Trompazo con incógnitas
El 4-0 sorprendió al Barça tres días después de la dimisión del presidente y en pleno inicio de la carrera electoral. Deco apuntó a los jugadores. La gestión de la derrota es una incógnita.


Paradojas del fútbol, o no, la peor derrota de Hansi Flick como entrenador del Barcelona llegó tres días después de que el presidente que lo contrató, Joan Laporta, anunciase su dimisión para presentarse a la reelección en los comicios del 15 de marzo. El martes, se habían abrazado en la Ciutat Esportiva de Sant Joan Despí. Un abrazo de hasta luego, al menos en la cabeza de ambos. Laporta cree que saldrá ganador de las elecciones y Hansi Flick quiere que repita. Han establecido altos niveles de confianza mutuos. Seguro que Flick lo echó de menos en el vuelo de regreso a Barcelona para competir confidencias después de un 4-0 durísimo, que salvo gesta deja a los azulgrana fuera de la carrera por revalidar el título.
El golpe del Metropolitano fue completamente inesperado para el Barça. No ha sido durante toda la temporada la máquina casi perfecta del año pasado, seguramente porque también la novedad le dio ese punto atractivo y no se le afearon tanto los puntos débiles. Pero, salvo el accidente de Anoeta, lo había ganado prácticamente todo desde que había caído contra el Chelsea a finales de noviembre. No podía esperarse una caída de esas dimensiones. Será interesante ver cómo gestiona el trompazo. De momento, no hay presidente. Aunque Laporta no va a perder el contacto con Flick, Deco ni los capitanes, el trato es distinto. No estará en el palco del Spotify; tampoco podrá bajar al vestuario ni estar en Sant Joan Despí. Además, sus esfuerzos estarán volcados en una campaña electoral. Estos días, trabaja en la inauguración de su sede en el Eixample.
Así pues, Laporta estará más lejos. Pero hay más plantas en las oficinas del club. Deco tuvo que salir este jueves a dar la cara porque el club, y concretamente Laporta, no quiere exponer a Rafael Yuste, presidente en funciones y uno de los suyos. Intencionadamente o no, el director de fútbol puso el foco en los jugadores, a los que acusó de salir sin intensidad. Es una incógnita cómo sentarán esas palabras en el vestuario, más cuando Flick sí los respaldó después del partido: “Estoy orgulloso de la temporada que están haciendo”. A Deco también le tocará una conversación en la caseta.
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Y luego está lo realmente importante. La verdad es el césped, esté en buenas condiciones o no; y ahí el Barça hizo aguas el jueves. Después de un mes de enero espectacular, en el que había ganado la Supercopa, se había metido en el top-8 de la Champions y en las semifinales de Copa, y mantenía el liderato en LaLiga, el 4-0 del Metropolitano hizo daño. Frágil, y dando casi por hecho que remontar sería una hazaña, la mirada de muchos se marchó a la Champions, donde ya el año pasado dio muestras de vulnerabilidad. A Flick le tocará volver a reflexionar sobre los agujeros defensivos del equipo. Devolver a su mejor versión a futbolistas como Balde, Koundé, Joan García, Olmo o Ferran. Hacer útil al único fichaje, Cancelo. Y también rezar por recuperar jugadores. Sobrevivir sin Pedri es muy difícil. Y sobrevivir sin el canario y Raphinha, prácticamente imposible. Si Lamine es el talento, Pedri y Raphinha suelen ser el termómetro de un Barça que se enfrenta a algunas incógnitas después de la derrota ante el Metropolitano. Tal vez, las dos semanas ‘limpias’ después del partido contra el Girona le servirá para reflexionar
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