366 Historias del fútbol mundial | 10 de enero

Llaudet contrata un chófer negro (1967)

El expresidente del Barcelona, en una imagen de archivo.
Jordi Alemany
Alfredo Relaño
Actualizado a

En nuestro fútbol no siempre ha sido posible la contratación de extranjeros. En este país, como en algunos otros, ha estado prohibida en algunos períodos. En 1962, tras el fracaso del Mundial de Chile, se decidió cerrarla. Era el ocaso de los fabulosos Di Stéfano, Kubala, Puskás y demás, y nuestra liga había salido de aquel período de oro arruinada. El Barça tuvo que vender a Suárez, el Madrid a Del Sol y el Atlético a Peiró para restablecer sus finanzas. Se decía, además, que junto a aquellas gloriosas figuras se había contratado a mucho mediocre que cerraba el paso a los jugadores españoles, así que la Delegación de Deportes decidió prohibir la importación de jugadores.

Y prohibida seguía tras el Mundial de 1966. Pero Enrique Llaudet, presidente del Barça, presionaba para abrirla. El Barça no había conseguido hacer un buen equipo con jugadores nacionales y el Madrid, que por entonces tuvo una buena cosecha de cantera (los «yeyés»), le sacaba ventaja.

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Al Barça el mercado español le resultaba caro, puesto que no tenía alternativa, y no le rendía. En un momento dado, Llaudet se sintió optimista tras una conversación con Juan Antonio Samaranch, delegado nacional de Deportes, y, con ánimo de presionar, fichó a Silva, un buen delantero brasileño que había jugado en el reciente Mundial. Era «el sucesor de Pelé», uno de tantos que aparecieron en la estela del genio. Los negros eran llamados «el sucesor de Pelé» y los blancos «el Pelé blanco». Walter Machado da Silva era delantero en punta, técnico y muy ágil. Se parecía mucho a Pelé en la potencia de salto y de tiro, aunque no alcanzaba la misma excelencia en el regate y en la velocidad de salida. En todo caso, era un jugador emergente y espectacular. Llaudet pagó por él al Flamengo la cantidad de 180 000 dólares, una gran suma para entonces. Se armó cierto revuelo, pues se pensaba que, en efecto, no podría jugar. Y entonces Llaudet soltó una machada: «Si no puede jugar lo utilizaré como chófer. Siempre he querido tener un chófer negro». Aunque eran otros tiempos y otra sociedad, Llaudet tuvo que rectificar a los pocos días y decir: «Estoy dispuesto a hacer de chófer del señor Silva siempre que me lo pida».

El caso es que fichó a Silva, que se quedó en América esperando a que el Barça fuera a Venezuela, a jugar la Pequeña Copa del Mundo. Allí debutó. Luego jugó unos cuantos amistosos, preparados ex profeso para él. Su presentación en el Camp Nou fue el 28 de febrero, ante el Feyenoord. Jugó un total de catorce amistosos, pero la expectación fue decayendo, y más a medida que se comprobaba que no sería posible su incorporación en los partidos «de verdad». Llaudet lo cedió una temporada al Santos, mientras seguía a la espera. Después lo vendió al Bangu, por 100 000 dólares, 80 000 menos de lo que le había costado, completando una operación ruinosa además de bufa. Silva volvió al Camp Nou al poco tiempo en un Gamper, en el que marcó un gol en la semifinal ante el Athletic (un golazo de tijera a Iribar) y dos en la final al Barça, que no obstante ganó el partido, 5-4. Era un buen jugador.

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