De los mimos del Cholo a Raphinha a la luna rota, todas las historias de un partido para la historia
El Atlético logró clasificarse para una final de Copa 13 años después tras hacer válido el 4-0 de la ida en la vuelta del Camp Nou (3-0).


“Nunca una derrota me supo mejor”, resumía Koke en la zona mixta del Camp Nou con una sonrisa ancha que le llenaba el rostro. Porque el Atleti había perdido, sí. Y había sufrido lo indecible, también. Pero será uno de los dos equipos que el 18 de abril dispute la final de la Copa del Rey 25-26, algo que hacía 13 años que no sucedía.
Los Mossos traen milanesas... de restaurante de Luis Suárez
Enfrente, el autobús del equipo en el que a los futbolistas rojiblancos que iban subiendo ya les esperaba la cena: unas milanesas de Chalito, una franquicia de estos escalopes empanados que pertenece a Luis Suárez, que entre varias personas fueron subiendo para depositar en los asientos. Entre ellos, dos Mossos de Escuadra. En el lateral derecho del autobús, una red de un material como el esparadrapo hacía las veces de luna. Cristal ya no había. El Atlético lo había perdido de una pedrada al llegar al campo azulgrana para enfrentarse con el Barcelona en la vuelta de las semifinales.
Llegadas y luna rota
Eran las 19:43 cuando eso sucedía. El impacto de esa piedra, o una lata, en el cristal del autobús vinilado del equipo rojiblanco en su llegada al campo. Había tenido que traspasar la misma calle en la que, hasta hacía 20 minutos, se congregaban todos los aficionados culés que recibían a su equipo, el Barça de Flick con bengalas, cánticos, fuegos artificiales y un ‘sí se puede’ que hablaba de remontada, de levantar ese 4-0 que la ida había dejado en Madrid. Cuando los del Cholo pasaban los ánimos se habían convertido en silbidos. Y esa piedra.
Extenuante Simeone
Lo cierto es que puede resultar extenuante ver a Simeone vivir los partidos en la banda. Cuánto tiempo pasa más allá de sus límites, con los pies dentro del campo. Un pasito allí, otro acá. Es capaz de dar 72 antes de que comience el encuentro, a más de uno por segundo. Y da patadas. Y lamenta. Y vuelve a empezar. En el tiempo añadido llegó a dar más de 80. Flick, por cierto, en el mismo periodo, ni se movía. Simeone, al término, tenía cierta afonía cuando atendía a los medios en la sala de prensa. Le suele pasar en partido así. De tanta importancia. Con tantos nervios y tirar de cuerdas vocales.
Cholo y Raphinha
Un Simeone, por cierto, que cuando acabó el partido celebró alzando los brazos al cielo dos veces, emocionado. Y que después fue uno a uno palmeando, abrazado y besando a sus futbolistas... Y también preocupándose de uno del Barcelona que encontró sentado, y derrumbado, en el centro del campo. Era Rapinha. El entrenador argentino sigue teniendo devoción por el futbolista brasileño. A comienzo de esta temporada ya reconoció que, para él, era el Balón de Oro de la temporada pasada. Se agachó, compartió unas palabras. Le gusta mucho. El duelo en el Camp Nou de anoche le reafirmó. Cómo corre y mejora las jugadas. Si por el Cholo fuera, era el gran fichaje rojiblanco para la próxima temporada.
El altavoz de Musso
Como durante diez temporada ha sido Griezmann. ¿Estará el francés en la final? “Ojala”, deseó Simeone en la sala de prensa aunque ni el técnico ni compañeros y grandes amigos como Koke y Llorente, además de Musso, se atrevieron a decir qué pasará. Lo que sea, es decisión de Griezmann. Todos desearon que eso fuera también para todos. El jugador, la afición y el club. Llamativo fue como Musso se refería al francés en pretérito perfecto (“nos ha dado”) o el mismo pasado y no presente. Un Musso que, mientras atendía a la prensa, veía cómo una mano sacaba su altavoz verde por la puerta trasera del autobús con una canción de regetón altisima. Su manera de celebrar este pase a la final. La de todos.
Banderas de España
Otra de las imágenes peculiares del partido se dio durante la salida de los equipos. El Barça llenaba su grada de animación y recibían al partido con el himno a capella y las bufandas al aire. La afición del Atleti, en un quesito a lo alto, lo hacía alzando decenas de banderas de España en ese mismo momento. A la obra aún le queda. Las grúas de fondo. El polvillo blanco del cemento. El tercer anfiteatro aún construyéndose. Fuera impacta ver los vomitorios aún esqueleto. Quedan aún meses. Dentro, eso sí, aunque con tanto aún por terminar, luce. Hay un viento terrible durante todo el encuentro.
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