BARCELONA

Primer aviso a Setién

El mensaje de Suárez ("los entrenadores están para algo") después del tropezón en Vigo es el mejor síntoma de que el cántabro no ha tenido el respaldo total del vestuario desde que llegó.

Lo de Luis Suárez al final del partido de Vigo sonó, en términos taurinos y también en generales, a primer aviso para Quique Setién"Los entrenadores están para algo", dijo el uruguayo cuando se le preguntó por los problemas del Barça fuera de casa. Y aunque esos problemas este año también salieron a la luz con Valverde desde la primera jornada en Bilbao y poquito más tarde en Granada, las palabras de Suárez no fueron desde luego de respaldo al cántabro. El uruguayo estaba caliente. Pese a sus problemas de rodilla, se había echado a la espalda al equipo (una vez más, fuera de casa, donde ha metido 7 de sus 13 goles). Setién lo sustituyó y llegó el 2-2.

Pero el mensaje de Suárez a Setién tenía más trasfondo que un enfado puntual. Refleja cierta desconfianza de las vacas sagradas del vestuario, de las que forma parte Suárez. La desconfianza que ha existido desde que la directiva decidió poner punto final a la etapa de Ernesto Valverde y, después de intentarlo con Xavi y Koeman, y pensárselo con Pochettino, escogió a Setién, entrenador que llegó, según palabras de Abidal, para "dar un impulso" que no ha sido tal.

Los jugadores del Barça, que habían tenido una relación de bastante complicidad con Valverde, se sintieron señalados cuando Abidal deslizó que algunos se quejaban de que con el Txingurri se trabajaba poco, como dejando caer que ellos habían sido colaboracionistas con la destitución del técnico. Messi zarandeó a Abidal en las redes sociales porque no estaba totalmente de acuerdo con la destitución de Valverde. Y menos con que Abidal airease desavenencias sin dar nombres. Eso abrió grietas en el vestuario. En resumen, Setién no fue un hombre de consenso. Ni un revulsivo. Más al contrario, y pese a sus promesas cruyffistas, hizo involucionar al Barça en el inicio con un sistema diabólico que tuvo que ser corregido por los jugadores, que pidieron volver a jugar con el dibujo y los automatismos de años anteriores.

Despojado de esa autoridad, o al menos sin todo el poder de decisión, Setién abrazó la doctrina Valverde, cercana a la autogestión. La diferencia es que Valverde fue ganando autoridad con sus jugadores en la segunda temporada y Setién se quedó sin comodín a las primeras de cambio. Sus declaraciones, en ocasiones demasiado "transparentes", tampoco han convencido en el vestuario.

Su situación no es sencilla. Aunque tiene contrato hasta 2022, con la opción de que el nuevo presidente le corte el contrato en 2021, no está estable en el puesto. Él mismo ha acompañado con la coletilla de provisionalidad "mientras esté aquí" algunas de sus explicaciones sobre el futuro. Y aunque por el camino se ha ido quedando sin rivales para la próxima temporada (Xavi no será entrenador con Bartomeu y Abidal salvo sorpresa mayúscula y Koeman seguirá con Holanda hasta la Eurocopa), Setién no va a poder seguir si no gana Liga y Champions.

En resumen, el vestuario considera que no ha habido mejora con Setién y, como suele pasar en estos casos, no le pide que ayude al equipo a sumar puntos. Pero no a que los pierda. Los cambios de Vigo, al contrario que los del Athletic, hicieron peor al Barça. El pirotécnico Braithwaite fue un caos que casi se autoexpulsa, Griezmann deambuló por el campo y Arthur estaba a otra cosa. Por eso Suárez estaba caliente después del partido. Primer aviso a Setién.