ESPANYOL

Espanyol y el test de Rorschach

Volvió a jugar –y destacar– Melendo, a marcar Embarba, a controlar el balón el equipo, a despistarse la zaga y a videoarbitrar Varón Aceitón. La historia de los pericos, en 90'.

Embarba, en el Sporting-Espanyol.
Carlos Mira RCDE

Reivindicativos. En tiempos de pandemia, de malestar, tumultuosos, dos futbolistas tardaron apenas 12 minutos en enarbolar banderas reivindicativas. Los que le costó al Espanyol avanzarse en el marcador. Con un pase genial de Óscar Melendo, quien llevaba prácticamente dos meses –desde el 3 de enero– sin ser titular, y con un gol de Adrián Embarba, que no anotaba desde el 7 de noviembre. Lástima para ellos que fuera efímero y enseguida igualara la contienda el Sporting de David Gallego, que con el punto –y a juzgar, sobre todo, por su eufórica reacción en el empate– también pretendía reivindicarse.

Viejas costumbres. Porque apareció Uros Djurdjevic y necesitó solo una carrera, un amago y un chut seco para establecer el 1-1. Para alejarse de su lucha particular por el 'pichichi' con Raúl de Tomás el día en que el delantero perico no estaba. Mérito del serbio pero demérito de Keidi Bare, que pierde el balón en campo propio, de David López, que le cierra mal, y en menor medida de Diego López, que nunca sabremos si pudo hacer algo más. Un gol que evoca al viejo Espanyol, que recibió así decenas de dianas el año pasado en Primera, y que no es si no el nuevo en cuanto delante tiene un ariete que es de máximo nivel.

Aceitón y el otro fútbol. Había suscitado durante la semana bastante controversia el nombramiento para la sala VOR de Santiago Varón Aceitón, responsable último de una polémica expulsión de Lluís López ante Las Palmas y mallorquín. Incluso Vicente Moreno, sutilmente, había indicado en la previa que esperaba de él profesionalidad porque lo conocía de sus tres años en la isla. Pues tardó media hora en dar alas a los malpensados, al ignorar un probable penalti de Gaspar Campos por pisotón sobre Óscar Gil. Discutible, sí, pero es que ni siquiera lo revisó el VAR. Y siguió el juego. Tampoco se comieron al árbitro los jugadores del Espanyol, practicando ese otro fútbol que a menudo consigue su objetivo. En el caso del VAR y de esa picardía, como cantaba Serrat, son aquellas pequeñas cosas…

Debutante Dimata. Y si hasta aquí no habíamos escrito de Nany Landry Dimata, pese a que a estas alturas ya sabrán sobradamente que fue el escogido para sustituir al lesionado De Tomás, será por algo. Por un papel testimonial. No es que se le exija a un 'nueve' referencia que sea omnipresente en todas las facetas del juego –tampoco RdT lo hace–, pero es que el belga anduvo muy lejos de ser ese delantero providencial que rescató los tres puntos ante el Mallorca. Conectó un remate, dio tres pases buenos en el centro del campo y poco más. Dicho sea de paso, quizá el día que más le convenía, tampoco el Espanyol se obcecó como otros días en enviar centros laterales que Dimata podría haber aprovechado.

Pedrosa, Embarba y Melendo celebran el 0-1.

Palomas en el área. Intervino Vicente Moreno cuando todavía restaba media hora dando entrada a Wu Lei después de tres jornadas desaparecido –para regocijo de fans chinos–, pero sobre todo prescindiendo de Keidi Bare y situando a Fran Mérida junto a Sergi Darder. Apuesta por los peloteros para buscar durante unos minutos una victoria que acarició pese a la puntería de Javi Puado y Nico Melamed, por la pericia de Diego Mariño ante Adrián Embarba, el palo de Óscar Gil… El clásico 'taquigol' del Espanyol visto una y mil veces esta temporada en contextos similares, esta vez sin De Tomás y sin que diera sus frutos. Y, mientras tanto, en un contraataque aislado de Djurdjevic se apreciaron unas palomas merodeando por el área de Diego López, reflejo de lo que estaba siendo ese tramo que precedió a unos últimos minutos de auténtica tregua.

Un punto como el test de Rorschach. Y, precisamente como palomas que salen volando con su ramita de olivo en el pico, acaso Sporting y Espanyol firmaron la paz con un punto con tantas interpretaciones como temperamentos –miles– existen entre la afición del Espanyol. Como el test de Rorschach, esas láminas que muestran manchas de tinta con figuras difusas que evalúan la personalidad del paciente, habrá quien lo considere un buen punto, quien sienta sus razonables dudas y quien quiera quemarlo todo, con el líder a cinco puntos y el tercero, a uno. Pero casi todos coincidirán en que este empate se valorará positivamente en caso de victoria el próximo viernes ante el Oviedo. Es una evaluación tan unánime que incluso la compartirá el Sporting.