TENERIFE - ESPANYOL

La sinfonía de la batuta tinerfeña

Una de las grandes leyendas del Espanyol, Gabriel Jorge, nació en Santa Cruz y jugó en el Tenerife antes de ser un ídolo en Sarrià. Ahora, ambos equipos se miden.

Gabriel Jorge, mito del Espanyol
DIARIO AS DIARIO AS

“Es uno de los jugadores más emblemáticos de todos los tiempos en el Espanyol”, nos avisaba Jordi Puyaltó, el añoradísimo sabio de la historia perica, que tenía a Gabriel Jorge Sosa en un pedestal por su bagaje en el club y porque fue el ídolo de su padre. Incluso consiguió conocerlo y acompañarlo hace una década, cuando el exfutbolista visitó el RCDE Stadium y recibió un más que merecido homenaje. Una de las grandes leyendas del Espanyol nació en Santa Cruz y jugó en el Tenerife antes de ser un ídolo en Sarrià. Ahora, ambos equipos se miden.

Nacido en 1916, realmente Jorge se formó en el Real Unión de Tenerife, y la Guerra Civil quiso que su paso por el Tenerife fuera poco menos que testimonial. Se enroló en el club, fue llamado a filas para combatir en el Frente de Aranjuez y al poco tiempo de su vuelta, en 1939, el Espanyol se fijó en él y se lo llevó. El técnico perico, Patricio Caicedo, se había interesado primero por sus compañeros Bernardino Semán y Francisco Pérez ‘Quique’, pero al ver la calidad de Jorge se empeñó en su fichaje. El presidente, Genaro de la Riva, se encargó personalmente de acordar el traspaso con el Tenerife por 5.000 pesetas.

Tan de fábula encajó el interior (aunque acabaría actuando como cerebro del equipo), que en su primera temporada pasaría a la historia por anotar dos de los tres goles del Espanyol en la final de la Copa de España, 3-2, contra el Madrid, la llamada ‘final del calor’. También participaría en las de 1941 y 1947, lo que le convertiría –junto a Félix Llimós– en el único perico que ha disputado tres finales de la Copa. Entremedias, también contribuyó en 1943 y 1946 a eludir dos descensos.

Gabriel Jorge, fotografiado por AS durante su visita a Cornellà-El Prat en 2010.

Mientras Semán regresó a Tenerife porque añoraba su isla y Quique fichó enseguida por el eterno rival, el Barcelona, Jorge fue agrandando su leyenda en Sarrià, donde forjó con su inseparable Antonio Fábregas los ‘Piratas de la Manigua’, anotó 51 goles (“tuve la suerte de tener un gran disparo”, nos confiaba hace una década en AS) y se ganó el eterno apodo de ‘la batuta tinerfeña’. Hasta la mencionada final de 1947, su último partido con el Espanyol, en que ejerció de capitán.

A los 98 años fallecía Gabriel Jorge Sosa, en 2014, tras haber recibido el reconocimiento unánime del Espanyol –que en 1993, aprovechando precisamente un Tenerife-Espanyol, le había entregado su máxima insignia– y de la Federación, que en 2009 le había condecorado como el internacional más longevo de la Selección española, desde su debut en 1941. Ahora, tras unos años sin encontrarse en LaLiga, se miden su primer club profesional y en el que hizo sonar las mejores sinfonías con su batuta.