Sorloth puso la pólvora; Johnny, el fusil
Hat-trick del noruego para llevar al Atleti a octavos ante un Brujas que empató también en Madrid su primer gol. El 2-1 fue de Cardoso.


“Gol” salió de su boca. “Gol, gol, gol”. Hasta tres veces. El gigante abría los brazos. El gol tan breve en sus labios como estruendoso sobre su cabeza. Mientras esa piña de jugadores le abrazaba y un estadio llovía Atleeetis sobre su cabeza llenos de felicidad. El Sicario del Cholo tiene un cuerpo que es una escopeta, que con cualquier parte te dispara igual. Una pierna, otra, la cabeza o el propio tronco. Siempre todo a matar. Después de dejar la hierba llena de pólvora y belgas caídos. Camino a octavos.
El cielo se recortaba azul en la cúpula del Metropolitano, la tarde aún por caer deshecha en rojos. Una semana después de la ida, Simeone salía con tres cambios con respecto. Cardoso, Sorloth y Baena. Lookman y Griezmann esperaban para luego. Sin Onyedika, el Brujas se dibujaba con un único pivote (Stankovic) y un demonio en su once. Ese Forbs ausente en la ida que enseguida se hizo un dolor. Como bañado en aceite, olfateó el partido y aprendió que a la espalda de Ruggeri había un camino a portería. Con el regreso de Llorente al lateral, ahí el Atleti tenía un agujero: Baena al meterse hacia dentro se olvidaba de ayudar.
Una semana después, todo volvía a empezar y el Atleti lo hacía como de puntillas. Entre dudas y pérdidas de balones que eran gasolina para el Brujas. En un toque se verticalizaba. En dos estaba plantado en el área de Oblak. “Una lucha sin cuartel” había sido el grito de la grada. Una grada vestida como si fuera de noche y no las siete de la tarde. La primera vez que el Atleti combinó (apertura de Sorloth para Koke que busca a Giuliano en el primer palo) se plantó a un Mignolet que, de nervioso que se puso, respondió con un patadón sin sentido al remate de Giuliano. El árbitro consideró que el balón ya estaba fuera cuando eso sucedía. El árbitro salvó a un Brujas que había salido al partido como en Bélgica. Manos al cuello. Forbs se tallaba un llavero cada vez que encaraba a Ruggeri. El Atleti del coraje estaba solo en la cabeza. El de la hierba quería tener el balón pero en realidad solo sufría. Hancko salvaba sobre la línea, de cabeza, un disparo de primeras de Vetlesen que buscaba red tras colarse en el área por la puerta de Ruggeri. Fue justo la bota del portero la que asistió en el primer gol del partido cuando la tarde ya comenzaba a ser noche en la cúpula.
La pelota voló de portería a portería, sobrevolando dos decenas de cabezas, de Oblak a Sorloth. El noruego se agigantó y puso el cuerpo para llevarse el balón ante Mechele. Lo cubrió, lo protegió, lo orientó para envolverlo en pólvora y enviárselo a Mignolet como una granada, centrada y rasa, que se le coló por bajo al portero de Leko. 1-0. Lo que Julián debía echarse a la espalda estos meses, esta tarde, lleva tiempo en el lomo del noruego. Se serenó el Atleti, estaba en octavos. La tranquilidad le duró solo 13 minutos. Lo que el Brujas tardó en levantarse del suelo, sacudirse el polvo y mirar a Oblak. Todo comenzó en un córner, Tzolis colgó, Pubill achicó y a Ordoñez, en un salto con Sorloth, la nariz se le convirtió en un río de sangre. Salía y entraba rápido para e lanzamiento de otro córner. Mechele lo peinaba y Ordoñez lo peinaba, solo, solo, solo, para batir a Oblak y devolver la igualdad al partido y la eliminatorio. Un minuto después, llegaba el primer milagro de Oblak, que no faltan ninguna noche grande de Europa. Vetlesen cabeceaba a matar un centro de Tzolis en el punto de penalti como el portero fuera un Buendía en el pelotón de fusilamiento. Pero ahí su guante. Que salvó en la línea. Respiró un Metropolitano incómodo. Con chinchetas en los asientos y silbidos en la boca. A Sorloth no le tocaba otra que hacer la batalla por su cuenta pero estaba demasiado solo.
Baena era como truco de mago malo: nada en ataque, nada en defensa. El Cholo naufragaba en su plan. Mientras, Forbs era el zigzag que Julián ya no tiene, con Sabbe afilándole por detrás y Vetlesen indetectable, llegando desde segunda línea. El Atleti solo había sido el Atleti porque vestía sus colores. Empate decía el marcador pero a los puntos ganaba el Brujas. Simeone había cometido en la primera parte el más grave error: la peor cobardía es no ser valiente. Si hay que morir que sea de pie. Desnudo y tras haber dejado la hierba regada de escamas de piel. No así. Sin dominio ni talento, acorralado por el Brujas que le seguía dando escobazos para apartarle de esta carrera a octavos. Incómodos sus jugadores, les costaba hasta respirar entre tantas carreras, tanta energía que les sepultaba en cada transición rápida. Fue entonces cuando Johnny sacó su fusil.
El partido acababa de regresar del reposo cuando Cardoso se sopló la bota para derrumbar a Mignolet con un derechazo raso. Había sido un córner. Un rechace. La bajó con el pecho y la pegó en el aire. El futbolista con bigote de personaje de Alatriste irrumpió cuando su equipo más lo necesitaba para volver a abrir el camino a octavos mientras se besaba el escudo. El resto de pólvora la seguiría poniendo el gigante.
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El Brujas ya no se levantaría una cuarta vez. Simeone mandaba presionar para que Ruggeri dejara de salir en las foto de Forbs y lo hiciera solo por los buenos centros que pone. Julián se iba otra tarde el primero, sin haber sido Julián otra vez más y sin que empiece ya a esperársele. Llegaron Griezmann y Lookman. Sufría el Atleti ante ese Brujas que seguía atacando vertical, pero se multiplicó Giuliano, en un esfuerzo inconmensurable, como el de Llorente ya en el medio, y volvía a plantarse el gigante ante Mignolet para finalizar su obra. Suyo fue el 3-1, tras una contra que inició Llorente con un balón largo hacia Lookman, pared con Griezmann y centro del nigeriano para que Sorloth volviera a batir al portero del Brujas. En la frente aún esa herida en la cabeza del Ciutat. Porque un delantero puede salir de un partido con heridas pero en noches como esta debe hacerlo con galones. Los que ya no se prende Julián los llevaba todos el noruego al pecho, que celebró un tercero propio. Gol, salió de su boca por última vez cuando por encima de su cabeza solo ya se celebraba. El Brujas era pasado. Por delante los octavos. Quizá el Liverpool, quizá el Tottenham, siempre el Atleti que emocione.
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- 13 Oblak
- 18 Pubill
- 14 Marcos Llorente
- 3 Ruggeri
- 17 Hancko
- 20 Giuliano (82')
- 10 Álex Baena (69')
- 5 Johnny (82')
- 6 Koke (69')
- 19 Julián Álvarez (57')
- 9 Sörloth x3
- Banquillo
- 21 Obed Vargas
- 24 Le Normand
- 22 Lookman (69')
- 31 Esquivel
- 2 Giménez (82')
- 4 Rodrigo Mendoza (82')
- 11 Almada
- 7 Griezmann (57')
- 16 Nahuel Molina (69')
- 15 Clement Lenglet
- 1 Musso
- 22 Mignolet
- 65 Joaquin Seys (81')
- 4 Joel Ordóñez
- 64 Kyriani Sabbe
- 44 Mechele (87')
- 20 Vanaken
- 10 Hugo Vetlesen (65')
- 25 Aleksandar Stankovic
- 9 Carlos Forbs
- 8 Christos Tzolis (81')
- 7 Nicolò Tresoldi (64')
- Banquillo
- 71 Axl De Corte
- 84 Shandre Campbell
- 24 Vince Osuji
- 58 Jorne Spileers
- 17 Romeo Vermant (64')
- 19 Gustaf Nilsson (81')
- 14 Bjorn Meijer (87')
- 41 Hugo Siquet
- 29 Nordin Jackers
- 11 Cisse Sandra
- 67 Mamadou Diakhon (65')
- 80 Felix Lemarechal (81')
Cambios
Antoine Griezmann (57', Julián Alvarez), Romeo Vermant (64', Nicolò Tresoldi), Mamadou Diakhon (65', Hugo Vetlesen), Nahuel Molina (69', Koke), Ademola Lookman (69', Álex Baena), Félix Lemaréchal (81', Joaquin Seys), Gustaf Nilsson (81', Christos Tzolis), Rodrigo Mendoza (82', Johnny Cardoso), José María Giménez (82', Giuliano Simeone), Bjorn Meijer (87', Brandon Mechele)
Goles
1-0, 22': Sörloth, 1-1, 35': Joel Ordóñez, 2-1, 47': Johnny, 3-1, 75': Sörloth, 4-1, 86': Sörloth
Tarjetas
Arbitro: Clément Turpin
Arbitro VAR: Jerome Brisard, Pol van Boekel
Joel Ordóñez (39',Amarilla), Romeo Vermant (84',Amarilla), Marcos Llorente (84',Amarilla)






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