El momento más lacrimógeno de la ceremonia para Japón
Shigeo Nagashima, de 85 años y quien sufrió una parálisis cerebral antes de acudir a Atenas 2004, portó la antorcha en el estadio: "Finalmente, cumplí el sueño".


A diferencia de otros Juegos Olímpicos, la antorcha pasó por varias manos antes de que la tenista Naomi Osaka fuera la encargada de encender el pebetero. Una de ellas supuso un momento especial, lacrimógeno para los japoneses por el simbolismo y la historia personal que se esconden detrás. Shigeo Nagashima, de 85 años, Director Honorario Vitalicio, realizó una parte del relevo junto a su amigo Sadaharu Oh, de 81 años, y su discípulo Hideki Matsui. "Finalmente pisé el escenario de lo sueños. No hay público, pero la emoción no se puede reprimir", comentó.
Hay que remontarse a los Juegos de Atenas, de 2004, para entender la importancia del momento. Nagashima, que había vivido la Segunda Guerra Mundial de niño, fue un destacado jugador de bésibol de su país. Con los años, lo nombraron seleccionador del equipo nacional, pero en marzo de ese año sufrió un fuerte infarto cerebral que lo dejó al borde de la muerte. Postrado en una cama, quiso acudir a los Juegos para estar con el equipo pero la recuperación fue más lenta de lo esperado.
¡El fuego sagrado llegó al Estadio Olímpico! 🔥🇯🇵
— #Tokio2020 en Español (@Tokyo2020es) July 23, 2021
Después de 121 días recorriendo Japón, la llama Olímpica está lista para encender el pebetero durante nuestra #CeremoniaDeApertura.#Tokio2020 #JuegosOlímpicos pic.twitter.com/BPKqFjfMGB
"No es divertido renunciar a la vida"
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"Trabajé en una tremenada rehabilitación. La parálisis permaneció en la mano y el pie derechos y afecta mi capacidad de lenguaje. Pero hice todo lo posible para que se moviera al menos un milímetro y fui cuando acudí a un campeonato en Miyazaki", comentó el portador de la antorcha. Cuando finalizaron los Juegos de Río, ya se especuló con que Nagashima pudiera ser uno de los relevistas del estadio en Tokio, pero de nuevo aparecieron problemas de salud.
"Debido al aplazamiento de los Juegos he podido estar aquí. Desde el otoño pasado reinició la rehabilitación después de mis últimos problemas de salud. He caminado por el sótano de mi casa y he seguido una dieta, día tras día. No es divertido renunciar a la vida", reflexionó. Al margen de premiar la trayectoria de un gran deportista, la organización quiso lanzar un mensaje a la sociedad con la historia de Nagashima: "Lucha y persigue una meta sin importar lo difícil que sea".

