Argentinos, brasileños, montescos y capuletos

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

La Selección Argentina, de la mano de Bielsa, ya está clasificada para el Mundial. Su campaña ha sido tan buena que tiene la clasificación matemáticamente asegurada a falta de cuatro partidos. Esta noche recibe a Brasil. Los puntos ya no le son necesarios. Y sin embargo el grado de interés por el partido en Buenos Aires y en todo el país es tremendo. El Monumental de Ríver reventará. Nadie se lo quiere perder. El diario deportivo del país, Olé, regala una bandera con cada ejemplar. La afición lo espera como un partido de vida o muerte. ¿Por qué?

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Porque entre Argentina y Brasil late la mayor rivalidad del mundo del fútbol. Argentina no perdona que Brasil le haya robado un puesto en la historia, el de ser considerada como la gran selección suramericana. Los cuatro mundiales, Pelé, la alta estima que Brasil tiene en el mundo, escuecen a un país que ama el fútbol sobre todo, que lo practica con gusto y picardía, que le da una importancia mayúscula. Entre los argentinos, el más respetado del barrio no es el que más pega, el que más liga o el que maneja mejor coche, sino el que juega mejor al fútbol.

La historia de los enfrentamientos directos da ligera mayoría de victorias para Argentina, pero Brasil conquistó el corazón del planeta con sus Mundiales. Argentinos y brasileños son como montescos y capuletos cuando se visten de corto. Se pegan donde se encuentran. Fíjense en nuestra Liga. Cuando hay un argentino en un lado y un brasileño en el otro la pelea es segura. Ahora Argentina ansía sacudirle a Brasil y comprometer su presencia en el próximo Mundial. Parecería que no hay nada en juego, pero claro que lo hay. Y mucho más importante que los puntos.

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