Mircea Lucescu: un rumano que está enamorado de Brasil
La pasión del técnico del Shakhtar nació en una gira con su selección en 1968. Esa admiración le ha llevado a fichar en el club ucraniano 25 brasileños desde 2004.
E Shakhtar confirmó que en enero, cuando pare la liga ucraniana, viajará a Brasil para huir del duro invierno, de los conflictos y preparar la segunda vuelta de la temporada. Ya lo hizo este año con una curiosa autopromoción en los medios: “Llega el equipo más brasileño de Europa”. Una etiqueta nada exagerada ya que el Shakthar cuenta con nueve jugadores nacidos en ese país. Y eso que este verano vendió a Douglas Costa, Luiz Adriano, Fernando e Ilsinho.
El promotor de que el Shakhtar mirara a Brasil y su vivero de jugadores fue Mircea Lucescu (29 de julio de 1945, Bucarest). Su llegada al banquillo de Donetsk en 2004 supuso un viraje en la política de fichajes de Rinat Ajmétov, dueño del club, hasta ese momento centrada sólo en jugadores ucranianos. Lucescu siente verdadera pasión por el país sudamericano. Un flechazo que se le clavó en 1968, en una gira con Rumanía antes de las Navidades.
Viaje
Por entonces tenía 22 años, militaba en el Dinamo de Bucarest y estaba concentrado con la selección B de Rumanía en Kinshasa, donde acababa de jugar contra el Congo. Preparado ya para volver a Bucarest, fue convocado por la selección absoluta, que se encontraba en Brasil para hacer una gira organizada por un libanés amigo de Joao Havelange, que era presidente de la Confederación Brasileña de Deportes (llegó a la presidencia de la FIFA). Comenzó entonces la aventura. Lucescu, prometedor atacante de la época, se vio obligado a pasar tres días en Dakar esperando el visado para poder viajar a Porto Alegre. Y nada más aterrizar, un nuevo mundo apareció ante sus ojos. De la Rumanía inflexible de Ceaucescu pasó al desahogo, embrujo y diversión brasileira. “Estuve un mes allí. Crucé el país de sur a norte, de Porto Alegre a Fortaleza, y fue una experiencia increíble. Puedes imaginar lo que yo sentí. Venía de un país socialista a un mundo cuya existencia sólo conocía por el mapa. Descubrí la esencia del fútbol brasileño: el fútbol, la samba, la playa y el sexo. Entendí por qué eso era suficiente para que ellos vivieran felices”, declaró el técnico en France Football.
Dos años después, la selección rumana volvió a Brasil para jugar un torneo en Maracaná. “Vivimos el carnaval, todo se paró, lo demás no importaba”, rememoró un Lucescu que fue nombrado el mejor jugador en ese campeonato. Pero el tesoro lo consiguió meses después, en el Mundial de México 70. Rumanía se enfrentó a Brasil y, tras caer 3-2, Lucescu se intercambió la camiseta con Pelé (había marcado dos goles). El técnico confiesa que la tiene en su casa, sin lavar.
Influencia.
Esta experiencia le hizo estudiar su idioma (habla siete), su mentalidad, su música. Y le influyó como jugador y entrenador. Aunque con matices. Siempre le gustó que sus equipos jugaran bien al fútbol, pero que la técnica estuviera al servicio de la táctica. Y eso le ha traído más de un encontronazo con sus jugadores. “El brasileño aplaude un dribbling, no la táctica. Y eso no es así. Tienen que aprender a sufrir”. Esa es la filosofía de Furbescu (apodo que se ganó en Italia y que proviene de furbo, que significa astuto). La que le llevó a ganar en 2009 la Europa League con el Shakhtar y 28 títulos más con los ucranianos, Dinamo de Bucarest, Brescia, Rapid de Bucarest, Besiktas y Galatasaray...