Reina intenta parar un tiro de un jugador del Sunderland, pero rebota en un balón de playa.
Mike Hewitt Getty Images

Sunderland-Liverpool en directo

Jugaba el Liverpool en el terreno del Sunderland, y tras la portería que ocupaba en el primer tiempo Reina, el meta del Liverpool, había un buen grupo de hinchas de ese equipo, provistos de los correspondientes signos distintivos: camisetas del Liverpool, bufandas del Liverpool, guantes del Liverpool, gorros del Liverpool, banderas del Liverpool. Una bulliciosa mancha roja y gritona. Un muchacho incluso llevaba un gran balón rojo, con el escudo del Liverpool, de los que se vendían en la tienda del club.

Un balón del tamaño de los de playa, también de plástico, aunque más consistente. No hacía mucho que había empezado el partido cuando el balón, que saltaba de mano en mano, cayó al terreno de juego. Esa es una versión. Otra es que el propio chaval que lo llevaba tuvo la ocurrencia de lanzarlo al campo, al área de la portería que en ese primer tiempo defendía el equipo de sus amores.

Con mala fortuna. Acababa de caer el balón allí cuando el Sunderland había desencadenado una jugada de ataque que coronó Bent, con un remate raso, hacia la derecha de Reina... y directamente dirigido a la gran pelota roja. Reina se inclinó en esa dirección, pero el balón rebotó en la pelota y cambió bruscamente de trayectoria, colándose por el otro lado mientras él frenaba su estirada instintiva hacia el lado derecho, por el que a su vez se le colaba, burlona, la gran pelota roja. El árbitro, Mike Jones, concedió el gol, que resultó ser el único del partido. El Sunderland ganó por 1-0, lo que atrasaba aún más al Liverpool hacia la mitad de la tabla.

No debió hacerlo. El reglamento prescribe que: «En caso de que un segundo balón o un elemento adicional entre en el terreno de juego, el árbitro deberá interrumpir el partido si interfiere en el juego. El partido se reanudará mediante un saque neutral». Distinto es el caso si el balón pega en el árbitro o en uno de sus asistentes, eventualidad que hay que tomar como si hubiera rebotado en uno de los postes o en el banderín de córner.

Pero Mike Jones se equivocó y dio el gol, lo que proporcionó gran popularidad al muchacho que lo había llevado al campo, Callum Campbell, convertido de un día para otro en una estrella internacional en Facebook. El Liverpool, incluso a su pesar, multiplicó por varios dígitos la venta de esas grandes pelotas rojas que se convirtieron un poco en símbolo de broma pesada contra el Liverpool, al que muchos aficionados contrarios recibían con estas pelotas, echándolas al campo antes de los partidos. Mike Jones fue suspendido y relegado de categoría algunas jornadas.

El siguiente partido que arbitró fue un Peterborough-Scunthorpe, de lo que podríamos conocer como la Segunda Divisón inglesa, allí denominada First Division. Pronto fue rehabilitado para arbitrar en la máxima categoría, pero en su memoria quedará para siempre el dichoso baloncito rojo de Callum Campbell. Lo mismo que en la de Reina.