Los inventores están de enhorabuena

Tengo que llamar a mi amigo Michael Robinson para felicitarle. Los inventores del fútbol están de enhorabuena. El tantarantán que le han metido a Alemania merece entrar en la baraja de candidatos a partido del Siglo XXI. Habrá muchos más, desde luego, pero éste es importante. Han sido cinco guantazos al chulo del barrio y en su propia casa. Alemania se ve ahora abocada al incómodo trago de la repesca, un partido de ida y vuelta con otro segundo de grupo. Y gracias que la FIFA, previsora, hizo el viernes un sorteo sui géneris, sin testigos, que se lo pondrá facilito...
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Pero estaba en los ingleses, que han recobrado a Owen, esa maravilla de velocidad, intuición y remate, y que han encontrado en Eriksson lo que no tenían en casa. Este seleccionador sueco no era bien aceptado en principio por todos. En realidad no era aceptado por casi nadie. Pero Inglaterra apenas tiene entrenadores. Me dicen que el sistema de enseñanza público tan deficiente que sufren explica lo de los hooligans, y explica que la mayoría de los futbolistas sean, a su vez, medio hooligans y que cuando llegan a la edad de entrenar no sepan ni explicarse. Puede ser.
Hasta la descolonización, los ingleses mandaban a los malas bestias que se criaban en los suburbios de sus ciudades a las colonias, donde se desbravaban sobre las costillas de los indígenas. Ya no tienen esa salida, se quedan en casa y destrozan escaparates o se golpean unos a otros en la cabeza. No les duele, porque la cerveza mezclada con ginebra y tomada en suficiente dosis es un buen anestésico. Ahora que Eriksson ha hecho el milagro de reconstruir a la selección, quizá sea oportuno contratar un domador de leones o un amaestrador de chimpancés para sujetar a los hooligans.