MUTILVERA 1 | RACING 0

El Racing es fiel a su cita con el ridículo en la Copa

Los de Rozada no tiraron un solo tiro a la portería rival en los 90' y a los navarros les bastó con esperar su oportunidad, que llegó en un rebote

Santander
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El Racing es fiel a su cita con el ridículo en la Copa
Mikel Sainz DIARIO AS

Ni el rival, ni el árbitro, ni el campo, ni el frío. A nada se puede agarrar el Racing para intentar buscar un eximente al bochornoso ejercicio de mediocridad que ha perpetrado en Mutilnova y que le ha costado quedar eliminado a las primeras de cambio de la Copa del Rey. Ni un solo remate a portería, ni fuera siquiera, durante todo el partido (empieza a ser una costumbre, después de lo que ya pasó en Leioa), apenas tres o cuatro combinaciones de más de dos pases y una sensación de incapacidad permanente. Y no fue porque el Mutilvera le arrollara, le sacara de punto por juego o por físico, no. Los navarros hicieron simplemente un partido digno, pero se aprovecharon de tener enfrente una nulidad absoluta y fueron justamente merecedores de estar en la siguiente ronda por la exclusiva razón de que fueron menos malos que los de Rozada.

Rozada apostó de nuevo por jugar con tres centrales y con repetir arriba con esa delantera que ya ha demostrado que no funciona, Balboa y Cedric. Ni están ni se les espera. La razón por la que el ovetense sigue confiando en ellos es un expediente x. No es que los demás rayaran a mayor altura, pero es bastante desconcertante ver lo que puede dar de sí, o de no, una delantera traída de fuera de nuestras fronteras. El partido arrancó igualado, por abajo, sin fútbol, sin profundidad, sin emoción, y solo las combinaciones por banda izquierda entre Pablo Torre y Maynau parecían prometer algo. Se quedaron en un par de centros desde la línea de fondo. El Mutilvera, paciente, exponía poco, no generaba nada, pero iba sacando de quicio a Matic, a los dos delanteros y, sobre todo, a Nana, un desastre sin paliativos. Si aguantó 61' en el campo se debe a la gran generosidad que tuvo con él Rozada.

Tras el descanso el Racing logró lo que parecía imposible: empeorar. La segunda mitad exige explicaciones y lo normal es que el entrenador se las pida a sus jugadores, los dirigentes a Rozada y la afición a todos. Es verdad que el Mutilvera no hace un fútbol de seda y no tiró una sola vez a puerta hasta que un tiro de Briñol desde lejos lo desvió, sin querer, Villapalos y se fue al fondo de las mallas, pero toda la segunda parte fue superior al Racing. Y especialmente doloroso debió ser para los racinguistas asistir a los 20' que se jugaron tras el gol. Su equipo dio pena. No ya porque no fuera capaz de generar fútbol, sino porque demostró una falta de carácter inexplicable. Seguro que les molestaba perder. Seguro que querían. Seguro que les escocía estar haciendo el ridículo..., pero no lo pareció en ningún momento. Se jugó, incluso, más tiempo en cancha racinguista en esos minutos finales que cerca del área del inédito Mugueta.

Rozada, que tardó más de la cuenta en asumir que todo era un despropósito, revolucionó el equipo constantemente en los últimos minutos, la mayoría de las veces sin sentido (como los minutos en los que jugaron con tres centrales y dos carrileros y dos extremos abiertos solapándose en las bandas), pero justo es reconocer que ninguno que los que saltaron al campo mejoraron en nada, sino al revés, a los que sustituían.

No es la primera vez que el Racing se hace el harakiri copero ante rivales de, teóricamente, menor entidad, pero esa inveterada costumbre de la casa no quita un ápice de responsabilidad a los jugadores y técnicos de un equipo que han abierto en Mutilva un agujero en la línea de flotación de un proyecto que tiene pinta de jugarse mucho más de tres puntos en Las Arenas el próximo domingo. El Mutilvera, mucho más cerca de lo que se supone es su nivel que los cántabros, fue justo merecedor del triunfo, especialmente por la suma de despropósitos que fue el Racing en la segunda mitad.