366 HISTORIAS DEL FÚTBOL MUNDIAL | 1 DE JUNIO

Con el Barça reventó el profesionalismo (1925)

Samitier, con la camiseta del Barcelona, disputando un balón durante un partido.
Diario AS Diario AS

En los alegres y despreocupados años veinte el fútbol crecía y ya movía dinero. En España fue un estallido la medalla de plata de la selección en los JJ OO de Amberes, que multiplicó la asistencia a los campos y la presencia del fútbol en los periódicos. Se vivía una apariencia de amateurismo, porque en aquellos tiempos (y hasta mucho después) existía la idea de que el dinero encanallaba el deporte. Pero ese pretendido amateurismo ya era claramente mentira, en España y en casi todas partes. En Inglaterra se había superado el debate con la separación entre fútbol profesional y amateur muchos años antes, pero toda Europa estaba en la misma trampa. Los clubes pagaban y justificaban los gastos en obras ficticias de mejora del campo, o inflando gastos de viaje o de cualquier tipo. Por esos años fue llamativo el paso de Zamora, de ida y vuelta, del Espanyol al Barça y viceversa, ambas veces por buenas cantidades de dinero.

El asunto se disimula como se puede en todos los países de Europa hasta que la revista parisina Sporting, de gran influencia continental, publica un completo y documentado informe sobre la extensión del profesionalismo, en el que lo más relevante es la relación, con pelos y señales, de los sueldos y primas que cobraban los jugadores del Barça. La revista había conseguido sacar del club español la más confidencial de sus informaciones: lo que cobraban sus futbolistas. La relación era esta: Plattko, Scarone y Samitier, 1500 pesetas al mes; Alcántara, 1300; Piera, Sagi-Barba y Sancho, 1000; Planas, Walter, Arnau, Torralba y Carulla, 800. Además, 1500 pesetas por cabeza por ganar el Campeonato de Cataluña y 3000 por ganar el Campeonato de España, la Copa. Aquel informe fue decisivo en el Congreso de Roma, donde todos los asistentes asumieron por fin que el profesionalismo era imparable, que se estaba viviendo una situación ficticia al pretender ignorarlo y que era mejor aprobarlo.

El Comité Olímpico Internacional reaccionó admitiendo a regañadientes y con carácter solo amateur al fútbol para los JJ OO de 1928. Luego, ante la evidencia de que varios países habían burlado la norma y enviado profesionales (no España, que fue con un equipo realmente amateur que resultó goleado por Italia), expulsó al fútbol para la edición de 1932. Esas convulsiones dieron lugar a la creación de la Copa del Mundo, ya con carácter profesional, cuya primera edición se disputaría en 1930, inspirada por Jules Rimet, el presidente de la FIFA. En 1936 el fútbol volvería a los JJ OO, en Berlín, ya sí con carácter amateur, que se mantuvo hasta que el propio COI, en tiempos de Samaranch y con vistas a los JJ OO de Barcelona, en 1992, superó el debate del amateurismo, casi setenta años después que el fútbol. Durante los años de la Guerra Fría los países del bloque comunista tuvieron gran ventaja en los JJ OO, pues ellos no reconocían el profesionalismo (compensaban a sus futbolistas con altos sueldos del Estado por ocupaciones figuradas) y así acudían a las citas olímpicas con los mejores.

El profesionalismo será decisivo en la creación del campeonato de liga, que nacerá para cubrir la necesidad de conseguir más ingresos. Lo mismo que ya había hecho Inglaterra (siempre por delante de todos en aquella época) en 1888 se hizo después, poco a poco, en todas partes. En España la primera liga se jugó en 1929.