El último servicio de Jorge Sáenz
Lesionado y sin opciones de volver esta temporada, seguro de su salida en un club que no le ha llamado para renovar, el capitán no dudo en ponerse al frente tras el 0-4 del Andorra para asumir críticas y dar la cara ante la afición.


No le tocaba. No sobre el papel. Pero él asumió su rol sin temores. Adelante y con la cabeza alta. De civil, claro. Porque Jorge Sáenz no jugó ante el Andorra. No estuvo en el césped en la goleada (0-4) de los del Principado al Leganés, la tercera peor en la historia de Butarque tras un 0-6 del Alcorcón en 2009 (Segunda B) y un 1-5 del Barça en 2016 (en Primera). El central canario está lesionado. Le operaron y anda recuperándose para decir adiós. Porque su contrato termina y, por ahora, nadie del club le ha llamado para sugerirle una potencial negociación que le haga seguir. Le queda apenas un mes de pepinero. Y lo pasará entre fisioterapeutas y máquinas para la puesta a punto. Despedida amarga. Despedida injusta e inmerecida.
Ocurre que, pese a ello, este héroe del ascenso (fue intocable e implacable junto a Sergio González el curso del retorno a Primera) sigue en el Leganés. Y como la orquesta del Titanic, no piensa dejar de hacer su trabajo aunque su periplo al sur de la capital se hunda y acabe de forma inesperada. Por eso el pasado domingo, después de la goleada rival, bajó al césped y se puso al frente de sus compañeros para, junto a los otros tres capitanes (Rubén Peña, Juan Soriano y Diego García), amén de otros líderes del vestuario (Dani Rodríguez o Alex Millán, por ejemplo) asumir la primera línea del grupeto que se acercó a recibir las críticas de la Grada de Animación.
El primero para hablar
Y en el momento en el que sus representantes incrementaron las reclamaciones y les pidieron que se acercara a dialogar con ellos, Jorge Sáenz no lo dudó, y se acercó para ejercer como capitán sin brazalete visible sobre su camiseta blanca deportiva, pero sí en una actitud firme. Sus palabras no se oían en la distancia de los que fueron testigos de la escena, pero sí sus gestos a medio camino entre la comprensión con las críticas, pero también de firmeza en un escenario de asumir responsabilidades y saber cuál es el camino.
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Nada de sumisión o lenguaje corporal débil. Al contrario. Abierto al diálogo, pero firme en sus gestos. Actitud a la que después se le unió Rubén Peña y el resto de capitanes, los cuatro en ese diálogo directo con los hinchas. Un momento de tensión difícil de afrontar. No es sencillo. Y quizá lo fácil habría sido evitar la confrontación. Mirar a otro lado. Más con el recorrido que le queda por delante a un Jorge Sáenz cuyo nombre empieza a sonar más a pasado que a presente y mucho menos a futuro. No le tocaba. Pero Jorge hizo su último servicio al Leganés como más le gusta. Dando la cara fuera del campo como lo hacía dentro, cuando aún podía jugar para defender un escudo en el que es historia.
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