Orquesta Club Simeone
El Atlético brilla en la ida de las semifinales de Copa ante el Barça con otro partido con 45 minutos de fútbol perfectos y una orquesta sincronizada alrededor de cuatro pares de piernas.


La Orquesta Club Simeone tuvo una actuación inolvidable anoche en el Metropolitano. Eran las nueve de la noche cuando comenzaron las primeras notas. Bastaba mirar a la hierba para verlas, aunque aún no hubieran tocado una pelota. Ordenado 4-3-3, el Atlético apabulló a su invitado con un ritmo altísimo, atronador. El Barcelona, su rival en esta ida de semifinales de la Copa del Rey 25-26, se convirtió en un sparring. A Flick enseguida empezaron a dolerle los ojos como si fueran los oídos.
Como hace una semana ante el Betis, el Atleti de los jueves sonó de vicio con un nuevo tridente que es puro rock and roll mientras le daba un trago largo a esta competición. Simeone ha vuelto a dar con la tecla con un nuevo sistema en el que Griezmann lanza a Giuliano (energía) y Lookman (combinación) mientras Julián se liberaba, y más libre igual a más cómodo, más Julián. Hasta se reencontró con él. Con dos cañones por las bandas viento en popa a toda vela… Y las espaldas bien cubiertas.
Porque Llorente es un jugador capaz de jugar en todas partes y en su regreso al medio lo demostró: omnipresente sin balón, certerísimo con él. Se arremangó con Koke y entre los dos ahogaron al centro del campo del Barcelona con 17 recuperaciones. El capitán con 8 y Marcos con 9. Un Llorente, por cierto, que terminó llevándose a casa otra foto del partido: la suya con el brazalete de capitán al brazo. Se lo merece. Aquella noche de Anfield en 2020 le regaló a Simeone mucho más que un histórico pase a los cuartos de final ante el, entonces, equipo más en forma de Europa, el Liverpool de Klopp: un futbolista irrepetible. La polivalencia en la que Saúl se perdió, a Llorente le ha agigantado.

Noticias relacionadas
Tres remates de Griezmann, dos de Julián más tres ocasiones creadas por Nahuel, invitado especial. El Nahuel que de verdad se fichó y solo había asomado unos meses por el Metropolitano. Ocho fueron sus pases completados en el último tercio del campo, siete de Giuliano. Atrás protegen las espaldas sobre las que se alza el nuevo muro del Cholo, un Pubill-Hancko que nunca debe separarse. No solo defienden, sacan la pelota jugada. Clarividencia en el pie como la de Musso, el primer portero con garantía de verdad para pelearle a Oblak que el Cholo no tenía desde los tiempos de Moyá. La orquesta perfecta. Lluvia de fútbol. Un equipo que acuchilla si le dan espacios. Ese fue el segundo error de Flick en la noche. Con el primero había amanecido: la titularidad de Casadó.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí




Rellene su nombre y apellidos para comentar