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366 Historias del fútbol mundial | 29 de enero

El Madrid sobrevive en el hielo de Belgrado (1956)

El Madrid sobrevive en el hielo de Belgrado (1956)

Era la primera Copa de Europa, y el Madrid se vio con un pie fuera, lo que hubiera truncado toda su racha posterior. Había eliminado en la primera ronda al Servette, un rival suizo que no planteó problemas ni en la ida ni en la vuelta, cuando se enfrentó en cuartos al Partizan. El partido de ida se disputó en Madrid el día de Navidad con un ambiente extraño, porque nos visitaban «comunistas». (Saporta tuvo que hacer gestiones con mucho tacto para que la eliminatoria no se suspendiera.) Fue muy pronto, a las tres de la tarde (el Bernabéu no tenía aún iluminación artificial), por lo que los espectadores tuvieron que adelantar mucho la comida de Navidad. El partido acabó con un rotundo 4-0. Magnífico. Se suponía que el de vuelta podría ser tranquilo. Pero un mes y cuatro días más tarde el Madrid se encuentra en Belgrado un campo totalmente helado. Los jugadores piden la suspensión, el árbitro estaría de acuerdo, pero Bernabéu prefiere acceder al deseo de los yugoslavos y jugar. Teme que no haya facilidad para encontrar una nueva fecha. Bernabéu es uno de los grandes valedores de la nueva competición y siente que el Madrid está obligado a hacer cualquier sacrificio por completar la eliminatoria en el plazo previsto. Así que pide a sus jugadores el esfuerzo, y salen a jugar sobre un campo helado.

 

Los yugoslavos, claro, están más adaptados y dominan. Años después, hablé con el portero del Madrid, Juanito Alonso, en su cafetería Albany, en Conde de Peñalver: «Nada más empezar el partido estrellaron un tiro en el larguero y me cayeron en los hombros seis kilos de nieve», me decía. Me aseguró que le habían estrellado entre ocho o doce tiros en los postes, que perdió la cuenta. «La suerte que tuvimos ese día no es para ser creída.» Al descanso el Madrid perdía solo por uno a cero, milagrosamente, y eso que Rial había fallado un penalti. Alguien se avivó y supo que los yugoslavos mojaban las suelas en gasóleo, y que así se desprendía la nieve de ellas y se agarraban mejor los tacos. A los jugadores del Madrid se les formaba una capa de nieve-hielo entre los tacos, lo que les hacía patinar. Cada poco paraban a limpiarlo con las manos, pero no había tiempo. Enterados del truco, el Madrid también mojó sus suelas en gasóleo, pero encajó el segundo gol nada más volver al campo, en un penalti pitado por mano de Miguel Muñoz. Luego aguantó como pudo, incluso marcó dos goles, anulados por fuera de juego, y encajó el tercero en el minuto 86. El final fue un suplicio, pero acabó así. Becerril regresó con un dedo del pie roto. Había completado el partido, porque entonces no había cambios. Posiblemente el frío le había hecho más tolerable el dolor. Cómo el Madrid consiguió salir de allí con solo tres goles en contra es algo que al cabo de los años no terminó de explicarse nunca ninguno de los protagonistas de aquella primera gesta, que fueron: Alonso; Becerril, Marquitos, Lesmes II; Muñoz, Zárraga; Castaño, Olsen, Di Stéfano, Rial y Gento.

Días después, llegó a los cines españoles la imagen del partido, en el nodo. Ahí se ven las estiradas de Alonso (que fue el héroe del partido), los resbalones de todos, el penalti fallado por Rial, al que le resbala el pie izquierdo cuando golpea con el derecho. Toda España pudo ver aquello y lo valoró como una proeza. La leyenda de heroicidad del Madrid en la Copa de Europa nació sobre aquella pista de hielo del estadio de la Armada de Belgrado. A partir de ahí, todo le parecería fácil a aquella extraordinaria generación de jugadores.