En la cuna de Beckenbauer
Las calles de Giesing vieron crecer al niño que terminaría en leyenda. AS visita el barrio del ‘Kaiser’: de su casa con vistas al campo de fútbol, a su escuela. Y hasta la estatua del Allianz


Un niño, un piso con vistas a un campo de fútbol, un talento. Cuenta la historia que fue casi un cuento. Lo cuentan las voces de Giesing, las calles que no sólo vieron sus primeros pasos, sino también sus primeras patadas. A un balón. Asistencia los cimientos de un club, de un deporte. Beckenbauer es el niño que nació cuando murió la guerra. Aquel 1945, meses después de una bandera blanca que siendo un punto final, fue un punto y seguido. Su Giesing ha cambiado porque se ha reconstruido. Porque ha evolucionado. Pero no es muy diferente a lo que le sucede a un cuerpo humano: aunque cambie por fuera con el paso de los años, su ADN se mantiene. Desde lo normal, se explica lo extraordinario. A quien lo fue. AS visita su cuna, la del diamante que revolucionó el fútbol mundial. Al Bayern. Donde todo empezó. Donde el Kaiser es eterno.
Aunque la estampa, ahora, es muy diferente. Beckenbauer nació en septiembre de 1945. Cuando su madre entró por la puerta de casa, con él en brazos por primera vez, ya no caían bombas. Pero habían caído tantas, que el barrio se dibujaba entre escombros y destrozos. Y solidaridad, mucha solidaridad. Walter, su hermano mayor, recuerda que la puerta de domicilio se quedaba abierta casi todo el día y en el pasillo dormían desconocidos. Se les daba cobijo desinteresado. Refugio ante la adversidad. “Era una casa antigua, siniestra, oscura… pero éramos felices”, rememora en un reportaje con 51. Jugaban con ladrillos rotos, predecesores del balón que lo cambiaría todo.

Aquella casa
Los Beckenbauer vivían en la cuarta planta con vistas a un campo de fútbol. Entonces, hogar del SC München 1906. Aquello fue el germen, claro. Era predecible que el niño, de tanto observar por las vidrieras, terminase sintiendo curiosidad por ese juego. Lo impredecible era todo lo que sucedería después. Aquel campo, hoy de un césped artificial impoluto, era casi un mero erial de tierra con dos porterías. “Lo más parecido al césped que había ahí, era alguna mala hierba que crecía en alguna zona”, bromean en el barrio. Y ni hablar del balón: utilizaban un utensilio hecho de trapos, papel y caucho. Llamarlo circular es ser generoso.

Y aquel recogepelotas
En estas condiciones, empezó a jugar al fútbol quien sería una leyenda. Tras mucho ahorrar junto a su hermano, Franz lograría comprarse su primer balón. Uno de verdad. Y de ahí, pasó a ser recogepelotas del equipo, lo que cambiaría todo. “¡Mira cómo devuelve la pelota! ¡Se le da bien!”, exclamaban los jugadores. Llamó la atención en la Academia del 1906 y comenzó su escalada, hasta el Bayern, donde fue un Big Bang. “Muchas veces iba y volvía andando de los entrenamientos; era la realidad de su familia”, se detalla en Giesing.

Su barrio, su hogar
Donde permanecen tantos recuerdos. A 600 metros, siguiendo una calle en línea recta, está la escuela donde estudió. Aún en activo. Las voces de los niños salen de las ventanas, como sucedía a mediados del siglo pasado con Franz. Enfrente, la parroquia (fue acólito un año). Y a su alrededor, el barrio. Hogar sempiterno de los Beckenbauer.

Mi amigo Franz
“Su pérdida fue muy dolorosa; él seguía viniendo por aquí a menudo, era su sitio”, recuerdan los vecinos. Tal era su cercanía con estas calles, con esta gente, que hasta el final intentó acudir a todas las reuniones que celebraban sus antiguos compañeros de colegio. Era la normalidad de quien había protagonizado una vida de todo, menos normal.
Se trata de una de las mayores leyendas de la historia del Bayern –si no la que más–, hasta el punto de ostentar una estatua en el acceso al estadio. Disputó 584 partidos en el Bayern, marcando 75 goles y dando 75 asistencias. Ganó un Mundial, una Eurocopa, dos Balones de Oro y tres Champions, entre tantos trofeos más. Tras fallecer en 2024, el Bayern retiró el dorsal 5 para siempre. Meritocracia. Beckenbauer era central, pero era un alma libre dentro del campo. Era futbolista, pero era un alma libre fuera del terreno de juego. Era, simplemente, Franz Beckenbauer. El niño de Giesing. Y su historia, fue casi un cuento.

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