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Juventus JUV
1
Paulo Dybala 46'
Finalizado

JUVENTUS 1 - ATLÉTICO 0

El Atleti se condena a sufrir

Cayó en Turín y se obliga a tener que ganar al Lokomotiv en la última jornada para pasar a octavos. Marcó Dybala, el mejor del partido.

MadridActualizado a

Ahí estaba de vuelta el Atleti, en la guarida del demonio, la Juve de Cristiano, que hace ocho meses se comió al que soñaba con su final en el Wanda pero con otra ambición: enderezar la Champions que se le empezó a torcer en Alemania. Debía ganar o empatar en Turín para estar en octavos. Perdió, sin embargo, condenado por esa falta de gol que arrastra como pesadas cadenas.

Salió Sarri a quitarle rápido el envoltorio al partido. Con las sorpresas de Danilo, Bentancur y Dybala por delante de Higuaín para capitanear una línea de ruta clara: tratar de atravesar como si fuese plastilina esa armadura con la que Simeone se forró en su regreso a Turín, el cuatrivote. Ya en octavos la Juve, la prisa era del Cholo, que salió sin resquicios. Lo más peligroso que pasó cerca de las áreas en los primeros viente minutos, más allá de un disparo raso y cruzado de Dybala, fue la jugada en la que Cristiano, por evitar que saliera de banda un balón, segó el palo del banderín como si tuviera por botas las manos de Eduardo Manostijeras. Supuso su mayor aportación al partido, por cierto.

Se acercaba el Atleti córner a córner, moviéndose por el borde del área de Szczesny, con Lodi y Trippier estirándose por las bandas, con brega. Y los minutos pasando, sin sobresaltos. La serenidad de Pjanic al centro le devolvió el balón a la Juve. Por delante Dybala no dejaba de pedírselo. Iba, venía y se asociaba al primer toque sin dejar de hacer rotos en todo el campo.

Koke, mientras, abroncaba a Thomas por estar mal colocado, Vitolo era como si no estuviera y Hermoso se recomponía la cintura ante el enésimo regate de Dybala. Bostezaba el fútbol del Atleti a ratos, a juego con la camiseta azul pijama. Pero estaba cómodo, apretado en su campo, sin sufrir. Hasta que todas las desgracias se le acumularon en una única acción.

Asomaba el descanso, ya estaba ahí. Un minuto consumido del tiempo añadido. Erró Hermoso, ya desesperado, superado, acelerado, al tratar de frenar a Dybala, ya sin saber cómo, metiéndole el cuerpo en la esquina de la frontal. Falta. Dybala la pidió. Y Dybala golpeó la pelota como hasta ahora había jugado: fabuloso. Con potencia, rosca y los guantes vencidos de Oblak antes de posarse en la red. Los milagros parece que se le han esfumado.

Tras el descanso el Atleti adelantó líneas. Fue después de un disparo de Saúl, que en Turín comenzó a escucharse sólo un grito entre 40.000 italianos. Atleeeti, esa gasolina que nunca falta. A la hora se fue un buen Herrera para dejar paso a Correa. Siete antes había entrado João Félix por Vitolo para jugar donde quiere, detrás de Morata, y la hierba comenzó a llenarse de las chispas que salían de su botín. En el 63’, el Cholo había hecho todos los cambios buscando plantarle a su equipo colmillos. Sarri contestó con Bernardeschi que, nada más salir, volvió a desnudar a Hermoso para enviar un balón a la madera de Oblak. Tembló el Cholo.

Se puso en pie el Juventus Stadium para despedir al mejor de sus hombres, Dybala, mientras Simeone seguía temblando. Su equipo no terminaba de amenazar de verdad y eso que lo buscaba moviendo de un lado a otro a Saúl (jugó en tres posiciones distintas esos minutos, lateral, banda y medio). Pero la Juve cegaba toda ocasión, suya la tierra del catenaccio. Y al final siempre estaba De Ligt para llevarse el balón por lo legal o lo criminal: con todo fue sobre Correa para rebañarle uno perfecto de João Félix. Sobre la conexión lusa-argentina rodó el Cholo una película de la mafia en los minutos finales, llenos de disparos a quemarropa. Pero Morata, en la línea y con Szczesny vencido, cayó con toda su pólvora mojada sin lograr embocar un balón que era gol en el 94’.

Final. Negaba con la cabeza Simeone, en uno de esos silencios que gritan tan alto. Y mirando el 1-0 de la Juve con cierta nostalgia. Al Lokomotiv debe ganarle en la última jornada. Ya no hay otra.

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