366 HISTORIAS DEL FÚTBOL MUNDIAL | 3 DE JUNIO

El gol de Zico no valió por milésimas de segundo (1978)

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Zico, con la selección brasileña durante un partido contra Argentina.
Diario AS

Una de árbitros. Estamos en el Mundial de 1978, en Argentina. Conviene, claro, que Argentina llegue lo más lejos posible. Este Mundial traía aparejado un bochorno: estábamos en plena dictadura argentina, que «chupaba» opositores de las aulas, de las cafeterías, de las casas. Los torturaba y los hacía desaparecer, como ya se ha dicho anteriormente. En esas circunstancias se jugó el Mundial, cuyos principales partidos se disputaron en el Monumental de River, a poca distancia de la Escuela Técnica de la Armada, centro de las peores sevicias.

Brasil podía ser un obstáculo para Argentina, y bien que lo notó desde el primer partido, ante Suecia. Iba empate a uno cuando, en el minuto 90, hay un córner a favor de Brasil. Lo lanza Dirceu desde la derecha del ataque, lo cabecea limpiamente Zico a gol y el árbitro, el galés Clive Thomas, pita… fin del partido. ¿Y el gol? No, no es gol. Según él, el partido había concluido cuando el balón volaba entre el pie de Dirceu y la cabeza de Zico, y el gol se había producido antes de que él pitara porque justo en ese momento iba a hacerlo. Por así decirlo, el cabezazo se produce en el instante justo entre el fin del partido y el acto del árbitro de llevar el pito a la boca para darlo por terminado. No atiende a las protestas, no hay gol. Brasil se queda con el empate.

Después, Brasil empató también con España. Ese fue el día del «no gol» de Cardeñosa, que cazó un balón suelto en el área, sin portero. Santillana le había ganado en el salto a Leão, el meta brasileño, y le había bajado el balón a Cardeñosa. Este se entretuvo algo en controlarlo y cuando remató lo hizo al único espacio de la portería que cubría el defensa Amaral, que había corrido apresuradamente a la raya ante la ausencia en ella del meta Leão. Con esos dos empates y la victoria sobre Austria, Brasil pasó a la segunda fase, que también se jugaba en grupo, en el que cayó con Argentina. Ambas selecciones empataron su partido y ganaron el anterior.

Todo quedaba supeditado a la última jornada, Brasil-Polonia y Argentina- Perú, la del día 21. Si las dos selecciones ganan, decidirá la diferencia de goles. Lo que se juegan es el paso directo a la final. Contra todo criterio previo, la organización decide que juegue primero Brasil y luego Argentina, que así, al salir, ya conocerá el resultado previo. Brasil gana 3-1 a Polonia. Argentina necesita entonces ganar por cuatro o más, y lo consigue, entre sospechas generalizadas de tongo. Para más morbo, el portero de Perú es un argentino nacionalizado peruano, Quiroga. El partido acaba en 6-0, con dos goles de Kempes, dos de Luque, uno de Houseman y otro de Tarantini.

Luego Argentina jugará y ganará bien, tras la prórroga, la final ante Holanda. Y Videla le entregó, feliz, la copa a Passarella. Pero todos tuvimos la sensación de que algo olía a podrido en aquel Mundial. Thomas nos había dado una primera pista en aquel gol anulado a Zico.