Las dos caras de la Real
Para lo bueno y para lo malo el equipo de Imanol Alguacil no sabe jugar con el resultado. En Pamplona se vieron todas sus virtudes y sus defectos.


La Real Sociedad mostró en El Sadar dos caras totalmente opuestas, que no por casualidad son las dos caras que tiene este equipo txuri-urdin de Imanol Alguacil. Una, la de la primera parte, que supera y apabulla al rival mediante la posesión del balón, con una circulación endiablada, un ritmo infernal y una presión alta que lo anula por completo. Si a eso le unes la calidad de un talento innato como Martin Ødegaard, y la capacidad asociativa y rematadora de jugadores como Oyarzabal y Portu, entre otros, el resultado es un rotundo 0-3 con el que debería quedar cerrado cualquier partido. No con esta Real. Para lo bueno y para lo malo no sabe jugar con el resultado. Siempre va igual. Y aquí es donde llega la otra cara.
La cara opuesta, en la segunda parte, aparece cuando la Real de Imanol no es capaz de desactivar la presión y la intensidad del rival, Osasuna en este caso, porque quiere seguir jugando igual, asumiendo los mismos riesgos con el balón, cuando quizá ya no le haga falta mirando el marcador. Pero el oriotarra no sabe especular. No va con él. Pero entonces llegan los problemas, porque se ve superado por su oponente y está a punto de tirar por la borda una ventaja de tres goles. Pero esta Real tiene, además, otro argumento que se echaba en falta años atrás y que debe ser atribuido a Imanol: ha aprendido a competir. Y lo hace muy bien, con uñas y dientes, poniéndose a la altura del equipo rojillo, que le puso corazón y casta espoleado por una grada de El Sadar que apretó de lo lindo.
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Y así, a base de brega, sin la brillantez del primer tiempo, fue desactivando la enérgica reacción de Osasuna, y volvió a recuperar el fútbol. Y con el balón es infalible. Hasta en los momentos más delicados tuvo hasta tres ocasiones claras, y Alexander Isak marcó el cuarto. Pero como esta Real es un equipo de riesgo máximo, tuvo que sufrir más hasta el final. ¿Para qué hacerlo sencillo, no? Es demasiado fácil, deberán pensar, no se. Y ahora les pregunto yo a ustedes: ¿con qué cara se quedan? Imagino que la respuesta lógica es la de la primera parte. Pero les voy a sorprender. Yo me quedo con las dos. Porque seguramente no se pueda entender la una sin la otra, ni esta Real de Imanol sería así sin los riesgos muchas veces delirantes que parece tomar.
Supongo que deberá aprender. Es todavía un proyecto joven con una plantilla joven. No se puede convertir cada partido en una ruleta rusa. Pero me quedo con las dos versiones de esta Real, porque ambas aportan al estilo de Imanol de forma decisiva. La primera, lo eficiente, el gusto por el balón. La segunda, lo que menos se ve, su capacidad competitiva, vital para sostenerse de pie y no venirse abajo tras casi dejarse remontar un 0-3. Pero cuidado, no me malinterpreten, no escondo el enfado que me produce ver cómo la Real no es capaz de aguantar un resultado tan claro que había logrado tan brillantemente. Igual que a todos vosotros. Es evidente que hubo fallos que conviene analizar y corregir para evitar malos mayores en el futuro. Pero aún así, con todo lo mala que os pueda parecer la segunda parte de Pamplona, no olvidéis que acabamos ganando en un campo donde todos sufren. No es cuestión de ser resultadista, sino de quedarse con lo bueno más que con lo malo, que yo creo que hubo más, aunque con el desarrollo del partido os pareciera lo contrario.





