FRANCIA

Tuchel, con la soga al cuello

Las estrellas del equipo parisino tienen maniatado al entrenador alemán, que en una semana ha tragado con un desaire de Mbappé y otra fiesta de Neymar.

Domar el vestuario es una de las tareas más complicadas a las que se enfrenta un entrenador cuando firma por el Paris Saint Germain. Y si no que se lo pregunten a Unai Emery, que al poco de llegar tuvo que lidiar con un conflicto entre Neymar y Cavani que le persiguió casi toda la temporada. Ahora la relación entre el brasileño y el uruguayo se ha suavizado hasta el punto de ver al charrúa en el cumpleaños de Neymar el pasado fin de semana.

Thomas Tuchel no iba a ser menos que el técnico español y está sintiendo en sus carnes la lucha de egos del vestuario parisino. Si este verano vio cómo Neymar, uno de los pilares del proyecto del PSG, negociaba abiertamente su marcha al Barcelona, ahora tiene que convivir con los desaires públicos de Mbappé cuando es sustituido. La más grave se vivió el pasado fin de semana cuando el entrenador alemán decidió sustituir a la estrella francesa cuando su equipo ganaba 5-0 al Montpellier. Mbappé mostró su disconformidad cuando enfilaba el banquillo y Tuchel en vez de tirar de sus galones como jefe intentó hacer razonar a su estrella, que despreció hasta en dos ocasiones la conversación.

Unas explicaciones que para muchos estuvieron fuera de contexto ya que el alemán dio mayor importancia de la que merecía el francés en ese momento. Ya sea por respeto o por miedo, lo cierto es que Tuchel da síntomas de estar con la soga al cuello por culpa de los líderes del vestuario del PSG y otra prueba de ello fue la respuesta que dio este martes al término del triunfo ante el Nantes (1-2) cuando se le preguntó si la fiesta de Neymar de este fin de semana pudo pasar factura a algunos jugadores que anoche saltaron al estadio de la Beaujoire. “Sí, ¿pero qué puedo hacer? Si dejo sin jugar a todos los futbolistas que fueron a la fiesta, esta noche no tengo equipo. Es así. No puedo pensar en la fiesta porque de lo contario no jugaríamos. Por suerte el partido no fue demasiado intenso”, explicó.

Una vez más Tuchel hace malabarismos para evitar el conflicto con sus estrellas del vestuario y a la vez mantener la confianza del presidente Nasser Al-Khelaïfi, que no le temblaría el pulso si tuviera que escoger entre sus estrellas y el entrenador. El alemán sabe que esa batalla la tiene perdida.