Marimandón
Exhibición y goleada del Atlético en Éibar con Diego Alonso como auténtico matador y dejando un sabor de equipazo

El Atlético se ha convertido en el coco de Segunda. Ayer ganó al Éibar con autoridad y buen gusto futbolístico. Se doctoró en el complicado campo de Ipurúa en plan marimandón y con claros síntomas de que esta temporada se puede dar un paseo hasta que consiga el ascenso.
Se siente muy superior a los demás, nunca baja la guardia, se pone el traje de faena cuando es necesario y al final impone sus criterios futbolísticos. Luis dio un recital de cómo hay que jugar ante un adversario correoso y muy peleón. Este Atlético tiene un claro sabor de conjunto de Primera.
La historia del encuentro se limitó a saber cuando romperían los atléticos el empate a cero. El Éibar salió dispuesto a comerse el mundo, y en esos momentos los de Luis pararon el ímpetu del rival. La defensa estuvo soberbia, con García Calvo en plan mandón y el complemento del Mono Burgos en dos balones aéreos. La primera media hora estuvo presidida por un fútbol de contacto, con muchas faltas y parones y en la que el Éibar parecía sentirse a gusto con estas formas.
Pero el Atlético se dedicó a bajar el balón con paciencia, a entrar por bandas, presionó a la defensa guipuzcoana en su propio campo y llegaron los huecos en el muro armero. Diego Alonso avisó con un pelotazo al cuerpo de Almunia. Luego llegaron sus dos goles como ejemplo vivo de lo que debe ser un depredador que se siente a gusto en los metros finales y ya el partido quedó visto para sentencia.
Pese a la ventaja que tenían en el marcador, los madrileños no bajaban la guardia y seguían con hambre de aumentar su renta. Movilla era amo y señor del balón, Stankovic y Aguilera se movían con facilidad por las bandas con el apoyo de sus respectivos laterales Carreras y Armando y delante Diego Alonso y Fernando Torres eran mortales de necesidad.
Sentencia. En el segundo tiempo, el Atlético salió con su tónica de jefe del encuentro y a los dos minutos Stankovic conseguía el tercero. El Éibar intentó morir matando y su técnico Ziarreta hizo un cambio triple para buscar al menos el gol del honor. Lo tuvo Aldeondo pero Burgos estuvo a gran altura. Incluso un remate de Sukía fue al palo.
El partido se volvió insulso por aquello de faltar la emoción del resultado. Correa puso la nota de color con dos regates marca de la casa y un tiro en parábola que tuvo la respuesta adecuada en una gran palomita de Almunia. Nuevamente, la recta final fue de color madrileño, que pese a los cambios siguió sin romper las ideas de su entrenador.
Rápidos movimientos de balón, apoyos al compañero, las rupturas por banda y una sensación de seguridad que hace pensar en épocas de vacas gordas para este bloque que esta temporada se puede tomar su andadura por Segunda como una formación para buscar empresas mayores en Primera.
Salvo que esta tarde el Albacete gane por tres a cero en su visita a Salamanca todo apunta a que el Atlético se va a subir a la primera posición y que será una empresa harto imposible el desbancarle de la misma.
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La moral es grande, se juega en bloque, luchan y pelean los noventa minutos, ninguno esconde la pierna, tiene a un maestro en la banda y calidad en los metros finales. Estas virtudes hacen del Atlético insuperable. Un equipazo el que se ha formado este año por el Calderón y hasta parece que el banquillo funciona a la perfección. La marcha triunfal de los rojiblancos ha comenzado esta temporada.
El detalle. Torres ya jugó con el nueve
Fernando Torres debutó ayer con el número nueve en su camiseta. Luis le cambió en el segundo tiempo para dar paso a Correa, que va a ser su sustituto durante su estancia mundialista. Burgos recibió ayer su segunda tarjeta amarilla y siempre por el motivo de la pérdida de tiempo.
