El vestuario del Real Madrid se conjura: “No jugamos bien al fútbol”
El Real Madrid afronta la final de la Supercopa entre dudas internas y autocrítica generalizada sobre su juego.

El juego del Real Madrid no está convenciendo. Pese a ello, el club blanco vuelve a estar en una final, es decir, a un partido de poder conquistar un nuevo título. Un ejercicio de sufrimiento llevado al límite ante el Atlético de Madrid fue suficiente para encontrarse, en la noche del domingo 11 de enero, al Barcelona en el partido decisivo de la Supercopa.
El análisis y la crítica a lo que ofrece sobre el terreno de juego es reconocido desde diferentes sectores del madridismo, empezando por los jugadores y terminando por los dirigentes, que, a la finalización del partido ante el equipo rojiblanco, confesaron en el mismo palco del King Abdullah: “No jugamos bien al fútbol, estamos mal”, frase que se escuchó nada más sellar el pase a una final que repite escenario y rivales. Un año después.
Es un convencimiento, lo del fútbol que practica el equipo, que no se oculta. Es evidente que hay margen de mejora y todavía siguen confiando en que pueda llegar en cualquier momento, pero es esclarecedor que los propios dirigentes confiesen en el palco de autoridades que esa es la realidad del once madridista en estos momentos.
La plantilla también piensa de la misma manera. Creen que pueden dar mucho más, que el verdadero nivel de juego de este equipo no es, ni mucho menos, el mostrado. Mantienen que están en deuda con la afición y con el propio club. Durante estos días en Yeda, los hombres de Xabi Alonso han hablado e intentado buscar soluciones al mal momento de forma que atraviesan.
Incluso los diálogos con los jugadores del Atlético, al término del partido, transcurrieron en ese sentido, en el de la duda sobre lo que hacen. Ni el calor sufrido en la semifinal, circunstancia que se va a repetir ante el Barcelona, puede servir de excusa.
En esa reunión mantenida en el lujoso Hotel Hilton de la ciudad saudí, han apelado a una inmediata reacción del nivel competitivo del equipo. En esta ocasión no hace falta esperar a la arenga del presidente horas antes del partido. Han sido los propios jugadores los que han reconocido errores y los que se han conjurado para intentar dar la vuelta a la situación e iniciar la cuenta de títulos de la presente temporada.
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Entienden que ya no es una cuestión de salvar o no al entrenador. Está demostrado que el grupo no ha querido dar la espalda al técnico, sino recuperar el nivel que merece tener el Real Madrid y ser competitivos de verdad. La final ante el Barcelona es suficiente motivación como para buscar esa vuelta a la normalidad, que no es otra que la de ver al equipo madridista peleando por todo, circunstancia que, no olvidemos, todavía sigue existiendo en un Real Madrid más que cuestionado. El orgullo está herido; al menos eso piensan en el vestuario.
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