Knutsen: 48 años viviendo en 20 km, injusticias y amor por el 6 español
El técnico del Bodo/Glimt tuvo una carrera de desprecios y fútbol modesto hasta llegar a la Champions. Sus exfutbolistas Edu Moya e Isidoro y su rival en los banquillos Martí Cifuentes le describen en AS.


La obra del Bodo/Glimt tiene un arquitecto muy claro. Kjetil Knutsen (Arna, Noruega; 1968) entrena al equipo desde 2018, el año en el que volvieron a Primera después de diez años de ascensos y descensos. Un profesor de una localidad de poco más de 10.000 habitantes que hoy es la sensación de la Champions League.
Kjetil nació y se crio en Arna, un pequeño pueblo que se unió al municipio de Bergen (este sí, enorme: casi 300.000 empadronados) cuando Kjetil tenía solo cuatro años. No fue con el beneplácito de los vecinos, ya que un referéndum celebrado sin la cooperación del Ayuntamiento de Bergen indicó que cerca del 80% estaba en contra. El Gobierno noruego no le dio validez y se obvió la opinión de la población autóctona.
Este fue un tema más cercano a la generación de sus padres y de sus abuelos que suyo. Quizá para él le trajo más facilidades que rabia, porque no salió del término municipal hasta 2016 para unirse al Bodo/Glimt. Cuántas veces haría el trayecto de 8 minutos en tren desde Arna hasta Bergen para estudiar Magisterio, jugar al fútbol (solo hasta los 26 años) y entrenar. El Hovding, el Brann, el Fyllingsdalen (también cuando solo era el Fillyngen antes de su fusión con el Lov-Ham) y el Asane fueron sus equipos previos al Bodo/Glimt, todos ellos a, como mucho, veinte kilómetros y media hora en coche desde su Arna natal. Profesor de Secundaria por las mañanas y entrenador por las tardes, no era el primero ni será el último.

“Fui de prueba una semana. Jugamos un amistoso contra el Brann y yo siempre iba fuerte en los duelos”, comienza explicando Edu Moya a AS. El exjugador de Recreativo de Huelva, Mallorca, Tenerife o Celta acabó en 2012 en el Fyllingsdalen gracias a unas sesiones AFE. Ahí estaba Knutsen: “Cuando me vio, me firmó al instante. Me dijo: a lot of energy! ¿Energy? No lo sabes tú bien. Y le gusté muchísimo”. “La palabra que más le recuerdo era la de energy. Fuerza y pelea”, comenta.
Knutsen tenía claro el equipo que quería y, sobre todo, lo que le gustaba. Vio en Edu Moya el mediocentro sobre el que cimentar su equipo y no falló: quedaron segundos de Segunda. De ahí que cuidase del español como su bien más preciado: “Era para mí como un padre. Me llevaba a su casa y me quería un montón. Me daba ropa típica noruega para el frío, me dejaba su ordenador para que viese las noticias de España, con mi mujer y mis hijos se portaba muy bien... Una bellísima persona que le daba mucha importancia a la familia”.
Una bellísima persona que le daba mucha importancia a la familia”
Edu Moya, futbolista de Knutsen en el Fyllingsdalen, a AS
“Me buscó un trabajo por las mañanas dando clases de fútbol en un colegio. En un momento dado, le pedí medio en broma una moto o una bici para ir a los entrenamientos. “No problem, no problem!” y me consiguieron una bicicleta. Yo era la persona más feliz del mundo porque a un profesional nunca le dejan montar en moto o en bici”. Eran los comienzos de Knutsen y amateurismo era la palabra que mejor definía aquel equipo.
Directivas desagradecidas y un escándalo nacional
Después de ser segundo con Edu Moya en su plantilla (no daba el ascenso, solo ser primero), el Fyllingsdalen quedó cuarto. Insuficiente para la directiva, que despidió a Knutsen. El Asane (10º aquel año) decidió apostar por él y no se equivocó: ascenso a Primera. El Fyllingsdalen, por cierto, eludió el descenso por el goal average.
Dos años en Primera después, volvió a ser despedido ante la incredulidad del vestuario y de él mismo. “Es tan raro que tengo que pensar en frío la explicación”, dijo Knutsen nada más saber que no continuaría. “Sé que tengo un grupo de jugadores que me apoya. Cuando se lo comenté a los jugadores, se hizo el silencio”, explicó. El argumento que la directiva dio a los jugadores fue que Kjetil no estaba confiando lo suficiente en la cantera y que no era un hombre de club.
Sé que tengo un grupo de jugadores que me apoya"
Knutsen, tras su despido del Asane
Los rumores e incluso insinuaciones de Knutsen de que le despedían por no poner al hijo de Roald Bruun-Hanssen, directivo del club, incendiaron la actualidad deportiva del país. El propio Bruun-Hanssen esquivó las acusaciones diciendo: “El asunto es lamentable. No es bueno para el club, para Kjetil ni para mí. Entiendo que esté frustrado por no conseguir la renovación, pero sus reproches son totalmente infundidos y tristes”.
Un paso atrás... para dar cinco hacia delante
Knutsen, probablemente desencantado más con la industria que con el fútbol de élite, dio un giro a su carrera... y a su vida. Salió del triángulo Arna-Asane-Bergen que había sido el escenario principal de sus 48 años para irse a Bodo, a 1.386 kilómetros de su casa. Era el mismo país, pero era otro mundo. Su primer entrenamiento fue el 9 de enero, cuando todavía no llega a salir el sol una zona tan al norte. “¿Qué demonios he hecho?”, le dijo a su esposa cuando le llamó a los pocos días. “Tengo una pareja muy comprensiva que me ha apoyado. A veces me siento un poco solo, pero en la vida también es bueno sentir eso, porque tendré tiempo para pensar en fútbol. Lo bueno de lo que hago es que no lo veo como un trabajo, sino como una pasión”, comentó a la web del club del que no se ha movido en nueve años.

Llegó como asistente de Bjorkan en Segunda, ascendieron a Primera y asumió el cargo del primer equipo porque Bjorkan sería el nuevo director deportivo. Era 2018 y Kjetil, encantado de tener a José Ángel Jurado (hoy en el Deportivo) como mediocentro, volvió a recurrir al agente Jorge Llagostera para que le trajese otro de esos españoles con tanta calidad. Y llegó Isidoro.
“Lo que me llama más la atención es que tiene una filosofía bastante clara de lo que quiere”, arranca contando Isidoro a AS. “Es una persona muy cercana y que deja trabajar a la gente que tiene alrededor. Cuando da el paso de ser primer entrenador, se rodea de gente muy buena en su parcela. Implementa ese modelo. No es un entrenador que cambie las cosas que pide a su cuerpo técnico, siempre va en la misma línea”, asegura.
Era un primer año de asentar las bases. “En el momento en el que subimos a Primera, se me pide ser más defensivo. José Ángel (Jurado) tuvo mucho éxito aquí, daba mucho equilibrio. Él o yo, que éramos más estrictos tácticamente, éramos muy valorados”, desvela Isidoro. Pasaron seis años entre Edu Moya y Jurado, pero Kjetil seguía cuidando como oro en paño a los mediocentros españoles buenos tácticamente que ordenasen al equipo con y sin balón.

Con Kjetil, Isidoro vive el primer año de sobrevivir en Primera (11º) y el segundo año de pelear por el título (2º). La metodología ya era especial: “Casi nunca hablando de resultados, siempre hablando de desarrollo del equipo. Se te acerca y te dice “yo lo que quiero es esto, esto y esto y me da igual que ganemos o no, pero es lo que tenemos que hacer”. También individualmente. La conversación con cada jugador no es de ganar, sino de mejorar a cada uno . Y creo que todos los montoncitos de arena hacen una montaña. Me consta que ahora se habla incluso menos de ganar, sino de que cada uno haga lo suyo lo mejor posible”.
Aquel primer año también coincidió con otro español, Martí Cifuentes, pero en el otro equipo. El técnico catalán dirigió al Sandefjord de 2018 a 2020. “La primera temporada recuerdo que celebraron mucho un empate en nuestro campo (jornada 22, a falta de ocho para el final) porque era un gran paso por la salvación”, rememora en AS. Esa era la realidad del Bodo/Glimt aquel primer año. Muy distinta a la que, en 2020, volvió a encontrarse Cifuentes: “En mi tercera temporada es cuando Berg o Bjorkan empiezan a despuntar y a ser un equipo más maduro. Era la continuidad de un proyecto que ahora ya va por ocho años”.
De la supervivencia en Primera al dominio de Noruega
En el actual Bodo, Isidoro ve trazas del suyo: “En mi época era un 4-3-3 más rígido que el de ahora, que cambia un poco en defensa”. Porque, “evolucionan, pero son fieles a su filosofía”. De aquel equipo siguen Bjorkan, Berg, Saltnes, Evjen y Hauge. Todos ellos menos Saltnes, con escapadas durante varias temporadas a mejores ligas europeas. Pero todos ellos han vuelto a los brazos de Kjetil.
Kjetil te dice: “Quiero esto, esto y esto y me da igual que ganemos o no”
Isidoro, futbolista de Knutsen en el Bodo/Glimt, a AS
Martí Cifuentes también observa lo mismo que Isidoro: “Es un entrenador que tiene clara su filosofía y por eso cambia poco el dibujo. Siempre me gustó su propuesta. Ahora parece fácil decirlo, pero yo que estuve trabajando en Escandinavia es de los equipos que más me gusta cómo juega de Europa desde hace años”. “Juegan en un 4-3-3 en el que los interiores son los que más distancia corren, atacan mucho la última línea y los extremos están muy abiertos. A veces hay rotaciones con el lateral, pero estos suelen jugar por dentro. El estilo se basa mucho en esos tres jugadores (lateral-interior-extremo) de cada lado”, analiza Cifuentes de su compañero de profesión.

Para el entrenador español, una de las claves es que “se ha adaptado bien a los partidos ante grandes rivales europeos, donde no pueden ser tan dominantes con la posesión como en Noruega”. Y todas las referencias que ha recibido de Knutsen han sido buenas: “Los jugadores que he tenido que también han estado con Kjetil me han hablado muy bien de él. Es muy intenso, le gustan los entrenamientos cortos y que sea todo muy claro. Preparado para que el futbolista entienda su rol en el sistema”.
“La primera liga puede sorprender... pero se van y vienen jugadores, y el equipo sigue en la misma marcha. Es un equipo muy bien trabajado, no tanto de individualidades”, comenta Isidoro. Quizá la mayor individualidad sea Knutsen. Una individualidad un tanto peculiar. “He descubierto que tengo que estar con la menor cantidad de gente posible. Creo que soy un poco raro. Lo pasé con mi esposa y un par de copas de vino”, dijo sobre cómo había celebrado la histórica clasificación contra el Inter. A Isidoro no le sorprende: “Sí, él es así. Las veces que le he visto ganar ligas, se iba a casa, se cogía un día libre y estaba con la familia”.
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Nueve años, 392 partidos y cuatro títulos de liga después, Kjetil Knutsen probablemente ya sepa qué hace en Bodo. Y lo que hace es escribir las páginas más doradas de la historia del fútbol noruego desde el Rosenborg de finales de siglo, siendo la suya una historia muy distinta a la del club más grande del país. “Le mandé un mensaje después de ganarle al Atlético y me respondió: “Edu, en el fútbol everything is possible”, dice Moya. Y esta vez no es un eslogan publicitario. It is.
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