Foto del marcador del partido entre Barcelona y Real Madrid que acabó 1-11.

Aquellas semifinales de Copa dejarían una gran polvareda. El partido de ida, en Les Corts, lo ganó el Barça por 3-0, lo que pareció dejar las cosas relativamente resueltas. Pero entre partido y partido la prensa de Madrid agitó mucho el ambiente, particularmente Eduardo Teus, desde las páginas de Ya, periódico de la época. Teus, que había sido portero del Madrid antes de la guerra, se quejaba de que a Barinaga le había quitado el árbitro un gol porque pitó el descanso mientras el balón iba por el aire camino de la portería. Pero se quejaba sobre todo de que el Madrid había jugado intimidado por la actitud agresiva del público, inusual para aquella época, aún posguerra, en la que el régimen hacía una y otra vez apología de la hermandad entre los pueblos y las tierras de España, y se esperaba del fútbol que contribuyera a ello.

Las protestas de Teus desde el Ya van haciendo eco y en Madrid se organiza una campaña entre los dos partidos, invocando un necesario desagravio a los jugadores «maltratados» en el partido de ida. Las eternas desconfianzas entre Madrid y Barcelona son la leña que da fuego a esta hoguera. Para la vuelta se prepara un ambiente tremendo. La víspera del partido, en la verbena de San Antón y en la calle de la Victoria, se venden pitos a los aficionados del Madrid para que monten estruendo en el partido, y vaya si lo hacen. Cada vez que un blaugrana coge el balón más de 20 000 silbatos emiten un sonido insoportable. El Madrid se crece y antes de la media hora ya ha igualado la eliminatoria. Es entonces cuando el Barça parece desplomarse súbitamente, y en quince minutos le caen cinco goles más. Al descanso se llega 8-0. En la segunda mitad llegan más goles, en un ambiente festivo para los madridistas y lúgubre para el Barça, que al final pierde 11-1. Cuando la esposa del meta barcelonista, Miró, que había ido a un cine con unos amigos para pasar la tarde, sale del mismo y se entera de que a su marido le han metido once goles, se desmaya, cree que le ha pasado algo. Y algo le había pasado: abrumado, no jugó más al fútbol. Un jovencísimo Juan Antonio Samaranch, que con el tiempo llegará a ser el presidente del COI, escribe en el diario barcelonés La Prensa una encendida crónica, el reverso de la de Eduardo Teus en la ida, protestando por el ambiente que ha tenido que sufrir el Barça, y se le retira el carné de periodista durante muchos meses. Samaranch, curiosamente, no era culé, sino del Espanyol.

En Barcelona se dijo luego que un policía les había conminado antes del partido a dejarse ganar. No hubo nada de eso, sino una advertencia previa a los dos equipos de buena conducta. El Barça se derrumbó por el ambiente, sin más. El partido tuvo importantes consecuencias: los dos presidentes fueron obligados a dejar el cargo. Eran el marqués de la Mesa de Asta (Barcelona) y Santos Peralba (Madrid). Entraron dos nuevos presidentes, cuya primera misión fue organizar un partido de ida y vuelta, «por la paz». Los nuevos fueron José Antonio Albert i Muntadas y… Santiago Bernabéu.