Del cáncer de Jonás Gutiérrez al “no somos delincuentes” de Neymar: jugadores contra clubes
Las recientes disputas legales entre Mbappé, Hamraoui y el PSG reflotan viejos precedentes similares en España y el resto del mundo: Zubiaurre, Agüero, Dani Alves, Matheus Fernandes, Mendy...o el pionero Bosman.


Como en cualquier otro empleo, las disputas trabajador-empresa con motivación contractual son otro terreno de juego habitual del ecosistema global del fútbol moderno. Los recientes casos de Kylian Mbappé y Kheira Hamraoui, cara y cruz, -el primero con una victoria judicial que obliga al PSG a devolverle 61 millones de euros y la segunda perdiendo su demanda de 3,5M€ a los parisinos- son la confirmación de que los conflictos club-jugador no son nuevos. Salarios, primas o acoso laboral han llevado a numerosos jugadores a enfrentarse con sus clubes a lo largo de décadas.
En España, LaLiga acumula expedientes significativos que apuntan a sentar precedentes. La Real Sociedad llevó a Iban Zubiaurre y al Athletic a los tribunales tras su fichaje como jugador libre, pese a que la Real aseguraba que su contrato seguía vigente. El lateral derecho fue condenado a pagar 5 millones de euros, con el Athletic como responsable subsidiario. Su abogado celebró que “la rebaja de la indemnización iba a crear jurisprudencia sobre las cláusulas de rescisión abusivas”. “Mi única culpa fue querer jugar en el Athletic”, declaró Zubiaurre, que firmó por nueve años y acabó disputando solo cuatro partidos como zurigorri. Un traspaso que acabó por hundir su prometedora carrera.

Décadas después, el Barcelona vivió su propio capítulo de conflictos. Neymar, tras su marcha al PSG, reclamó una prima de 43 millones de euros, que el tribunal desestimó, ordenando al brasileño devolver 6,7 millones al club: “la reclamación del jugador queda totalmente desestimada”, celebró el club. “Ni mi padre ni yo somos ningunos delincuentes, cumpló íntegramente el contrato”.
Dani Alves resolvió su reclamación de impagos con el Barça de manera privada en 2022. Sin embargo, tuvo que acudir a juicio con Pumas UNAM, tras el caso de agresión sexual del que fue finalmente absuelto por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), siendo condenado por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) a pagar una suma millonaria, aún desconocida, por incumplimiento de contrato. El brasileño aseguraba que había sido difamado y despedido sin razón.
Menos mediático y todavía pendiente de resolución está el expediente de Sergio “Kun” Agüero en el Camp Nou. Reclama 3 millones de euros tras rescindir su contrato en 2021 por problemas cardíacos, alegando que corresponde “por el acuerdo de resolución de su relación laboral”. El argentino tiene un precedente cercano en Matheus Fernandes, quien obtuvo 731.000 € por despido improcedente tras ser apartado de la dinámica del club en 2021.

Fuera de España, los conflictos también han dejado huella. En 1990, Jean-Marc Bosman cambió la historia de los fichajes al demandar al Standard de Lieja, a la federación belga y a la UEFA, consiguiendo en 1995 que el Tribunal de Justicia de la UE aprobara la famosa Ley Bosman, que permite a los jugadores sin contrato moverse libremente y sin restricciones de nacionalidad, empoderando al jugador frente al club. “Los futbolistas no somos caballos, gallinas o ganado”.
En Inglaterra, Benjamin Mendy ganó su demanda contra el Manchester City por 12,8 millones de euros en salarios retenidos durante su suspensión judicial. El tribunal laboral consideró que hubo “deducciones ilegales”. Mendy, absuelto de acusaciones de violación y agresión, afirmó que “estaba listo y dispuesto a trabajar”, mientras el club defendía que no podía abonarle el sueldo “mientras no podía desempeñar sus obligaciones contractuales”.
“No quería pasar ni un minuto más con De Laurentiis”. La frase pronunciada sobre uno de las personalidades más influyentes del Calcio la protagoniza Gonzalo Higuaín, que reclamó al Nápoles 2,5 millones de euros por salarios y primas impagadas, más 600.000 € por derechos de imagen. La justicia deportiva italiana, en cambio, rechazó sus demandas. Cruzando el charco, otro histórico ligado al fútbol español también protagonizó como muchas veces sobre el césped, un doblete, en este caso, de pleitos: antes de aterrizar en Valencia, Romário reclamó 3,5 millones de euros al Flamengo por explotación de imagen y 23,2 millones de euros al Vasco da Gama por derechos de televisión que le correspondían, demostrando que su peculiar y afilado carácter trascendía el terreno de juego.

Pero si hubo un caso que tocó la fibra del planeta fútbol por su sensibilidad, fue el de Jonás Gutiérrez, otro viejo conocido de LaLiga tras su paso por el Mallorca. El Galgo, como se le apodaba, superó un cáncer y ganó su demanda contra el Newcastle (2,5 millones de euros) por discriminación. “No estoy aquí por el dinero, lo hago por los trabajadores que sufren con sus empleadores”, declaró, tras agradecer el apoyo de los aficionados.
El club no renovó su contrato intencionalmente, impidiéndole disputar el número de partidos necesario para renovar automáticamente, motivado por su enfermedad: “La decisión de dejar de lado al demandante fue porque tenía cáncer”, destacó el tribunal. “Me dejó helado el cambio de actitud repentino, justo después de mi operación; hasta entonces había sido pieza clave en el equipo. Me aislaron”, recordó Jonás. Antes de ello, anotó un gol decisivo para salvar al equipo del descenso, ganando al cáncer testicular y al Newcastle, es la prueba de que existe la justicia poética.
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