Benfica 4 - Real Madrid 2

... y eso que Courtois paró siete

Despropósito defensivo del Real Madrid, que recibió 12 tiros entre palos, más incluso que en Anfield, y corrió 10 kilómetros menos que el Benfica.

Courtois, enfadado durante el Benfica-Real Madrid.
FILIPE AMORIM
Manu de Juan
Licenciado en Periodismo por la Universidad Francisco de Vitoria, pasó cuatro años en la sección de Deportes de La Gaceta antes de incorporarse al Diario AS en 2013. Aquí ha desempeñado labores de redactor en las secciones de Fútbol, AS.com, Atlético de Madrid y Real Madrid, donde ingresó en 2017.
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Del cielo al suelo en apenas cuatro días. Y una caída así, tan desde arriba y tan de pronto, suele venir acompañada de un guantazo considerable. Como el que se pegó el Madrid en Lisboa, en un estadio que, a tenor de su importancia histórica para los blancos, es casi una sucursal madridista, pero que en la noche de este miércoles fue una prisión para los de Arbeloa, con Mourinho como carcelero jefe.

Al portugués le persigue fama de amarrategui, granjeada con justicia en varios momentos clave de su carrera, algunos en el banquillo del Madrid. No fue el caso en este duelo, todo lo contrario: su Benfica fue un equipo presionante y desacomplejado y le sacó los colores en defensa a un Madrid que encajó cuatro goles y vio cómo ese mes de calendario amable con Pintus a los mandos se esfuma. De acaparar elogios por una actuación solventísima en Vila-real a pegársela en Da Luz para meterse en un lío, otro más en esta temporada.

... y eso que Courtois paró siete
Pedro Nunes

Los números hablan de un esperpento defensivo, el peor de la campaña: fueron 22 remates totales y, lo que es peor, 12 entre los tres palos de Courtois. Es de largo el peor dato del curso, superando ampliamente los nueve disparos a puerta recibidos en Anfield. Aquel día, ni una ristra de milagros de Courtois evitó la derrota. En Lisboa, el belga hizo también de las suyas: nada menos que siete paradas, alguna espectacular como el vuelo a mano cambiada con el que impidió un golazo de Prestianni. Pero anduvo en una versión más terrenal. Tampoco él pudo impedir la debacle de Da Luz.

Benfica 152-Real Madrid 142

Otros datos respaldan la súbita involución del Madrid en materia defensiva: ante el Mónaco hizo 61 recuperaciones y ante el Villarreal, 57, pero en Lisboa apenas fueron 44; hizo menos entradas (15 a 22) que en la Cerámica y también se impuso menos en los duelos aéreos (50% contra 66%). Pareció correr mucho pero que el Benfica, pues a los portugueses cada rechace les encontró mejor colocados; los datos de UEFA reflejan que no sólo corrió peor, sino que corrió menos. En concreto, diez kilómetros menos que los locales, 152 contra 142. O lo que es lo mismo: cada jugador de campo del Madrid se ahorró mil metros respecto a su par. Así es difícil competir en Europa cuando no tienes el día con balón.

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Todo el equipo fue un cuadro en defensa, pero la zaga salió especialmente tocada. Empezando por un Carreras que volvía a la que fue su casa y que sufrió de lo lindo en la primera parte; el primer gol del Benfica llegó en una de sus muchas desatenciones. Huijsen, un día más, se mostró blando y poco intenso; y a Asencio, que entregó una asistencia fantástica a Mbappé para el 0-1, se le torció el partido con esa entrada mal medida y resbalón posterior en la acción del 1-1, siendo regateado por Schjelderup en el 3-1 y acabando expulsado por doble amarilla.

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