Parecía un jueves de Feria, pero era un espejismo...

Espejismo. Cuando la pandemia comenzó, el Ayuntamiento de Sevilla decidió trasladar la Feria de Abril a septiembre. Concretamente, a esta semana. Aunque los efectos del coronavirus han impedido cualquier tipo de celebración, a efectos prácticos, ayer fue Jueves de Feria. Como Jueves de Feria era cuando Puerta metió al Sevilla en su primera final continental derrotando a los alemanes del Schalke. Anoche estaban presentes todos los ingredientes imprescindibles para un Jueves de Feria en sevillista. Pero, por desgracia, no fue más que un espejismo.

Imagen. El orgullo de los de Lopetegui regresa intacto de Budapest. Porque el Sevilla hizo derramar sangre, sudor y lágrimas hasta la prórroga a un equipo que había metido ocho goles en sus dos partidos anteriores. De hecho, a las alturas de partido en las que Javi Martínez hacía el desgraciado 2-1 a Setién, por ejemplo, ya le había dado tiempo de hablar con sus abogados para que le gestionaran el finiquito que aún pugna por pagar. Los merecimientos son subjetivos y si el Sevilla de mereció ganar es totalmente opinable. Pero que pudo ganar, objetivamente, no tiene discusión.

El Bayern hace el pasillo al Sevilla.

Señalado. Le va a costar a En Nesyri borrar del recuerdo de los sevillistas el mano a mano que desperdició ante Neuer. El marroquí se empequeñeció, se encogió con todo a su favor para marcar el gol del triunfo cuando el partido apuntaba irremediablemente a la prórroga. Es el señalado del partido por mucho que Bono también fallara en el 2-1, pero el portero tiene una mochila de acciones milagrosas a sus espaldas para compensar.

Maldición. En las Supercopas de Europa al Sevilla le ha pasado desde tener que jugar de luto hasta hacerlo con un brote de salmonelosis en el vestuario. Parecía imposible que alguna de las desgracias que han asolado al club en este tipo de partidos se repitiera pero así fue. Año 2015. El Sevilla le iguala un 4-1 al Barcelona y se va a la prórroga. Salta al campo Pedro, sabedor de que no contaban con él y de que se iría del club ese mismo verano, concretamente al Chelsea. Pues el canario hizo el gol de la victoria. Anoche, la rúbrica del triunfo la puso un Javi Martínez que entró de rebote en la convocatoria y cuyo futuro no está en el Bayern esta temporada. Un lustro después volvió a pasar lo mismo. Inaudito.

Regreso. Volvió a debutar Rakitic con el Sevilla y llegó a los 150 partidos con dicha camiseta forzando el penalti que adelantaba a los suyos en el marcador. No estuvo demasiado inspirado y fue uno de los primeros cambios, pero también fue la única cara nueva que alineó Lopetegui puesto que ni Acuña ni Óscar tuvieron minutos.

¿Adiós?.También había muchos focos apuntando a Koundé. Se dice que el City vendrá a por él y el Sevilla aún sigue esperando que se acerquen, como mínimo, a los 70 millones. Mientras, el francés disputó la Supercopa combinando minutos en los que parecía un veterano curtido en mil batallas con fallos propios del niño que aún es futbolísticamente hablando. De su implicación no se puede dudar.

Elogios. El mundo del fútbol se deshizo en felicitaciones a ambos equipos por el espectáculo dado. El fútbol español, particularmente, valoró el esfuerzo del Sevilla. “El fútbol español está orgulloso de vuestro trabajo y sacrificio” afirmó la cuenta oficial de Twitter de la Federación. En Nervión seguro que preferían menos orgullo y más horas de descanso para un encuentro ante el Cádiz programado para el lunes pero que la organización presidida por Rubiales adelantó al domingo. Hipocresía, la justa.