MEMORIAS DE SUDÁFRICA | EL PERSONAJE

Robinho se luce ante Bielsa

El brasileño fue el mejor jugador e la canarinha en los octavos de final ante Chile. Marcó un buen gol y llevó la batuta del juego ofensvo de su selección.

Robinho celebra un gol ante Chile.

Robinho se marchó del Real Madrid en verano de 2008 porque, según el brasileño, en el club blanco las posibilidades por convertirse en el mejor jugador del mundo habían disminuido considerablemente y él quería tener opciones de ganar algún día el Balón de Oro y el FIFA World Player. Eligió como destino el Manchester City y apenas tardó un año y medio en volver a la liga brasileña.

La falta de talento en Brasil, que en el 2010 llevó a la Copa del Mundo una de las peores generaciones que se le recuerdan, hizo que Dunga le llevara a Sudáfrica, una oportunidad única para el mediapunta del Santos de demostrar su valía, de ser aquel jugador que cuando tenía 15 años el mímisimo Pelé nombró como su sucesor.

No había hecho muchos méritos en el Mundial para volver a ganarse el reconomiento que tanto anhelaba hasta que llegaron los octavos de final, en los que Brasil se enfrentó a Chile, y Robinho sacó su magia. Llevó la batuta del juego ofensivo de la canarinha, a la que condujo sin problemas a los cuartos de final (3-0) y culminó su actuación con un golazo desde fuera del área. Lo hizo además ante su rival favorito, Chile, al que le marcó siete goles en los últimos cuatro partidos en los que se habían enfrentado (incluyendo el del Mundial).

Por desgracia para la canarinha, Robinho no volvería a destacar. Como casi siempre, una brillantísima luz no fue suficiente para terminar con toda la oscuridad que rodeó su carrera.