"Antes nos comíamos las uvas en el tren escuchando RNE"
De sus cuatro años en Mestalla queda la anécdota que dejó en 1972, cuando marcó, en el mismo año, el día de Reyes y en Nochevieja. Lico recuerda para AS cómo se vivían las Navidades en el fútbol durante aquellos viajes.


Usted marcó, en 1972, el día de Reyes y en Nochevieja con el Valencia. ¿Cómo lo recuerda?
Curiosamente fueron los dos goles que marqué en cuatro años con el Valencia en Liga. El primero fue contra el Málaga, en el mejor momento de mi carrera deportiva. Una semana después debuté con España ante Hungría, con Kubala. Fuimos segundos en la Liga. La temporada siguiente, en el último día del año, marqué el empate en Gijón. Nos comimos las uvas de regreso en el tren, en el coche-cama.
¿Y cómo se celebraban las campanadas en ruta en esos tiempos?
La Liga no paraba. Y nosotros tampoco. Daba igual cuándo fuese Nochevieja. Antes de aquel partido contra el Málaga, jugamos en Córdoba y ganamos 0-4. Despedimos el año anterior en el autobús de ida, con parada en Manzanares, y recibimos al nuevo con la alegría de aquellos dos puntos.
¿Cree que debe parar la competición por Navidad o le gustaba cómo se vivían aquellos partidos en estas fechas señaladas?
La Liga no debe parar, como en Inglaterra. A los jugadores nos gusta el fútbol. Marcial y yo, en el Espanyol, nos escapábamos después de entrenar para coger un coche y hacer siete horas de carretera para regresar a Elche, cenar con la familia y volver al día siguiente, a las seis de la mañana, a Barcelona para volver al trabajo. No pedíamos permiso porque no nos lo daban, pero hay que entender que el fútbol es un espectáculo profesional y a los aficionados les gusta ir al fútbol en Navidad, con los niños, aunque eso suponga el sacrificio de estar lejos de casa estos días. Ya cada uno se buscaba las habichuelas como podía… El jugador es vocacional, a continuación viene lo económico.
¿Qué recuerdos guarda de aquellas celebraciones en equipo?
Si íbamos en el tren, poníamos Radio Nacional de España para escuchar las campanadas. El delegado del Valencia, que era una magnífica persona llamada José Tormo, nos preparaba las uvas. Entonces nos juntábamos todos en el vagón restaurante, donde te daban la cena, y abríamos los compartimentos para tener más espacio. Los equipos se desplazaban con once titulares y un cambio por línea. Ahora viajan 70 masajistas y 200 recuperadores. No es lo mismo.
Pero también habría lugar para las anécdotas…
En el Valencia eran todos muy buenos compañeros. Había gente muy seria y profesional. Era diferente al Elche, donde existía una hermandad espectacular. En Valencia los más graciosos eran el argentino Valdez o el sevillano Quino, que era del centro de Triana. Precisamente él me llamó el lunes para felicitarme las fiestas.
¿Esa seriedad era la que imponía Alfredo Di Stéfano?
No, para nada. Alfredo (Di Stéfano) era un hombre abierto, muy amigo de sus amigos. La gente estaba muy equivocada con su manera de ser. Era una persona que tenía las cosas claras y los futbolistas le queríamos mucho porque cuando te hablan claro, sabes a qué atenerte. Él se tomaba su copa con nosotros si el partido coincidía con Nochebuena, Nochevieja o Reyes, claro que sí. Era uno más, amigo de los jugadores. Tenía un humor y un ingenio increíbles. Lo único que detestaba era que gente que no era de fútbol le quisiera dar lecciones. Entonces podía ser agrio, pero en nuestro entorno era maravilloso. Podías estar hasta las seis de la mañana hablando con él sólo de fútbol.
Y si en la fecha señalada le tocaba jugar como local, ¿lo celebraban en casa?
No. Alfredo Di Stéfano y Otto Bumbel te concentraban para que nadie se fuera de fiesta e hiciera algíun ‘extra’, incluso dos días antes si hacía falta. Por un lado es bueno estar con la familia, pero también pienso que para la gente que está de vacaciones es bueno que pueda ver a su equipo. Hasta hace poco, te podías tirar 15 días sin ver fútbol en estas fechas. Creo que La Liga ha hecho bien en marcar así el calendario de nuevo.
¿Qué pasaba entonces en la hermandad del Elche?
De todo. Me acuerdo del belga Goyvaerts un año con un esmoquin en medio del pasillo del tren, con su pajarita, como si estuviéramos en un restaurante de alta alcurnia. En otra Nochevieja, con Alfredo Di Stéfano como entrenador del Elche, perdimos 5-0 en San Sebastián y de regreso, en el tren, la fiesta fue tremenda a pesar de aquel resultado. Los veteranos le tiraron los zapatos a un compañero por la ventanilla del tren y cuando llegamos a Madrid, con un frío impresionante, se tuvo que poner las chanclas de la ducha para hacer el trasbordo. El Elche era un equipo de amigos, algo muy especial. A pesar de esas gamberradas, cada uno asumía el papel que le tocaba en cada momento y nadie se molestaba.
¿Se vio en el Valencia al mejor Lico?
Fue donde mejor me encontré en el campo. Fiché por un equipo que venía de ser campeón y en la 71/72, en la primera de las cuatro temporadas que estuve allí, merecimos repetir el título pero, por cosas del fútbol, fuimos segundos a sólo dos puntos del Real Madrid. Nos reforzamos bien, con gente como Quino o Adorno. Alfredo (Di Stéfano) jugaba con un 4-3-3, que, a veces, era un 4-4-2. Yo era, de los tres centrocampistas, el que quedaba más cerca de la defensa porque recuperaba muchos balones sin hacer faltas y era el que mejor sacaba la pelota jugada desde atrás. Un estilo a Busquets, pero con más movilidad. A mi lado tenía a Claramunt, que era más anárquico y con un excelente cambio de ritmo. Y a Adorno, que era muy técnico y con gran disparo, o a Forment, que era más ofensivo. Tuvo mala suerte con las lesiones, pero era un crack.
¿Hasta qué punto ha cambiado el fútbol en este medio siglo?
El 19 de diciembre hizo 50 años que debuté con el Elche contra el Pontevedra, en el primer partido que televisaron en Altabix. El fútbol es diferente en todo menos en una cosa: en la calidad de los futbolistas. Se ha evolucionado en alimentación, en el estado de los campos, en la preparación física, en los balones… La esencia, sin embargo, es la misma. Ahora oyes a algún ‘niñito’ decir que la calidad del fútbol actual es “impresionante”. A ver si alguno de esos ha visto a un Marcial o a un Ángel Romero, que tenían una mano en el pie. Y encima alguno dice que era gordito, cuando ahora con diez años los niños se meten al gimnasio.
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Por último, otro grande del Valencia, Baraja, está al frente del banquillo del Elche. ¿Qué futuro le augura como entrenador?
Buen futuro, sin duda. Baraja fue un excelente centrocampista y lo está haciendo muy bien después de todo lo que pasó en verano en el Elche, con mucha gente que llegó a última hora, cada uno de una madre. El equipo ha tenido altibajos, pero es lógico cuando no hay una base de plantilla de años anteriores. Su idea de fútbol es que su equipo juegue bien. Le falta experiencia porque viene de un juvenil y no ha tenido el rodaje de segundo, como el que pudo tener Escribá. Se equivocará en algún cambio, pero ¿y quién no comete errores? ¡Hasta el entrenador más consagrado! Ahora, si tienes a los 22 mejores jugadores del mundo es difícil fallar porque la diferencia entre uno y otro es mínima. Me parece que, en lo esencial, tiene madera de entrenador.



