366 Historias del fútbol mundial | 25 de enero

Antúnez rompe el cerco de los béticos en la plaza de Armas (1945)

Francisco Antúnez
Archivo
Alfredo Relaño
Actualizado a

Hay tensión en la plaza de Armas. Es viernes y el Sevilla va a coger el tren para viajar a Madrid, y en el grupo está Antúnez, el espigado medio que acaba de ser traspasado por el Betis. ¿O no había sido traspasado? ¿Valía o no valía el traspaso? Pues según a quién se preguntara. La operación relámpago había tenido lugar dos días antes, y en ella estaban implicados algunos directivos del Betis, pero no todos, porque varios se oponían. El acuerdo final se hizo en la mismísima casa del presidente del Betis, Eduardo Benjumea, pero finalmente este no firmó, dando lugar al tremendo malentendido posterior. Benjumea se retrajo a última hora, quizá intuyendo la que se iba a armar, y por eso su firma no estaba en el documento del traspaso, lo que era utilizado por no pocos para sostener que la operación no tenía validez. Para más inri, Antúnez había comenzado su carrera en el Sevilla, que había abandonado por el Betis (entonces en Segunda División) porque no veía clara su titularidad. Y en el Betis le adoraban. Antúnez era un jugador de estampa, fútbol limpio, buena disposición, deportivo, rendidor. El clásico jugador que toda afición considera un orgullo tener en las filas de su equipo.

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Así que en la plaza de Armas casi hubo un motín, con millares de béticos. Mientras se discutía la validez o no del contrato se apelaba al desprendimiento de los béticos para recaudar el dinero que había pagado ya el Sevilla, y devolverlo, para enmendar así el desastroso paso dado por una directiva desunida y confusa, que trataba de compensar las malas cuentas del Betis pero que había adoptado una decisión demasiado peligrosa. Elcaso es que la policía consiguió a duras penas que Antúnez montara en el tren, entre empujones, gritos, protestas, escenas de violencia y algún desmayo. Pero Antúnez pudo por fin subir al tren, y viajar con el Sevilla a Madrid. Hasta la hora del partido la Federación dudó sobre si dar por válido o no el contrato, ya que faltaba la firma de Benjumea. Finalmente lo hizo, Antúnez jugó y el Sevilla empató a uno en Chamartín. El mismo día, en un ambiente caldeadísimo, el Betis ganaba 6-1 al Tarragona en Heliópolis, en cuyas galerías se habían colocado grandes barreños para que los aficionados depositasen su aportación para recaudar el dinero necesario para pagarle al Sevilla lo que este había entregado al Betis por la ficha del jugador. El lío fue tal que hasta Radio Moscú se hizo eco de ello, cargando las tintas sobre la opresión de clases, el abuso de los ricos sobre los débiles. La propia Dolores Ibárruri, Pasionaria, hizo un retrato del Sevilla como el equipo de la oligarquía aristócrata y terrateniente, y del Betis como el equipo del pueblo.

El asunto no paró ahí. Antúnez completó la temporada en el Sevilla, que salió campeón de Liga, pero mientras, el litigio siguió rebotando por despachos y he aquí que finalmente la Delegación Nacional de Deportes da la razón al Betis y anula el traspaso. ¡Qué lío! ¿Y qué pasa entonces con la liga que ha ganado el Sevilla? ¿Han sido ilegales todas las alineaciones de Antúnez con el Sevilla? Se decide que no, que como Antúnez había sido autorizado a jugar por el Sevilla, las alineaciones valen. Solo que ahora se cambia el criterio sobre la validez del contrato, así que debe volver al Betis. Y Antúnez regresa y juega algún amistoso con el Betis, pero en el verano, tras la dimisión de dos presidentes del Betis (Benjumea y su sucesor), se completa el traspaso con todas las formalidades precisas. Antúnez ya es del Sevilla. ¿Todo terminado? No. De aquella herida viene la terrible rivalidad que aún hoy mantienen Betis y Sevilla, sin parangón en nuestro país.

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