Di Stéfano y el Príncipe de Asturias
Desde que la Fundación Carlos III lanzó la candidatura de Alfredo Di Stéfano para el Premio Príncipe de Asturias, ha recibido una lluvia de adhesiones. No me extraña. Se une la deuda que tiene este premio con el fútbol (ningún premiado hasta ahora) con la necesidad que le acucia de acertar un poquito más de lo que suele. Porque la falta de perspectiva y grandeza en la elección está haciendo que el premio Príncipe de Asturias, tan atinado y prestigioso en otros campos, bracee entre el desconcierto y el fracaso en el del deporte. Pasan los años y va a peor.
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Tres de los últimos siete ganadores ni han venido a recogerlo. En los otros siete apartados sólo ha habido una ausencia en 20 años: la de Gorbachov en 1989. ¿Por qué fallaron Armstrong, Lewis y Navratilova? Quizá no se sintieron ilusionados por verse en la misma relación de premiados en que está un Sito Pons, dicho sea con respeto. En Di Stéfano se premiaría al fútbol, que cumple estos años un siglo entre nosotros, se premiaría el abrazo entre dos continentes, se premiaría a un héroe, mitad artista mitad guerrero, se premiaría al Real Madrid, mejor club del Siglo XX.
Y entraría en el palmarés un nombre indiscutible, que falta hace después de tanta tenista distraidilla con Hacienda. De ahí tantas adhesiones. También aspira Nieto, que lo merece por lo mucho que lo desea, por lo que hizo en años difíciles y porque si lo tiene Sito Pons... En fin. Que el Altísimo ilumine al jurado. Lo pido humildemente y desde la libertad que me da no estar presente en él. No está ahí ningún periodista del grupo PRISA. No sé por qué. Quizá sea porque nos mezclamos mal con el secretario de ese jurado, un radiofonista indultado de la pena de cárcel.
