En el mismo AS veo que el España-Francia de Sub-21 lo arbitra una mujer, Kristinn Jakobson, islandesa. ¿Cuánto correrá ésta? ¿Tanto como los hombres? Hace tiempo que en la región escandinava, que tanto nos ha enseñado en materia de liberación de la mujer, vamos viendo chicas arbitrando a alto nivel. Y en algún sitio más. En España, donde mantenemos un fondo cerril para este tipo de cosas y algunas más, hay más trabas. La balear Carolina Doménech se va abriendo paso poco a poco, pero con las mismas dificultades. Entre problemas e incomprensión.
Yo animaría a ambas a que sigan. Animaría a Rita a apurar al máximo su físico para rebajar esas veinte centésimas y dar así una lección. Pero animaría aún más a Sánchez Arminio a poner su reloj en hora. A él y a los que tiene por encima. Sé que esto es dificilísimo. Porque con el arbitraje cochambroso que tienen, con la frecuencia con que hacen la vista gorda en los tests físicos (el que no las pasa sigue, y aquí paz y después gloria), resulta extravagante y patético que se la cojan con papel de fumar a la hora de dar entrada a mujeres en ese esclerotizado colectivo.
