Muchas mentiras y una sola verdad: Argentina no quiso jugar la Finalissima
Las pocas ganas argentinas por disputarla, el 6-1 del Metropolitano antes del Mundial de Rusia y los problemas legales de Tapia tuvieron la culpa.

La Finalissima no se va a celebrar. El recuperado título por parte de UEFA y CONMEBOL queda muy tocado cara al futuro y más con el espectáculo posterior, especialmente en el apartado de las negativas y reproches lanzados desde Argentina, con el colofón de las palabras de Alejandro Domínguez, presidente de la confederación sudamericana, dando por ganadora a la albiceleste de un título que los futbolistas querían disputar por aquello del palmarés.
Si ya costó trabajo la firma del acuerdo, tras los muchos problemas presentados por la AFA para la disputa de los seis partidos que se iban a celebrar en Doha y que formaban parte del paquete Finalissima, el inicio del conflicto bélico y la desaparición del dinero del Emirato supusieron el final anticipado de una competición maldita, principalmente por las pocas ganas argentinas de encontrar una solución. Aquí tienen la cronología de lo sucedido.
El 16 de mayo de 2025 la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) se reunió en Paraguay con CONMEBOL, FIFA, UEFA y AFA para iniciar los trámites que permitieron llegar a un acuerdo para disputar la Finalissima en Qatar y, en enero de 2026, cerrar un acuerdo que parecía imposible, con más de 20 millones de euros de por medio.
El pasado 28 de febrero se desata una situación bélica que afecta a varios países, entre ellos Qatar. Todas las instituciones involucradas entendieron que, lamentablemente, era imposible disputar allí los partidos previstos pese a los intentos cataríes. Desde el primer minuto, la RFEF manifestó en privado y en público su absoluto interés en que este partido se mantuviera, al considerar que es un título que da prestigio y reputación internacional en una ventana esencial en un año de Mundial y con la campeona del mundo como rival. Y, además, trabajó intensamente para ello. Sin contar, con el dinero que suponía para la entidad la disputa de los dos partidos en Lusail.
Relaciones erosionadas
En medio de las discusiones, Federación y Selección han demostrado que estaban dispuestas a jugar, tal y como se ha señalado siempre. Se puso por delante, de la mano de la UEFA, jugar pese a cualquier circunstancia, de ahí la sorpresa por las palabras de Alejandro Domínguez, justo en el momento en el que todo empezaba a tranquilizarse. Especialmente, las relaciones entre ambas federaciones y confederaciones, cuyo momento no es el mejor ni mucho menos. Todo ha quedado muy erosionado ante algunas mentiras evidentes.
Desde el instante en el que se inició el conflicto, la RFEF y la UEFA han ofrecido todas las posibilidades para que se jugara la Finalissima. Lo primero, albergar el partido en España (Bernabéu), dado que existe una demostrada capacidad organizativa, clave que permitiría en poco espacio de tiempo celebrarlo con éxito, tal y como se demostró con la final de la Copa Libertadores en 2018.
Celebrar el partido en sede neutral e incluso cambiar el formato y disputar un ida y vuelta virtual. España ha ofrecido, de la mano de UEFA, todas las posibilidades, a pesar de lo cual, y dada la situación, la Finalíssima fue cancelada.
Paralelamente, y de manera responsable para los intereses de la Selección española, campeona de Europa y ranking 1 FIFA, la Federación inició las gestiones para garantizar los partidos que jugará en la próxima ventana en España. Primero Serbia y en la noche del martes Egipto han sido las selecciones elegidas. El último de los partidos encontró múltiples trabas, incluso de los propios dirigentes del país africano, aunque fue el presidente de la federación egipcia el que tuvo que apretar las tuercas a los suyos para que dejaran atrás todos los inconvenientes.
“No se va a jugar. Argentina no quiere”
La RFEF lamenta la cancelación de este partido dadas las circunstancias y quiere agradecer a la UEFA el esfuerzo realizado en todo momento para mantener el encuentro. Esta confederación emitió un comunicado nada habitual para describir lo sucedido y lo hecho, o mejor dicho lo poco hecho por la otra parte. Es decir, por parte de la AFA y de la CONMEBOL.
En la Ciudad del Fútbol lo tuvieron claro desde el momento en el que se empezó a buscar alternativas: “No se va a jugar. Argentina no quiere”. Y así ha sido. Aquel 6-1 del Metropolitano antes del Mundial de Rusia y los problemas legales de Tapia tuvieron la culpa.
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