ATLÉTICO

Cerezo y Perea apadrinaron los 50 años de La Flor de Entrevías

"Ya es sacrificio, esfuerzo, generosidad", les felicitó el presidente del club rojiblanco en la cena de gala de la peña que se celebró en el Wanda Metropolitano.

Enrique Cerezo con Luis Fernando Borreguero, presidente de la peña La Flor de Entrevías.

No puede evitarlo. Al hombre que está en el atril, de pronto, le tiembla el manojo de folios que lleva en la mano. Es por mirar al frente y detenerse en cada uno de los rostros que ve: se sabe cada uno de sus nombres, sus vidas de memoria. Es por lo que tiene detrás: la inmensidad del Wanda Metropolitano esta noche de viernes, con la luz de las lámparas a los pies del fondo sur como única iluminación, imponente de la misma manera. Es por los aplausos que diez minutos antes arrancó ese hombre de pelo plata, traje oscuro y corbata azul al cruzar la puerta de ese salón VIP en la primera planta del estadio, sobre la puerta 47. Es Enrique Cerezo, presidente del Atlético, y está allí por ellos, por el nombre que puede leerse en letras mayúsculas a la espalda del hombre del atril. "La Flor de Entrevías". El nombre de su peña. De casi todos aquellos que tiene delante. Hace 23 años (desde 1996) que la preside. Hoy ésta cumple 50 años. El hombre del atril se llama Luis Fernando Borreguero. Carraspea. Habla. Y el temblor de los folios está de pronto en su voz.

Lo resumiría después el propio presidente del club. Que 50 años son muchos, 50 años absolutamente fieles. "Ya es sacrificio, esfuerzo, generosidad. Felicidades", resumió Cerezo. Porque 50 años pueden hacerse muy largos en el Atleti. "Son muchos para mantenerse en un equipo como el nuestro, grande, pero siempre con dificultades", añadió el presidente, entre aplausos espontáneos. La prueba puede ser ese salón. El cambio de estadio, tras tantos a la orilla del río, el chalé a las afueras que sustituyó aquel piso en el centro que ninguno de los presentes podrá olvidar. "El Atleti es un gran equipo siempre. Y sigue creciendo. Vosotros lo sabéis mejor que nadie", asintió el presidente antes de revelar la nostalgia que él también siente al cruzar por allí por donde se alzó el Calderón y ya sólo queda una grada. "Te da, mucha, al ver cómo está el campo. Pero la vida avanza. Y esta es una casa mejor".

"El nuestro ha sido un viaje largo", había adelantado justo antes Luis Fernando Borreguero, cuando comenzó a hablar. Eran las 21:34 y su discurso de agradecimiento lo iniciaban dos nombres: los de Andrés y Fernando, los dos presidentes antes que él. Uno, el primero, asiste desde el tercer anfiteatro. El otro lo tiene enfrente y escucha casi sin parpadear los agradecimientos que va desgranando Luis Fernando. A Rafael Antonio Blanco, socio número 1 y tesorero. A Rafael Baena y Pedro Miguel Canturiense, que están en las fotos que pasan en bucle en las pantallas pero faltan aquí, aunque también miren desde el tercer anfiteatro, ausencias a las que nunca esta peña podrá acostumbrarse, aunque pasen otros cincuenta años. Y a nueve invitados que no son 'Flor de Entrevías' pero sí, siempre están, hermanos de fútbol: la peña atlética Eusebio, la Frente Madrileño, la Pueblo Nuevo, la de Rivas, la de San Isidro de Alcalá de Henares, la de Vicálvaro, la Villa de Vallecas, la filial del Atlético Platense en España Óscar Valdez, cuya alma son los mejores heladeros de Madrid, en la calle Narváez. Tampoco se olvida de los regentes del bar Dos Ángeles, sede de la peña en Entrevías, su barrio. En la cabeza también La Cepa, restaurante de Santa Eugenia, donde celebran todos sus cumpleaños los últimos años, tan casa como esa que esta noche rodea, llena de asientos rojos.

Directiva de La Flor de Entrevías con el presidente del Atlético Enrique Cerezo.

Tampoco se olvida Enrique Cerezo de cada una de las competiciones. La Champions ("el año pasado no tuvimos suerte. Ojalá terminemos en la final o en semifinales"), la Copa del Rey ("es una competición muy importante para el Atlético, a la que nos agarramos en momentos difíciles"), LaLiga ("no hemos perdido comba. No es un competición nada fácil. Todos fallan, nosotros también") pero el Atlético tiene un valor seguro, y también estuvo en el discurso del presidente. Simeone. "Es un magnífico entrenador que está aquí desde hace ocho años. Nos va a acompañar muchos años. Es el alma del equipo. Siempre consigue que jueguen y luchen 90 minutos. Y con el mejor estilo posible para un club. El del ganar.

Suenan aplausos. Los dos presidentes, el de la peña y el club, se sientan en su mesa. La cena puede empezar. Al lado de Cerezo, un regalo: Luis Amaranto Perea. Le tocaron años difíciles, aquellos de la reconstrucción después de Segunda. El extranjero con más partidos, 314, hasta que ese récord se lo arrebataron Godín (389) y Filipe Luis (333), un para siempre como esa su frase al retirarse del fútbol. "En mi vida hay tres cosas importantes: Dios, mi familia y el Atleti". Acaba de volver de Colombia, donde estuvo entrenando el último año y medio. No deja de levantarse en la cena. Sale en casi todas las fotos. Es padrino. Como el 'presi', al que podría gastársele el bolígrafo indeleble de tanto firmar. Pero todos quieren sus firmas, el selfie, recuerdo de una noche que seguirá en un pub de Entrevías. Luis Fernando lleva el manojo de folios primorosamente doblados en su chaqueta cuando se dirige al coche y el Wanda Metropolitano queda atrás. Ya no tiemblan y sin embargo él no ha dejado de hacerlo desde que se puso de pie y se dirigió al atril, llevándolos en la mano. Se llama emoción. O Atleti, simplemente. Lo aprendió desde muy niño de la mano del presidente anterior, ese Fernando que no ha dejado de mirarle orgulloso toda la noche. Quien le pasó el testigo. Su padre.