Mourinho, triste final
No hubo ninguna manifestación de cariño del Bernabéu ni del club hacia él tras 13 años. Volvió a Lisboa como un héroe, se fue de Madrid como un villano.


Solo, alejado de los focos y encerrado en el autobús del Benfica. Después de 13 años no fue el regreso al Bernabéu esperado por Mourinho. Ni para él ni para el movimiento que abandera, ese mourinhismo que tan bien definió Arbeloa hace unos meses: “Es una manera de hacer las cosas, de ir de frente, de no tener miedo a decir las cosas ni a ser como tú eres”. Y fue precisamente lo dicho por el portugués tras el insulto racista de Prestianni a Vinicius lo que, muy posiblemente, terminó cerrándole la puerta del cariño del madridismo. En su regreso, aunque no estuviera en el campo, no hubo ni una muestra de cariño, ni un solo cántico desde la grada que recordara su figura, ni un solo reconocimiento… Ni rastro del “uno di noi” ni de algún tipo de acercamiento institucional del club blanco hacia su figura.
Tampoco hubo ese encuentro esperado entre el entrenador y Florentino Pérez, que sí estuvo en el palco del Bernabéu para la cita. Ni siquiera se vio con Arbeloa cuando todos los focos ya se habían apagado. Volvió Mourinho al Santiago Bernabéu consciente de que ese momento mágico que creó con el 4-2 en Da Luz se había esfumado de un plumazo por decir que Vinicius provocó al celebrar el gol que marcó en Lisboa yendo al córner “como un tonto”.
Hasta el último momento Mourinho valoró la posibilidad de dar las ruedas de prensa, algo que sí le permitía la UEFA a pesar de la sanción. El Benfica le impidió que hablara en la previa para evitar que desviara la atención de lo importante y minimizar el ruido en torno a Prestianni, pero sí le dejó la opción de hablar tras el partido. Y aunque a Mourinho le gustó la idea, viendo el desarrollo de los acontecimientos, la nula manifestación de cariño de la grada y los pocos signos de complicidad que le llegaron desde el propio club blanco, terminó desechando la idea.
La trilogía de partidos sólo ha servido a Mourinho para afianzar su posición en el Benfica. “El Benfica ha dejado una buena imagen de cara a sus aficionados en este tramo final de la Champions jugado, sobre todo por lo que pasó en el 4-2. La imagen fue buena ante un Madrid poderoso. Y Mourinho tiene responsabilidad en ese éxito”, cuenta a AS Nuno Martins, redactor de Record especializado en la información de Las Águilas. La misma idea que baraja Nelson Fereitona, de A Bola: “La afición del Benfica han disfrutado con Mourinho. Ha terminado construyendo un equipo que juega bien del que pueden sentirse orgullosos. La mayoría quieren que se quede, y esa será la prueba del algodón. Ha jugado cara a cara con el Madrid y eso es mucho decir”.
Héroe y villano
Mourinho volvió a Lisboa como un héroe pero se fue de Madrid como un villano. Durante el partido, el técnico evitó ocupar la cabina de prensa que el Madrid había habilitado para él y ante la que esperaban, agolpados, periodistas de todos los medios acreditados. Evitó, en realidad, que se le viera.
Se recluyó en la pequeña cárcel en que se convirtió el autobús del Benfica. Fue el triste final de su sueño… provocar en el ambiente que su regreso al Madrid era posible. Pero la mecha que encendió el milagroso 4-2 de Da Luz pronto fue apagada por Vinicius.
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