ESPANYOL

N’Kono, el Wu Lei del 89

“Debo seguir por el bien del Espanyol”, proclamó entonces el camerunés, en un club que 36 horas después del descenso ya ordenaba bajas y renovaciones.

Tommy N'Kono, leyenda del Espanyol
DIARIO AS

La oficina profesional de Ferran Martorell, quien justo ese día se estrenaba como presidente accidental, era un hervidero. Acababa de bajar el Espanyol a Segunda, la noche del 2 de julio de 1989 en la promoción ante el Mallorca, y apenas 36 horas después, el día 4 por la mañana, se sucedieron una tras otra las decisiones trascendentales que afectarían a la plantilla de Segunda. Una de las más sonadas, la de Tommy N’Kono.

El camerunés, uno de los iconos del club y de LaLiga, que acababa de ser tanteado por el Mónaco, se acercaba junto a su esposa, Ginette, y su asesor, Antonio Catasús, al despacho de Martorell. También recoge la hemeroteca la presencia de Josep Maria Piera, en calidad de consejero, el tesorero, Pepe Navarro, y Pedro Tomás, gerente. Solo 20 minutos después, N’Kono salía sonriente de la reunión. “Me tengo que quedar en el Espanyol”, esbozaba.

“Es verdad que pensé en marcharme, incluso en comprar mi baja”, reconocía el portero, “pero ahora soy consciente de que debo seguir por el bien del Espanyol, cuya afición siempre me ha tratado maravillosamente. Sé que para ellos soy algo importante y, si el club hace un esfuerzo para retenerme, yo debo pagarle con la misma moneda”, subrayaba, en un gesto que evoca al que este mismo lunes realizaba Wu Lei, al confirmar públicamente su continuidad en el equipo. Ambos tienen en común, entre otras cosas, dos Balones de Oro cada uno: N’Kono, al mejor jugador africano, y el atacante, al futbolista más destacado de China.

Tommy N'Kono realiza una estirada, en el Mallorca-Espanyol de la promoción, el 2 de julio de 1989.

En lo que el paralelismo entre 1989 y la actualidad se rompe es en el frenesí de la planificación. Aquel 4 de julio, con el descenso aún muy caliente, se certificaban salidas como las de Urkiaga, Txelis y Gallart. También se les propuso renovar a Francis I y Golobart. Y en el trasiego por el despacho de Martorell no faltaron Pichi Alonso, Raúl Longhi y José María García Andoin, el triunvirato que había rubricado la nefasta temporada desde el banquillo, a quienes lógicamente se comunicó que no seguían.

Hay que hacer limpieza y ofrecer una nueva imagen al socio”, asumía Alonso ese 4 de julio, a su salida de conocer un despido que estaba cantado. Una actitud y una línea a seguir que tampoco se asemejan a la de este Espanyol de 2020 que, tras firmar la peor temporada de su historia y haber materializado el descenso matemático hace tres semanas, todavía vive a la espera de movimientos cruciales para su futuro.