Del fervoroso estudio individual a la cábala
¿Cómo prepara Simeone estos duelos ante el Barça? Estudio y repeticiones. Miembros del Atleti en 2014 y 2016 lo cuentan.


“Partidos como estos son distintos pero sin plantearlo”, dice una persona que estuvo en el vestuario del Atleti en aquellos enfrentamientos de Champions frente al Barça en 2014 y 2016. Distintos no por la charla de Simeone, que no varía demasiado de otras. Los jugadores ya están extramotivados, no hace falta. “Lo que los hace distintos es el trabajo táctico”, apunta Iván Díaz-Infantes, preparador físico del Al-Ula árabe hoy y, de 2014 a 2019, en el equipo del Profe Ortega en el Atlético.
“Simeone sabía muy bien cómo buscar los puntos débiles del rival”, señaló Raúl García en una entrevista con AS antes del último derbi. “Ponía hincapié en las individualidades y el juego aéreo”, indica Iván. Rulo es una foto de ello cuando, en los duelos de 2014, Simeone le movió a la banda derecha para que, con su 1,84 metros, se ‘comiera’ a Jordi Alba... de 1,70. “El Cholo tenía muy claro cómo enfrentarse al Barça, que presume siempre de jugar igual pero, luego, no es lo mismo que lo haga Iniesta o Sergi Roberto”, continúa Iván. “Marcaba siempre con mucha eficacia cuáles eran las dos piezas clave, entonces Busquets, por la salida de balón, y Messi, en la creación”. Sobre el último una orden que no será muy distinta de la de hoy de Lamine: “Dos jugadores muy encima cuando tenía la bola”.
“Yo recuerdo, en un partido de Liga contra el Barça, en la 14-15, que el plan era que la pelota no pasara por el centro del campo. Si robabas el balón atrás en la derecha que llegara al extremo por la derecha”, apunta Siqueira, jugador rojiblanco de 2014 a enero de 2016. “Siempre se enfocaba en el déficit del adversario”, redondea. “Con el foco mucho en los duelos individuales y el juego aéreo”, rememora Iván. “Recuerdo que, cuando movía a Saúl a la banda izquierda, le decía a Juanfran que, cuando llegara a la línea de fondo y no encontrara rematador, centrara al segundo palo, que ese duelo lo ganaríamos porque ahí aprovechaba su altura (1,83) frente a la de Alba o Navas (1,70) si jugábamos contra el Sevilla”. Entonces el entrenador ya había dado unos toques con el balón en el césped antes de que el partido comenzara, una de sus muchas cábalas. “Siempre existirán”, dice Iván. “Y creo que cuando estaba el Mono Burgos eran más porque se retroalimentaban”, bromea.
Misma música y orden en el autobús
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Cábalas como tomar mate con el mismo, a la misma hora y lugar que en la última victoria. La música del vestuario, cómo sentarse en el bus o el orden al bajarse, siempre igual. “Como los colores de los petos. Si habíamos usado azules y ganábamos azules, hasta que se perdía...”. “O lo del balón”, cuenta Siqueira. “El Cholo siempre espera botándolo tras el calentamiento, en el vestuario, y antes de volver al campo se lo da al capitán, que hace lo mismo, cada partido”. Algo que, en su caso, le llevó preguntarle a Miranda la cuarta o quinta vez que lo vio. “No por nada, ¡si no por, si cada vez era uno distinto y me tocaba a mí, que no se me cayera!...”.
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