El efecto Isco y la ambición de Pellegrini
El Betis tira de corazón ante el Madrid cuando su fútbol ya no le bastaba. El proyecto del chileno sigue teniendo alma cuando el malagueño está.


Al Betis le traicionan sus miedos ante el Real Madrid. Le ocurrió esta campaña ante los grandes. Acepta su desafío de pelear por el balón hasta obtenerlo. Aplica la filosofía de juego de Pellegrini en la medida de lo posible. Incluso ilusiona a su grada con más fútbol del que por momentos ejecuta. Lo que viene después se transforma en cierto hilo de frustración. Bakambu no afina su control. Antony no ajusta su disparo. Bartra no cierra su espacio. Amrabat se deshace.
El Betis estiró su alma hasta donde pudo. Puso corazón y valentía cuando el Real Madrid le invitó a dar un paso adelante. Y lo hizo. Presionó lo que quiso y disparó lo que pudo. Una y otra vez se topó con Lunin. La ambición no era un problema. No lo es desde que Pellegrini la instaló en Heliópolis cuando llevaba tantos años ausente en el Betis. Pero la cita demandaba algo más a los verdiblancos. Como ocurrió en otras noches claves de esta campaña.
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Pellegrini sacó sus armas. Una a una. Hasta que ajustó la llegada del cuarto de hora final y tiró de Isco Alarcón. Él es el líder de un Betis que este año soñaba con algo más hasta que se quedó sin él. El duelo ante el Madrid fue un pequeño reflejo de ello. Su aparición casi bastaba para salvar la noche y servía para apuntalar la idea de que un Betis con él es un Betis mejor. El empate final fue un sentimiento de emoción que parte de que Isco ya está aquí. Y también de que el Betis de Pellegrini nunca se fue.
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