Este Getafe está muy vivo
El conjunto de Bordalás completó una segunda parte sobresaliente con uno menos y se marchó ovacionado por los suyos a pesar de la derrota.

El fútbol no siempre es justo y la derrota del Getafe (1-0) en el Metropolitano es el ejemplo perfecto de ello. Más allá de la frialdad de los números y del gol inicial del Atlético de Madrid, el verdadero análisis que deja el encuentro trasciende por completo el marcador. El equipo de José Bordalás no fue a Madrid a encerrarse ni a sobrevivir; fue a competir, y lo hizo ofreciendo una de las actuaciones más meritorias, valientes y maduras que se le recuerdan recientemente a un equipo visitante en el feudo colchonero.
El verdadero valor de este Getafe se mide en su capacidad para mirar a los ojos a la adversidad. Recibir un gol tempranero y, sobre todo, quedarse con diez jugadores por la expulsión de Abqar, son condicionantes que habitualmente firman la sentencia de cualquier equipo ante un rival con las aspiraciones y capacidades del Atlético de Madrid. Sin embargo, para este grupo, la inferioridad numérica no fue una excusa para la rendición, sino un asombroso resorte anímico y táctico. Lejos de amedrentarse o dar un paso atrás para evitar una goleada, el conjunto azulón se rebeló contra la lógica.
Lo que se presenció sobre el césped tras la tarjeta roja fue una auténtica exhibición de cómo jugar al fútbol con un hombre menos. El Getafe minimizó a los locales, adueñándose de los tiempos, de la posesión y de los espacios. Fue un equipo asfixiante en la presión alta, extraordinariamente inteligente en la circulación de la pelota y feroz en cada recuperación. Ver a un Atlético de Madrid embotellado, pidiendo la hora y achicando agua en su propio estadio ante un rival en inferioridad numérica, es la prueba del algodón del enorme trabajo táctico, físico y mental que hay detrás de la plantilla de Bordalás.
Y es que no se trató únicamente de un ejercicio de resistencia estoica; el Getafe fue a por el partido. Buscó el empate con argumentos futbolísticos de mucho peso y mereció, sin lugar a dudas, un premio mucho mayor. Los visitantes no se conformaron con defender, sino que generaron peligro real y constante. Hombres como Luis Milla dieron un recital absoluto en el centro del campo, asumiendo la responsabilidad, marcando el ritmo del choque y probando fortuna con veneno desde la frontal.
Esta demostración de carácter y buen juego no es, ni mucho menos, flor de un día. El Getafe llegó a esta cita respaldado por una dinámica espectacular, sumando cuatro victorias en sus últimos cinco compromisos. Paradójicamente, esta derrota no frena su inercia, sino que confirma que el equipo está más vivo y fuerte que nunca. Hay derrotas que generan dudas y derrotas que cimentan certezas; la de este fin de semana pertenece claramente a la segunda categoría. El estado de forma del grupo es innegable y su madurez competitiva, absoluta.
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El pitido final dictó sentencia en el marcador, pero el verdadero veredicto lo dio el reconocimiento general de los presentes. Los jugadores del Getafe abandonaron el césped ovacionados de forma totalmente merecida, exhaustos tras dejarse hasta la última gota de sudor, pero con la cabeza muy alta. Perdieron los tres puntos, pero se llevaron una victoria moral inmensa y el respeto de todo el mundo del fútbol. Un equipo que compite de esta manera, que se sobrepone así a los golpes y que somete a un gigante jugando con diez hombres, tiene licencia para ilusionarse con una temporada histórica.
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