Adebayo Akinfenwa

“Mi entrenador personal me dice que debería comer aún más”

No es un jugador típico pero hay algo que hace que nos sintamos parte de su historia. Milita en el Wimbledon y asombra porque mueve 101 kilos en un cuerpo de 180 cms.

“Mi entrenador personal me dice que debería comer aún más”
Guillem Balagué
Actualizado a

—Bayo, ¿dónde empezó todo?

—Nací y me crié en Islington, un barrio de Londres...

—¿Fue un bebé crecidito?

—Qué va, eso es lo divertido. Hace poco hablé con mi padre. Éramos cuatro hermanos, tres chicos y una chica, y ninguno de nosotros un bebé más grande de lo habitual. Pero después nos hicimos grandes. Eso viene de mi abuelo; ni mi madre ni mi padre son grandotes. Hasta los cinco años, crecíamos con normalidad, y luego... puff! Mi hermano mayor nos gana y el pequeño tiene un tamaño parecido al mío. Cuando nos juntábamos parecíamos luchadores.

—Su primer equipo importante fue en Lituania, el FK Atlantas. Una elección extraña.

—De adolescente me ofrecieron una prueba en el Watford durante cuatro semanas. Acabó convirtiéndose en nueve meses de prueba. Cada dos por tres echaban al entrenador. Mi representante estaba casado con una lituana y, cuando lo del Watford no se materializó, surgió la posibilidad de hacer una prueba en el equipo de un amigo suyo. Después de tres días, me dieron un contrato de tres años. Pero pensé, “¡bah, paso!”. Fui en septiembre, casi a final de su temporada, para que otros clubs dijeran, “uy, lo perdemos, va a fichar por otro equipo”. Pero nadie llamó. Fue una de las decisiones más importantes de mi vida.

—Ha contado alguna vez que el racismo lo hizo todo muy complicado.

—Así fue. Tenía 18 años y contaba ya con una presencia física importante. En el primer partido de pretemporada, me cantan, “Zigger, zigger, zigger, mata al cabrón negro (nigger)”. Cada vez que lo pienso... “¿Qué quiere decir Zigger?”, le pregunté a un veterano. “Nada, es para que rimara”. Mil tíos cantando eso. Y la mitad eran aficionados nuestros. Llamé a mi hermano: “Me vuelvo a casa”. El tenía 21 años: mire, me soltó, no te voy a decir que te quedes donde no estás a gusto, pero vente a casa, y que ganen ellos. O... Quédate y que vean de lo que estás hecho. Y me dije, me vuelvo. A la mañana siguiente pensé, no hay ni un tío en este país que me pisotee. Y me quedé. Jugué la temporada entera, y hasta en un partido de competición europea. Y en la final de Copa, marqué el gol que nos dio el título. Ahí cambió todo: me presentaron al alcalde, abrí una tienda Adidas. A los 18 años pasé de un extremo a otro, y saqué la conclusión de que podía superar cualquier cosa.

—El día a día debía ser complicado.

—Hace doce años no había ni ipads, iphones, portátiles... Me gastaba mucho dinero en cafés internet charlando con mi familia. Cada vez que se me tuerce la vida, pienso que se me iba el sueldo en tarjetas de teléfono. Ahora puedo con todo.

—Messi sufrió al llegar a Barcelona. Cristiano, en Lisboa. Es el sino de muchos futbolistas.

—De casi todos. Todos tenemos nuestra pequeña biografía. Incluso esos monstruos. Todos tenemos nuestro sitio en el mundo. Juego en la Tercera de aquí, y estoy hablando con uno de los mejores diarios de Europa. Para mí, esos son logros que hay que celebrar.

—¿Hay racismo en Inglaterra?

—Quedó mayormente en el pasado. Nunca me he encontrado con una situación así en un campo de fútbol. Sé que algún compañero lo ha sufrido, pero yo no. En las redes sociales es otro asunto.

—¿Quiénes han sido las grandes influencias de su carrera?

—Mi familia, mi madre, mi padre, mis hermanos. Mi pareja, con la que llevo desde los 18 años. Vino conmigo a Lituania, al igual que mi hermano pequeño. No quería ni ir a un restaurante porque me insultaban. Fuimos los tres a una tienda y, te lo juro, se paró el mundo y nos miraron como bichos raros. Mi hermano tenía 14 años. Nunca jugué en la Premier. Cuando estaba a punto de alcanzar mi potencial, me rompí la pierna. Pero creo que las cosas pasan porque Dios quiere, por alguna razón. Hoy juego en League Two y soy el jugador más reconocido fuera de la Premier. Tengo 135.000 seguidores en Instagram. Estuve el año pasado en EE UU y ¡me paraban para echarse fotos conmigo!

—En el partido contra el Liverpool de Copa fue de nuevo el protagonista.

—En cada partido tardo 15 minutos en llegar al vestuario, firmando autógrafos y demás. Es increíble. Y desde ese encuentro, incluso más. De verdad que la cabeza me explota cada vez que lo pienso.

—Es usted aficionado del Liverpool. Y se llevó la camiseta de Steven Gerrard...

—Asusté a mis compañeros. Los adoro y haría todo por ellos. Pero les dije que si alguien se llevaba esa camiseta íbamos a tener un problema.

—¿Le gusta que le llamen La Bestia?

—Un tipo hizo una selección de jugadores ‘bestiales’ en YouTube, una semana me escogió a mí y la grabación tuvo dos millones de visionados. Me reí mucho cuando lo vi. Me gustó y ahora hasta tengo una marca de ropa con ese nombre (Beast Mode On). El apodo no lo empecé yo, como dicen algunos. Siempre se habla de mi tamaño, dentro y fuera de los terrenos de juego. Me dicen que soy demasiado gordo para jugar al fútbol. Durante mucho tiempo, pensé: prefiero hablar de mi juego, mis estadísticas, y éstas no mienten: sirvo para esto. Me molestaba porque llevo 12 años en esto. Pero ahora cuento con 160 goles que hablan por mí. De hecho, ya no me molesta que hablen de lo gordo que estoy. Yo también soy eso.

—¿Qué tipo de ropa tiene?

—Para los que quieren ser lo que desean ser. Me ha salido como un anuncio. La primera camiseta que diseñé decía, ¿Demasiado grande para jugar a fútbol, jejeje? Llevo doce años y sigo haciendo lo que la gente me dijo que no podía hacer.

—¿Disfruta el ejercicio físico, el gimnasio?

—Muchos creen que esto se forma en el gimnasio. Me gusta trabajar el cuerpo, pero si me quitas capas, verás que lo más poderoso que tengo es mi fortaleza para superar la adversidad.

—¿Se imagina en un futuro diseñando ropa o en el mundo del deporte?

—Nunca se sabe. Un par de amigos muy cercanos a mí acabaron en la cárcel, pero evité ese camino. He descubierto que a veces es necesario que te echen una mano para descubrir lo que quieres hacer, así que estoy montando una compañía que guiará a jóvenes que se sienten al margen. Hay muchos caminos abiertos, no me limitaré a lo más obvio.

—¿Su fe está muy presente en su vida?

—Muchísimo. Todo lo que hago es temporal, mi fe permanente. No soy un santo, todavía cometo errores. Cuando las cosas no salen, busco soluciones en la Biblia. Todo lo que soy es un tipo de 32 años del Este de Londres, pero que se rige por su fe. Dios cuida de mi, de mi pareja, de mis cuatro niños y del quinto que está en camino.

—¿Cómo es un día normal en la vida de Akinfenwa?

—Si jugamos un sábado, descansamos dos días y volvemos a entrenar de martes a viernes. Y después del entreno, los lunes me paso un par de horas en el gimnasio, levantando 100 kilos. Y si se apunta mi hermano, hasta que aguantemos, nos retamos. Suelo estar entre hora y hora y media diaria en el gimnasio haciendo otras cosas.

—¿De dónde saca la energía? ¿Debe comer en abundancia para ser capaz de llevar ese régimen de trabajo?

—Mi entrenador personal dice que debería comer más. Pero a mí me da que como lo suficiente. Me encanta comer pasta. Mi mujer es de familia caribeña y nigeriana, así que hay mucho arroz, patatas. Me encanta el pollo, pero en realidad sólo como lo que me sirve para tener energía, para no sentirme débil. No es, como ve, una dieta especial.

—¿Cuántas veces come al día?

—Tres veces. A veces cuatro: un snack antes de meterme en la cama. No solía gustarme tener la vida tan regulada, pero es necesario. Mi mayor comida es al mediodía, y una ensalada de frutas o algo ligero por la noche.

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—¿Cuál es su mejor virtud como futbolista?

—Sé guardar la pelota y voy bastante bien de cabeza. 90 goles míos han así.

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