366 HISTORIAS DEL FÚTBOL MUNDIAL | 7 DE MARZO

La Stasi asesina al prófugo Eigendorf

La Stasi asesina al prófugo Eigendorf

Lutz Eigendorf era un jugador del Dinamo de Berlín a principios de los ochenta. El Dinamo de Berlín era a su vez el equipo favorito del severo régimen de la República Democrática Alemana, que utilizaba el deporte como uno de sus grandes elementos de propaganda. De hecho, el régimen comunista había trasladado en bloque al Dinamo de Dresde, el mejor equipo de la RDA, a Berlín, para redenominarlo como Dinamo de Berlín, bajo el estricto control del secretario general de la Stasi (la temidísima policía política de la RDA), un tal Erich Mielke (véase también el día 19 de marzo), un tipo al que le gustaban tanto el poder como el fútbol, y que carecía de escrúpulos. En Dresde quedó un equipo menor, que se recompuso con los suplentes del Dinamo y sus juveniles.

No hay nada que temiera más el régimen de la RDA que la fuga de alguna de sus estrellas deportivas, de forma que entre sus campeones olímpicos, entre los jugadores del Dinamo (o de la selección) o en cualquier equipo notable, siempre había miembros de la Stasi infiltrados, que acompañaban con especial atención sus salidas al otro lado del Telón de Acero. Todos aquellos a los que se descubría en alguna maniobra para quedarse fuera cuando se programaba algún viaje eran ingresados en prisión o sufrían algún accidente que les inhabilitaba para seguir en el deporte.

En 1979, el Dinamo de Berlín viajó a Alemania Occidental para jugar un amistoso con el Kaiserslautern. Eigendorf consiguió burlar la vigilancia, escaparse del hotel y esconderse. El Dinamo tuvo que regresar sin él. Eigendorf estuvo primero en tratos con el Eintracht Braunschweig, pero finalmente fichó por el Kaiserslautern, donde empezó a desarrollar su carrera con tranquilidad durante algún tiempo.

Pero Mielke no perdonaba fácilmente. En su opinión, el régimen de la RDA no podía permitirse ninguna derrota moral, y todo este tipo de casos tenían que ser resueltos de manera que el fugado no se saliese con la suya, así que desde que se escapó Eigendorf, le envió cuatro agentes de la Stasi a plena dedicación, desplazados a la RFA para seguirle en busca de una oportunidad. Un día aparece estrellado el coche de Eigendorf y él gravemente herido en su interior. Cuando le recogen y le examinan, encuentran que tiene altas cotas de alcohol en la sangre, lo que extraña a todos porque no es bebedor. A los dos días fallece a consecuencia de las múltiples heridas. En la RFA se cierra el caso en principio como un accidente más, aunque en los círculos bien informados no dejan de producirse suspicacias.

Cuando en 1991, tras la caída del Muro, se abren los archivos de la Stasi, se comprueba lo que ya se sospechaba: el accidente fue un simulacro preparado por los agentes. Una venganza de Mielke, que no podía consentir que nadie se escapara.