El derbi de Argenta: “Ávila y Rayo son los equipos con los que más me identifico”
El centrocampista jugó tres temporadas en el Ávila y cinco en el Rayo, con quien logró dos ascensos. Felines fue su entrenador en ambos conjuntos.


El abulense Juan Carlos Fernández Argenta (Villafranca de la Sierra, 1962) no se perderá el partido de este jueves. Tendrá el corazón dividido y las emociones a flor de piel. Lógico, porque es su particular derbi. “Juegan los equipos de mi vida, con permiso del Real Madrid, donde estuve seis años, hasta juvenil”, detalla a AS. Argenta militó en el Real Ávila tres temporadas (1983-85 y 1987-88) y en el Rayo, cinco (1988-93), con dos ascensos a Primera en Vallecas. Sus tesoros. “Es lo más bonito que me ha sucedido”, confiesa.
El denominador común de ambas etapas fue Felines. La leyenda franjirroja fue su primer míster en el Ávila y se lo llevó al Rayo. Siempre que cambiaba de banquillo lo pedía. “Es una gran persona y un gran entrenador. Notaba su confianza y eso es lo más grande. Te encuentras a gusto sobre el campo”, explica. A sus órdenes logró su primer ascenso (1988-89). “Llegué faltando seis partidos y lo conseguimos. Me arriesgué, pero salió bien y renové. Nos jugamos subir contra el Deportivo en casa. Fuimos escoltados por las peñas desde Atocha a la avenida de la Albufera. No pudimos casi ni calentar de cómo estaba el campo de abarrotado... Felines nos dijo: ‘Ya os podéis morir a gusto porque sois de Primera”, recuerda.
“Cunningham me decía que yo encajaría en el fútbol inglés. Me hacía ilusión”.
Argenta
Durante su época en franjirrojo coincidió con jugadores de relumbrón como Cunningham. “Sorprendía. Tenía experiencia y te ayudaba. A mí me decía: ‘Tú encajarías perfectamente en el fútbol inglés’. Eso me hacía mucha ilusión”, sonríe Argenta, que ha convivido con todos los mitos del Rayo: “Míchel estuvo todo el año entrenando con nosotros, aunque no llegó a debutar. También fui compañero de habitación de Wilfred en muchas ocasiones y con Cota tenía más relación porque éramos vecinos. Es un vallecano de pro”. Suspira y remata: “Fueron momentos muy buenos en mi carrera. Quizá los mejores”.
Camacho fue su entrenador en el segundo ascenso (1991-92). “Sus métodos me gustaban mucho, todo con balón. Eran entrenamientos muy divertidos y muy modernos”, defiende el centrocampista, que enumera todos los lugares que visitaban en los entrenamientos: la Casa de Campo, el Parque Sindical, Las Rozas, el Pozo, el Román Valero... “Ir a la Casa de Campo a correr, con todo lleno de barro, haciendo los mismos ejercicios estuviera como estuviera... pasa factura. Tenía mucha masa muscular. Ya en el cadete del Madrid tuve una rotura de fibras y el doctor me avisó: ‘No se te ocurra tocar un balón sin calentar antes’. Lo clavó“, lamenta.

Hablar de sus compañeros le emociona. Es como regresar a aquel vestuario. A ese tercer tiempo en los soportales y en el Sol y Aire. “Quedábamos a desayunar juntos y después de entrenar, alguna cervecita caída. Me casé y nos compramos una casa en Las Rozas. El presidente, Pedro García, me decía: ‘Pero cómo te vas allí, tienes que vivir en Vallecas’. El problema era el desplazamiento. A veces me costaba alguna multa si llegaba un poco tarde”, afirma Argenta, que vivió la llegada de Ruiz-Mateos. “Con Pedro García había problemas económicos. Salíamos con la ropa de entrenamiento puesta para llegar al banco, en la calle María de Molina, porque el último no cobraba. Con Ruiz-Mateos se profesionalizó todo más. A mí me soltaba: ‘Eres como los vinos viejos, solo para las grandes ocasiones”, asegura.
Cuando el centrocampista habla del Ávila se desprende un cariño inmenso. “Venía del juvenil del Madrid y fue un cambio brusco, pero ese equipo tenía una calidad humana enorme. Esos años me ayudaron a crecer como futbolista y conseguí dar el salto al Atlético Madrileño, donde me entrenaron Ufarte y Caturla”, esgrime Argenta, que terminó dando el salto al banquillo del Ávila (2002-03) en Segunda B. Su vocación siempre fue la formación. Fue el jefe de estudios del colegio Fernando de los Ríos (Las Rozas), entrenó en las categorías inferiores del Real Madrid y ejerció de director deportivo de la Fundación de José Ramón de la Morena, organizando los torneos de fútbol 7 en Brunete, Nueva York...
“El Ávila me hizo crecer y dar el salto al Atlético Madrileño”.
Argenta
De su mano salieron Borja Valero, Soldado, Balboa, De la Red, Juanfran... “Teníamos un equipazo y quedamos campeones de Europa de la Nike Cup. Soldado era un futbolista impresionante, un goleador nato, marcaba mucho la diferencia. Era un goleador nato. Otro que me sorprendió fue Diego León. Del Bosque le subió a entrenar con el primer equipo con 15 años y no desentonaba nada. La espalda le impidió llegar a más", cuenta Argenta, quien dejó de jugar con los veteranos para aventurarse en el golf. “A ver si me encuentro con Paco Jémez y me mido con él”, bromea. “Es muy Camacho, sí”.
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El abulense volvió a Vallecas por el centenario y su victoria fue recibir el cariño de la gente, que aún le recuerda. “Cuando me paraban para contarme detalles de algún partido no me lo podía creer porque no me acuerdo ni yo. Ese cariño siempre está ahí. Intacto, como el campo, que estaba prácticamente igual”, dice. El lugar es prácticamente el mismo, pero las personas han cambiado. Todas, salvo él. “¡Miguel Ortiz es el delegado!”, celebra. Este jueves el corazón de Argenta latirá más rápido. “Son los equipos con los que más me identifico”, argumenta. Pero no será el único. También el de Felines irá desbocado...
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