Rusia

Un gigante castigado sin balón

Con el de este verano, ya serán dos Mundiales sin Rusia por sus implicaciones políticas. Mientras, en el país crece una generación de futbolistas aislados de los focos. “Existe una tristeza por parte del jugador”, comenta Guillermo Abascal.

Arshavin, en la Eurocopa de 2008.
Iván Cordovilla
Redactor de Fútbol
Nacido en Madrid, en 1996, es redactor de Fútbol Internacional en Diario AS, donde comenzó a trabajar como becario en el verano de 2017. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, le gustan los mediapuntas, los jugadores jóvenes y un poco del Ajax, del que se enamoró cuando era adolescente.
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El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó su mayor ofensiva hasta la fecha en el conflicto con Ucrania -que se viene dando desde 2014- y el 28 de febrero la FIFA y la UEFA fueron claras: “Todos los clubes y selecciones nacionales rusas quedan suspendidas de su participación en las competiciones de FIFA y UEFA hasta nuevo aviso”. El revuelo social que causó a nivel mundial esta invasión llevó a dichos organismos a vetar a todos los equipos rusos y, hasta hoy, que el conflicto continúa, no han vuelto. Por el camino, una generación de jugadores locales que han visto cómo pasaban los años sin tener la oportunidad de competir al máximo nivel.

Sin que este reportaje tenga ninguna pretensión de juzgar si la decisión de la UEFA y la FIFA es acertada o no (el debate social cada vez está más polarizado teniendo en cuenta que equipos de otros países que también han arrancado conflictos bélicos en estos años no han sido excluidos), la realidad es que con el de este verano ya serán dos Mundiales, una Eurocopa y cuatro Champions League y media las que no han tenido la oportunidad de contar con equipos rusos ni con su respectiva selección. Siendo cierto que la Champions hace tiempo que dejó de ser amable con los equipos de fuera de las grandes ligas y que la selección fue una completa decepción en la Eurocopa de 2021, el último recuerdo futbolero de Rusia fue un Mundial de imponentes estadios y un equipo que con los últimos coletazos de Akinfeev, Dzagoev, Dzyuba o Zhirkov nos descubría a Golovin y alcanzaba los cuartos de final. Ni qué decir tiene la historia de este equipo, desde los tiempos de la URSS a la Eurocopa de Arshavin. Un gigante deportivo que desapareció desde hace más de cuatro años.

Coincidiendo con el cuarto aniversario de la invasión rusa, Darijo Srna, exfutbolista y actual director deportivo del Shakhtar Donetsk, explicó a AS que estaban “peor que nunca porque no hay calefacción, electricidad ni luz debido a los ataques del lado ruso a nuestro sistema de energía e infraestructura”. Nada que ver con la vida que se relata desde tierras rusas. “Te diría que Moscú es una de las ciudades más seguras, organizadas, limpias y bonitas del mundo”, comienza relatando Francis Cagigao, director deportivo del Spartak de Moscú, a este periódico. Coincide Álex Corredera, futbolista del Khimki la temporada pasada: “No podía estar 100% tranquilo por lo que lees y escuchas, pero en el día a día ahí no te das cuenta”.

Lo más complicado es lidiar con el espacio aéreo. Para llegar a Moscú desde España hay que hacerlo vía Belgrado o Estambul y, además, está cerrado en las zonas más próximas a la frontera con Ucrania. “A Rostov o Krasnodar no se puede volar directamente. Íbamos al aeropuerto más cercano, el de Sochi, y desde allí eran unas cinco horas en autobús”, esgrime Corredera. Problemas mínimos que no empañaban la experiencia de los profesionales. También así lo describe David Deogracia, que dirigió al Orenburg catorce meses: “Salía a caminar yo solo para conocer las ciudades y nunca tuve problemas. Vida normal, la gente en la calle... Si tengo la posibilidad, volvería porque salí muy contento”.

Escenario de élite, liga castigada

La vida civil continúa con normalidad. ¿Y la futbolística? “Es una liga muy bien organizada. En el día a día no hay diferencia con cuando he trabajado en el Arsenal o el Galatasaray”, asegura el experimentado Cagigao. La liga rusa aún disfruta de todo el avance en infraestructuras que trajo consigo el Mundial de 2018 de modernos estadios. De los quince campos en los que se juega la primera división, trece de ellos han sido inaugurados después de 2010. Los otros tres son de 2002, 2002 y 2003 y están renovados en 2017, 2022 y 2003 respectivamente. Son estadios gigantescos, con una media de asientos de 36.182. Eso sí, la asistencia es baja: solo seis equipos promedian más del 50% de entradas vendidas.

ClubEstadioFecha de construcción (reforma)CapacidadAsistencia media 2025-267
ZenitGazprom Arena201663.14538.055
SochiFisht2013 (2017)45.9945.398
Spartak MoscúLukoil Arena201445.49622.605
RostovRostov Arena201845.41511.225
Rubin KazanAk Bars Arena201345.37914.026
Pari NNSovcombank Arena201845.3193.995
Krylia Sovetov / AkronSolidarity Samara Arena201842.3898.386/4.983
BaltikaRostec Arena201835.01617.566
KrasnodarOzon Arena201633.39528.352
AkhmatAkhmat Arena 201130.5974.276
CSKA MoscúVEB Arena201630.11414.641
Lokomotiv MoscúRZD Arena2002 (2017)27.32011.705
Dinamo MajachkaláAnzhi Arena2003 (2013)26.3645.038
Dinamo MoscúVTB Arena201925.71615.541
OrenburgGazovic2002 (2016 y 2022)10.0464.931
Un gigante castigado sin balón
El Gazprom Arena es el estadio con más capacidad de Rusia.Gonzalo Arroyo - UEFA

En este escenario de normalidad e infraestructuras de la más absoluta élite, cabe preguntarse si el nivel se ha resentido desde 2022 hasta ahora. Responde Álex Corredera: “A mí me sorprendió mucho el nivel. Lo hablé con Franc Artiga [exentrenador del Rodina y Khimki, actualmente en el Rubin Kazan] cuando llegué, el nivel no deja de ser muy alto. Hay muchos equipos con un potencial económico muy grande, con fichajes de veinte millones de forma relativamente habitual”. “La liga es desconocida porque no se le da mucho bombo en los medios, pero a nivel competitivo y organizativo es excelente. Si la gente viese la liga, se sorprendería”, comenta Deogracia.

En el sentido más futbolístico, la describe Corredera: “Hay muchos jugadores sudamericanos en la parte alta y en ese sentido hay dos ligas distintas, con los ocho primeros luchando por el campeonato y los otros, por sobrevivir”. En esta temporada, las plantillas de Zenit, Spartak, Krasnodar, CSKA, Dinamo y Lokomotiv superan los 100 millones de euros de valor de mercado. Rubin Kazan está en 52,65M€, Rostov en 37,55M€ y Samara, en 32,05M€. Los otros seis, por debajo de los treinta millones de valoración. “Es un fútbol muy físico y muy de ida y vuelta, la táctica existe más bien poco. Me costó adaptarme a ese ritmo de duelos constantes siendo un jugador que prefiere el control”, sentencia el actual jugador del Sporting de Gijón.

Fichajes más caros desde 2022:

JugadorClubPrecio (M€)
Luiz HenriqueZenit33
GersonZenit25
Gedson FernandesSpartak Moscú20,78
Levi GarcíaSpartak Moscú18,7
Jhon JhonZenit18

“La liga es muy bonita, con un nivel económico muy alto. Pero por este tema político, muchos jugadores que antes recalaban en el fútbol ruso por jugar competición europea se han ido a Turquía. Galatasaray o Fenerbahçe se han favorecido de este cierre a Rusia”, analiza Guillermo Abascal, técnico del Spartak de 2022 a 2024. Francis Cagigao, desde su puesto de director deportivo, tiene un punto de vista claro: “No podemos fichar de todos los países que están muy alineados con la OTAN. Eso es política y el mundo en el que vivimos, poco podemos hacer desde el fútbol. Desde que estoy aquí hemos negociado con clubes de Francia, Italia, Holanda, Turquía... pero de Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, países escandinavos y bálticos, no”.

Se abre una ventana rusa

De forma indirecta, el peso recae en el jugador local. Se sigue produciendo talento ruso y, además, encuentra menos barreras en el primer equipo. “Nosotros llegamos a tener por primera vez en este siglo un once titular entero ruso y fue porque tenían nivel”, comenta Abascal. “Podemos hablar de Tyukavin, delantero del Dinamo; Oblyakov, del CSKA; nosotros teníamos a Umyarov, que cuando yo estaba allí había clubes de Serie A que preguntaron por él. Batrakov o Tyukavin sorprenderían”, dice el exentrenador del Spartak. Y como Abascal, todos los que han estado en Rusia comentan lo mismo. También David Deogracia: “Tienen jugadores muy buenos que me gustarían ver en otras ligas. Por ejemplo Batrakov (Lokomotiv), Pedro (Zenit), Spertsyan (Krasnodar), a Kislyak (CSKA) lo quería Mourinho para el Fenerbahçe...”.

Un gigante castigado sin balón
Guillermo Abascal, durante un partido entre el Zenit y el Spartak de 2023.NurPhoto

Coincide Robert Moreno, exentrenador del Sochi: “Talento hay, lo que pasa es que el que es bueno de verdad se queda allí porque gana mucho dinero. Yo tenía a Kravtsov, que era un jugador bueno, con calidad, recorrido... muy moderno, parecido a Mikel Merino”. “Hay caracteres de todo tipo. Encuentras al jugador ruso frío y al caliente. Yo tenia a Nikita Burmistrov, un jugador mítico de allí, que tenía una personalidad... como si fuese argentino. Y luego tenías al que pasaba de todo, era frío. Para mí es injusto poner etiquetas. Son 145 millones de personas, ¿los españoles somos todos iguales? Ellos tampoco”, describe.

Pero, como explica Robert Moreno, es un mercado en el que pescar es complicado. El potencial económico de los clubes es enorme y teniendo tan capado el mercado internacional, retienen a los mejores jugadores locales con sueldos muy altos. “Hay jugadores con un nivel económico muy elevado que es difícil sacarlos de ahí. Yo sé que hay equipos españoles que han querido a un mediocentro del Spartak que lo han querido fichar y no han podido pagarlo”, dice Deogracia. Y la desconfianza también aprieta, por supuesto. “Yo iría a fichar de la liga rusa, pero al final yo he estado ahí. Al estar ahí y conocer el producto desde dentro, te fías. Son profesionales, el joven es un jugador muy trabajador, respetuosos, te dan todo en el campo... Pero claro, sin la experiencia Europa, todo cambia, porque aún no han tenido rivales de altura. Y eso influye mucho”.

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David Deogracia, durante su etapa de entrenador del Orenburg.NurPhoto

Por su parte, Cagigao también indica el factor social: “No se fichan jugadores rusos por una cuestión de percepción y de miedo político que no tiene absolutamente nada que ver con el deporte”. Y puede estar muy acertado. Atendiendo a las cinco grandes ligas, apenas se encuentra a un jugador ruso en la Liga (Zakharyan) y dos en la Ligue 1 (Safónov y Golovin). Ninguno en la Premier, la Bundesliga o la Serie A. En la última temporada antes de la guerra, la 2021-22, había uno en Francia, dos en Italia, otros dos en España y uno más en Alemania. La presencia de jugadores rusos en la élite se ha reducido a la mitad.

Un veto dañino para el deportista

Desde verano de 2021 la selección rusa es dirigida por Valeriy Karpin (exfutbolista de Real Sociedad, Valencia o Celta). Se excluyó a los equipos rusos a las puertas de que jugasen la repesca para entrar al Mundial de Qatar. Desde entonces, solo ha podido probarse en amistosos contra países, en su mayoría, lejos de la élite. Tayikistán, Kenia, Brunéi, Granada... solo ha habido dos europeos, Bielorrusia y Serbia, que han aceptado jugar contra Rusia. En los últimos meses ha encontrado rivales de más nivel: Chile, Perú, Bolivia, Irán o Qatar. Y los resultados, en estas condiciones, son increíblemente buenos. Desde el veto han jugado 23 partidos de los cuales ha ganado 15, empatado 7 y perdido solo uno (Chile). El balance goleador es un escándalo: 67 goles a favor y solo 11 en contra.

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Diario AS

“El único tema es que llevan sin ir a dos Mundiales y es muy triste que la política influya en el deporte de tal manera que prive a los jugadores de competir a nivel internacional”, admite Guillermo Abascal. “Nosotros teníamos talento joven que podría haber tenido la oportunidad en el fútbol europeo que sufre tener las puertas cerradas. En este momento de la historia, si has tenido la suerte o la mala suerte de nacer en un sitio o en otro, no tienes las mismas oportunidades. Sobre todo para los más jóvenes”, se lamenta. Y esto señala directamente al veto de la UEFA y la FIFA. Competir contra los mejores ayuda a acercarse al nivel de los mejores. “Sin la apertura a Europa, el jugador local no ve competir ni entrenar a gente de más nivel, no lo puede copiar, y entonces el nivel puede estar un poco por debajo de lo que ha sido históricamente”, indica.

En la misma línea opina Cagigao, poniendo el foco en el futbolista: “Están siendo muy perjudicados. Es muy injusto que sancionen a deportistas rusos que no tienen ni voz ni voto en la política. Personalmente, la situación es absurda y muy injusta. Rusia tendría un equipo competitivo. Evidentemente, hay una percepción de Rusia que, cuando estás trece meses como estoy yo, es errónea: hay muchísimo más nivel del que se puede esperar”.

Hasta ahora, la FIFA se ha mostrado un poco más abierta que la UEFA a la reinclusión de Rusia a sus competiciones. Infantino comentó este pasado febrero que estaba valorando levantar la prohibición porque “no ha conseguido nada, solo ha creado más frustración y odio. Permitir a chicos y chicas de Rusia jugar en otras partes de Europa podría ayudar. Al menos en las categorías inferiores” (En 2023, la UEFA ya intentó algo así pero se cayó por el rechazo de las federaciones).

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Vladimir Putin, presidente de Rusia, junto a Gianni Infantino, presidente de FIFA.POOL

Por supuesto, estas palabras levantaron un gran revuelo en Ucrania, con el Ministro de Deportes, Matvii Bidnyi, llamándole “irresponsable” e “infantil”: “Déjame recordarte que desde la escalada de violencia rusa, más de 650 atletas y entrenadores ucranianos han sido asesinados por rusos. Entre ellos, más de cien futbolistas”. Desde el otro lado, Dmitry Peskov, portavoz del Gobierno ruso, comentó: “Es momento de hablar de esto. Nuestros jugadores y nuestras selecciones tienen derecho a competir. Esperamos que tarde o temprano se trate en la FIFA”. Ceferin, días más tarde, se mostró tajante: “La posición de la UEFA es clara y no ha cambiado”.

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“Estando allí, se oía “al año que viene”; no ocurría y volvían a decir “el año que viene”... De momento no les han dado esa oportunidad y me da lástima que se pierdan el Mundial deportivamente hablando”, dice Deogracia. También Abascal: “Hay una tristeza por parte del jugador, porque el fútbol no debería tener barreras, y las tiene. Al jugador le han quitado el marco competitivo”. Cagigao no entiende que, en la práctica, paguen los profesionales. “Poco podemos hacer ante las decisiones tomadas por no sé quién. Eso lo deciden las esferas políticas. Pero Rusia está siendo perjudicada, porque hay países que están cometiendo genocidios y no están siendo sancionados y, que yo sepa, Rusia no está cometiendo ningún genocidio. ¿Por qué debe pagar los platos rotos el futbolista ruso?”.

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