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MUNDIAL DE RUSIA 2018

El Mundial ayuda a cerrar la herida de la guerra entre Croacia y Serbia

Los jugadores de Croacia celebran su victoria en la tanda de penaltis ante Dinamarca en los octavos de final del Mundial de Rusia.

Carlos Barria

REUTERS

En el Brasil - Serbia, los croatas apoyaron a sus vecinos. Ahora, con el Rusia - Croacia del sábado, los serbios también animan a sus “hermanos”, pese a la renacida relación entre Rusia y Serbia.

El fútbol es un hilo de esperanza invisible. Un hilo mágico capaz de coser heridas cruentas, abiertas hace siglos por conflictos que nada tiene que ver con un balón, pero que habitualmente lo esgrimen como arma arrojadiza contra el otro. Contra el diferente. Aunque el diferente no lo sea. Aunque sea un igual como tú. Un hermano. Esta vez, sin embargo, el balón es pegamento. Porque el Mundial de Rusia está sirviendo para reconstruir los lazos rotos entre Serbia y Croacia por la guerra de los Balcanes.

Justo antes de que se disputara el Brasil - Serbia que acabó con la eliminación de los plavi en la fase de grupos, el diario croata Index, uno de los más relevantes del país, hizo una encuesta. ¿Con quien iba Croacia? El resultado del vídeo fue llamativo. Salvo un par de personas que rondaban los 50 años, seguramente afectadas de lleno por la guerra, la mayoría, de la veintena de sondeados (muchos jóvenes, otros no tanto) apoyaban a Serbia. Casi todos usaban argumentos más sociales y culturales que futbolísticos. Iban con Serbia porque sentían a Serbia como parte suya.

“Los croatas son nuestros hermanos”

Copiando esta iniciativa, el diario serbio Blic, el rotativo más vendido en Serbia, se lanzó también a las calles de Belgrado a hacer una encuesta similar. ¿Con quien iban los belgradenses en el Rusia - Croacia de cuartos que se juega el sábado?

La pregunta tiene un mayor calado que la lanzada por los croatas porque en la Serbia moderna, las relaciones con Rusia se han potenciado hasta el extremo. Putin quiere tener en Belgrado un aliado fuerte para influir en los Balcanes y, de paso, hacer contrapeso con las corrientes europeistas que han crecido en la región.

Pues bien, pese a esa renacida hermandad serbo-rusa, pese al recuerdo de la guerra contra Croacia, la mayoría de los encuestados por Blic no duda en apoyar casi con fervor a Croacia frente a Rusia. “Son nuestros hermanos. Tengo muchos amigos croatas y juegan un fútbol maravilloso”, responde uno de ellos, un joven de coleta que no duda en insistir con vehemencia cuando le recuestionan por si ve a los croatas como hermanos. “Naravno!”, aúlla en una expresión que se puede traducir por un rotundo “por supuesto”.

“Si no hemos podido clasificarnos, que ganen nuestros vecinos”, añade otro chaval. “Hemos sido parte de lo mismo durante muchos años. Claro que quiero que gane Croacia”, desea un tercero.

Los hay que también se apoyan en el fútbol croata para dar su apoyo a los arlequinados. “¿Viste el partido contra Argentina? ¡Hicieron un fútbol maravilloso! Desde aquel día me ganaron. Voy con ellos”, argumenta un estudiante junto a la facultad de filosofía de Belgrado.

Los hay también que apoyan a Rusia, pero sus respuestas son más cortas, más raciales y con ausencia de argumentos futboleros. “Nosotros somos pequeños rusos”, dice un seguidor. “Yo voy con nuestros hermanos ortodoxos”, añade otro. “¿Porque voy con Rusia? Porque sí”, zanja otro serbio de avanzada edad.

Una camiseta y los restos del dolor

Opiniones de este corte pro-ruso son, según la encuesta de Blic, minoría. Pese a ello, hay reflexiones que demuestran que la herida entre Serbia y Croacia sigue ahí. Cicatriza, pero aún duele. Los que respondieron a favor de Croacia fueron repreguntados por si lucirían la camiseta croata por las calles de Belgrado.

Todos respondieron que sí, aunque casi todos admitieron que se les vería con malos ojos. “No debería haber problema. Ojalá llegue un día en que podamos llevarla aquí, en Serbia, sin problema”, anhela junto al Instituto Cervantes de Belgrado el chico de la coleta, el que veía a los croatas como sus hermanos. El que sentía que el Mundial estaba cosiendo heridas que parecían imposibles de cerrar. Así es fútbol. Un hilo de esperanza invisible.

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