BARCELONA

La estrategia del disimulo

El Barça sobrevive gracias a los goles a pelota parada. Los últimos cinco goles de los de Valverde han sido fruto de la estrategia.

23/11/19 PARTIDO PRIMERA DIVISION 
 LEGANES - BARCELONA
 ALEGRIA GOL 1-2 ARTURO VIDAL
JESUS ALVAREZ ORIHUELA
Juan Jiménez
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
Actualizado a

El Barça más pobre de los últimos años ganó en Leganés por pura contradicción. Un equipo que desde la época de Cruyff ha despreciado casi sistemáticamente la estrategia, está sobreviviendo a LaLiga agarrado a las jugadas a balón parado. Si contra el Celta fue Messi el que salvó al equipo con dos goles de falta y Busquets marcó en una segunda jugada tras un saque de esquina, en Butarque fue Suárez con un remate en una falta lateral sin aparente peligro de Messi; y Vidal con una aparición milagrosa después de la carambola en un córner, los que voltearon el partido. En total, los últimos cinco goles azulgrana en LaLiga han sido a balón parado.

El éxito en las jugadas paradas tiene un punto a favor del Barça. El vestuario, pese a algunos gestos de frustración en la primera parte, todavía quiere. Fue la voluntad la que llevó al triunfo al Barça casi a empujones en Leganés. La estrategia, sin embargo, no puede ocultar una crisis en el juego que empieza a ser estructural.

Más allá de las bajas, el equipo ha presentado síntomas parecidos e casi todos los partidos fuera de casa este año: Bilbao, Granada, Pamplona, Dortmund, Levante, Praga… . Para empezar, el Barça se ha convertido en un equipo algo pastoso. La pelota circula demasiado lento. Sólo De Jong parece un jugador con energía y actividad. Busquets volvió a demostrar grietas en el medio y en general el fútbol en la sala de máquinas fue lento. El ritmo de juego es excesivamente bajo y los retornos después de las pérdidas son lentos. A eso hay que sumar la lentitud en las transiciones defensivas. En-Nesyri la castigó con el 1-0. En Levante se castigó ese mismo aspecto, más la incapacidad de salir de presiones altas.

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Al Barça también le cuesta producir fútbol desde los laterales. Eso permite que los equipos se cierren. Las condiciones para armar juego en Leganés no eran las mejores, pero al equipo le falta cierta alegría.  Sólo la inercia y la decencia profesional de tipos como Suárez y Vidal le mantuvieron este sábado. Valverde y su vestuario no sólo le deben a pelota parada su posición en LaLiga. También en la Champions.

Un gol a medias entre Luis Suárez y Olayinka salvó al Barça en Praga. Cuando peor lo estaba pasando después del 1-1, una falta sacada por Messi, otra vez en conexión con el uruguayo, apagó el fuego. De no ser por ese gol, el futuro del Barça en Europa estaría hoy entre la espada y la pared. Es fácil ver que este escenario invita a mirar la situación con el vaso medio lleno o medio vacío. El Barça puede tomarse este viento favorable en la estrategia para complementarlo con la recuperación en el fútbol de posición, toque, presión y recuperación. Si se agarra a este tipo de acciones para seguir en lo más alto, la caída está cerca.

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