VALENCIA / ANÁLISIS

Un fantasma llamado Valencia

El Valencia ha perdido identidad en el césped y personalidad en oficinas. Se ha vuelto un club que habita en el silencio y un proyecto en el que sus futbolistas han dejado de creer.

Un fantasma llamado Valencia
SUSANA VERA REUTERS

La imagen de las gradas vacías fue por culpa del coronavirus, aunque resume lo que está siendo el Valencia desde hace meses. Mestalla estuvo desangelado, pero más lo está el equipo y el club. La imagen que ha ofrecido el Valencia en su eliminatoria contra el Atalanta ha sido triste, por momentos lamentable. Pero analizando cómo venía el equipo, cómo estaba últimamente, a pocos le puede sorprender su eliminación, y lo peor es que no parece haber tocado aún fondo. Ni el equipo ni el desgobierno.

Ocho goles en 180 minutos evidencian la superioridad de los italianos y la pésima lectura de cómo jugarle a este adversario que ha tenido el Valencia. El Atalanta supo explotar al máximo sus virtudes y el Valencia fue incapaz de hurgar en sus defectos, que los tiene. Pero no fue cuestión de actitud ni tan siquiera fue causa el hecho de jugarse el partido a puerta cerrada.

Las lagunas deportivas

La eliminatoria ha demostrado la falta de respuestas que tienen los futbolistas, que sienten también impotencia por las bajas que le acompañan al equipo desde hace meses y por errores como los de Diakhaby, un futbolista que se está perdiendo entre fallos y lágrimas, pero que tiene que seguir ‘enchufado’ porque no hay más. Quizás a Diakhaby le hacía mejor de lo que es Marcelino, un técnico que siempre ha destacado por sacar rendimiento a sus jugadores, lo que seguramente sea la manera más rentable para cualquier dueño en términos deportivos y económicos.

La Champions, por desgracia, solo ha hecho que ponerle al Valencia en su sitio y constatar la descomposición del proyecto que Lim liquidó en septiembre. El equipo ha encajado 27 goles en los 15 partidos que lleva disputados desde que comenzara 2020. El Valencia se fue de vacaciones en Navidad y a la vuelta dejó de ser el que era.

Celades, en el partido contra el Atalanta.

Celades supo mantener hasta diciembre la inercia de un equipo que venía de ser campeón. En Liga iba de menos a más y en Champions lograba lo que hacía siete años que no sucedía: meterse en octavos. Pero ahí, entre turrones, se acabó. Hoy el Valencia está eliminado de la Copa del Rey por el Granada, de la Champions por goleada, como lo fue de la Supercopa por el Real Madrid, y en Liga está fuera de los puestos europeos.

Las lagunas sociales

 

Anil Murthy, en el palco de Mestalla.

El Valencia es hoy un club que se ha quedado sin voz. La crisis del coronavirus ha puesto la guinda a la política que rige el día a día del club desde la llegada de un nuevo director de estrategia comunicativa. El silencio es su banda sonora. César Sánchez ni tan siquiera ha sido presentado como Director de Fútbol, cargo que ocupa desde enero, y el presidente Anil Murthy solo habla en entrevistas a medios extranjeros.

Las entrevistas a revistas inglesas y periódicos italianos se conceden, en teoría, para potenciar la imagen exterior (una se hizo en Italia para un especial que solo salió en Bérgamo) y sin embargo sus palabras descontroladas por quien debería asesorarle lo que provocan son incendios en la casa. “Queremos entrenadores funcionarios”, dijo en una de ellas el presidente. Esa frase dilapidó la credibilidad de Celades, y el “Es lo que hay” (Twitter oficial del Valencia el día después a la derrota a Barcelona cuatro días después del despido de Marcelino) le acompañará a Murthy como su gesto de mandar callar a la grada.

Las lagunas internas

 

El único que levanta la voz cuando puede es el capitán Dani Parejo, que encima está señalado por la cúpula precisamente por su sinceridad y también por ser un alma libre, al que se pensó incluso en sancionar por avisar pocos días antes que iría de invitado a La Resistencia (Movistar). El vestuario hace tiempo que dejó de creer en el rumbo que ha tomado el proyecto tras la salida de Mateu Alemany. Murthy no es recibido precisamente con abrazos en el vestuario y un ejemplo de cómo funciona de puertas hacia dentro el club es que a muchos futbolistas no le presentaron formalmente a César hasta pasado un mes después de su nombramiento.

El tema, resultados al margen, que ha terminado de minar la confianza de los jugadores en el proyecto ha sido el (no) fichaje de un central. Al Valencia se le termina el próximo sábado el plazo para incorporar a un sustituto de Ezequiel Garay y por más que César haya intentado encontrarlo, de momento no lo tiene. Garay se lesionó el 1 de febrero y desde ese día cinco derrotas, dos empates y solo una victoria.

Los jugadores asumían que no iba a ser fácil encontrar un central. La normativa pone limitaciones por estar fuera de mercado, pero lo que sí les ha molestado es el poco interés ‘económico’ del club en hacer un esfuerzo para encontrarlo. El Valencia ha pedido la cesión de varios centrales, los últimos Feddal y Duarte, pero la postura ha sido en todo momento solo invertir en la ficha y ningún club ha dado su brazo a torcer. Y Ferran Torres sin renovar.