Luis García no resucita al muerto
La llegada del nuevo técnico no ha cambiado la dinámica ni el juego del Sevilla, más cerca aún del descenso y con sensaciones parecidas a las que tenía con Almeyda.


Por segundo duelo a domicilio consecutivo, contra los dos últimos clasificados además, el Sevilla no fue capaz de tirar entre los tres palos del rival. La paupérrima estadística, que no palió ni siquiera una segunda parte potable ante el Levante, pone de manifiesto la insuficiente reacción con Luis García Plaza al frente del banquillo nervionense.
Luis García ha cambiado de sitio el banquillo del Ramón Sánchez-Pizjuán, y quizá eso contribuyera algo a que al menos se produjera la victoria ante el Atlético de Madrid hace unos días. Sin esos tres puntos los nervionenses andarían ahora en el puesto 19º de Primera. Pero el técnico madrileño no ha conseguido variar la dinámica ni apenas las malas sensaciones que ofrecía el anterior entrenador, Matías Almeyda.
La directiva del Sevilla decidió sustituir a Almeyda después de sucumbir en casa ante el Valencia en otro de esos tantos trágicos encuentros que ha vivido el Sevilla, sobre todo al calor de su gente, durante los últimos tiempos. Luis García puso énfasis en detener la sangría defensiva, que mantiene a su equipo como el más goleado de la categoría con 53 tantos en contra. Aunque le crean menos ocasiones, los despistes atrás siguen siendo frecuentes y de bulto, como el que provocó el 1-0 del Levante este pasado jueves. Después de una falta a priori inofensiva, Iván Romero recibió solo como la una en el área, para fusilar así a Odysseas.
“Les he puesto seis jugadas de cómo saca rápido el Levante, seis cortes. Lo habíamos trabajado, pero nos han sorprendido igual”, se quejaba García Plaza en la conferencia de Prensa posterior al duelo ante los granotas. Aunque no haya sido un sistema preeminente durante su carrera en los banquillos, el nuevo técnico ha decidido (como Almeyda) defender por acumulación, con cinco atrás. Pero ni así consigue evitar el desastre.
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Luis mantuvo ante el Levante básicamente el mismo once que había ganado al Atlético. Pero la respuesta, tampoco se trataba del mismo rival ni escenario, no se pareció. El madrileño ha instalado en la Ciudad Deportiva un andamio desde que el observar la disposición de su equipo sobre el césped. Pero de momento, esa visión tampoco le ayuda a dar con la tecla. Este domingo, contra Osasuna, se seguirán agotando las balas de esa reacción.
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